20 de octubre de 2017

Midamos los resultados más allá de la balanza

Por Lic. Diana Mora Ramírez

Hoy quiero compartir con ustedes la historia de uno de mis pacientes más recientes. Es una persona que conozco de hace tiempo y sé que tiene bastantes años de tener problemas con su peso. Probó distintos métodos: desde pagar en un centro de adelgazamiento, hasta empezar a hacer muchísimo ejercicio o inventarse sus propias dietas quitando carbohidratos o reduciendo las calorías a como creía que era mejor.

En todos los casos obtuvo resultados, pero sólo por un tiempo. Por algún motivo terminaba abandonando siempre, y recuperaba el peso perdido. Y por si se lo preguntan: sí, a pesar de conocerme y saber que soy nutricionista, no fue hasta ahora que decidió que yo le ayudara.

Por situaciones de la vida llegó al punto en que dijo: "¡ya! Necesito hacer algo y solucionar definitivamente el problema de mi peso". Y entonces me pidió que le ayude a cambiar sus hábitos (es conciente de que tiene varios por mejorar) y que le ayude a comer bien para perder peso. Y así empezamos el proceso ya hace 3 semanas.

Y como dicen: empezamos por el principio. Me envió fotos de todo lo que come y toma en el día, así no se le iba a olvidar decírmelo. El primer paso era analizar lo que estaba haciendo actualmente y a partir de ahí comenzar a modificar primero los hábitos, antes de empezar a pensar en comer tantas porciones de ésto o de aquello.

Con ese registro fotográfico mi paciente pudo comprobar lo que les he comentado otras veces: sucede que subestimamos lo que comemos o no tomamos conciencia de ello hasta que alguien más nos hace verlo. Resultó que casi no comía frutas, los vegetales en realidad eran contados, tomaba muy poca agua (máximo 1 litro por día), comía muchos productos "de paquetito" (galletas con rellenitos, papas tostadas), se le estaba haciendo costumbre comer algún postre después del almuerzo (usualmente helados con toppings, o algo similar), en las noches acostumbraba comer frente al televisor, y curiosamente pasaba con ansiedad toda la noche, y por tanto comía cuanta cosa se encontraba. Y los fines de semana: no había horarios de comida, prácticamente no tomaba agua, comía todavía menos frutas y vegetales, y era costumbre comer comida chatarra.

Una vez indentificados todos esos hábitos que había que modificar, entonces yo comencé a darle "tareas". Empezamos con enfocarnos en hacer los cambios en los días entre semana, dejamos el fin de semana para después. 

En la primera semanas logramos que se acostumbrara a comer vegetales al menos en el almuerzo, logró empezar a tomar 2 litros de agua, cambió las galletas y snacks de las meriendas por fruta o alguna galleta más saludable, y empezó a controlar un poco la ansiedad de la noche.

En la segunda semana ya logró incluir vegetales en la cena también, empezó a acostumbrarse a comer en la mesa y no frente al televisor (lo que le ha ayudado todavía más a controlar la ansiedad) y empezó a destinar al menos unos minutos al día a hacer ejercicio.

En la última semana ya empezamos a trabajar los días del fin de semana. Como se acostumbró a tomar agua entre semana, ya el fin de semana se le hizo mucho más fácil cumplirlo. Comenzó a cumplir los tiempos de comida, y come más comida casera, y si debe comer fuera procura buscar una buena opción y controlar las cantidades que come. Lo otro importante que empezamos a trabajar esta semana fue la velocidad al comer. Acostumbra comer rápido, y eso no es lo más recomendable. Así que estamos tratando de que se concentre en comer más despacio.

Con todos esos cambios que hemos ido trabajando, sin pensar en calorías ni nada por el estilo, ya obtuvimos resultados: aunque su peso no varió, sí redujo ligeramente su porcentaje de grasa. Y además se siente mejor, la motivación está muy alta al ver las cosas que ha podido cambiar, y aunque a veces le dan "antojos" por algunas cosas poco saludables, ha tomado más conciencia y logra controlarse (no como antes, que cuando se le antojaba algo de inmediato lo buscaba).

Es muy importante mencionar que durante este periodo también he ido dándole un poco de educación nutricional, ya que considero que es importante que mis pacientes entiendan el por qué de las recomendaciones que les doy, no que hagan las cosas en automático solo porque yo digo. Si tienen la información completa es más fácil aprender a tomar decisiones saludables por su cuenta.

El siguiente paso será establecer un plan de alimentación indicándole porciones de cada grupo de alimentos, y trabajar en que haga más ejercicio. Pero esa parte de la historia se las contaré luego, para que conozcan los resultados que vamos obteniendo.

Lo importante con éste relato es que veamos todo lo que logró avanzar en sólo 3 semanas. Más allá de si perdió mucho o poco peso, dio pasos gigantes hacia un estilo de vida saludable. ¡Y todo eso son resultados del proceso! Pero a veces no lo valoramos por estar pensando en la balanza. 

El peso no es el único resultado que debemos buscar en un proceso de pérdida de peso. Sentirnos cada día mejor, disfrutar lo que se está haciendo y no estar deseando que acabe para volver a los viejos hábitos, y el hecho de ver que está haciendo cambios que le ayudan a ser saludable, son parte también de un proceso exitoso.

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