22 de diciembre de 2017

En Navidad y Año Nuevo podemos (y debemos) disfrutar

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En varias de las últimas publicaciones les he hablado de lo importante de cuidar la alimentación este mes, y en general mantener buenos hábitos, para cuidar nuestra salud y no ver muy afectado nuestro peso en éstos días. Y es un tema del que hemos venido escuchando y/o leyendo prácticamente todo este mes en diversos medios.

Hoy quiero plantearles otra parte importante de la alimentación durante ésta época: el disfrutar la comida. Los alimentos tienen la función de nutrirnos, pero también cumplen un papel social ya que nos reúnen. Nos unimos en familia o con amigos a comer, tal vez alguien prepara un queque navideño u otra comida como una forma de demostrar cariño, hay preparaciones que por ser tradicionales las asociamos quizás a momentos placenteros (de ahora o de años pasados)... La comida llega a tener un componente emocional que es importante también para nuestro bienestar.

Entonces, si bien es importante el tener cuidado con los excesos, el haber hecho ejercicio, el haber tomado más agua, entre otros consejos que tal vez hemos venido aplicando, llegadas las celebraciones propiamente de Navidad y Año Nuevo podemos darnos un poco más de libertad.

¿Por qué? Porque éstas dos fechas son por así decirlo las de mayor importancia en éste mes, y es merecido poder recordar esas fiestas como bonitos momentos, y no como el rato en que no pude comer ésto o aquello, o en que pasé contando calorías. 

Claramente la moderación sigue siendo clave, no estoy diciendo que vamos a comer por la libre y en cantidades como si fuera el último día en que existe la comida en el mundo. No. Pero podemos darnos permiso de "pecar". Puedo tomar un poco más de vino, puedo comerme el postre sin remordimientos, si había una preparación que me gustó mucho puedo repetir una porción pequeña, etc.

Podemos también tratar de hacer preparaciones más saludables, pero si hay alguna que por tradición siempre se ha hecho de una determinada forma (por ejemplo que así la hacía la abuela, o una situación similar), entonces ¡no la cambiemos! Disfrutémosla como siempre lo hemos hecho.

Dos festividades en que comamos un poco más no van a tener repercusiones importantes en nuestro peso. Ya es otra historia diferente si hay situaciones de salud de por medio, que sí requieran que se limiten el consumo de ciertas cosas.

Pero no nos estresemos tanto por cuánto comemos, no comamos con remordimiento, no nos privemos de esas comidas que son parte de una tradición familiar y de buenos recuerdos. Todo ésto es parte de tener una buena relación con la comida. Y eso es una parte fundamental de un estilo de vida saludable.

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