28 de enero de 2017

360 millones de latinoamericanos sufren sobrepeso

Tomado de: www.nacion.com

Un 58% de la población de América Latina sufre sobrepeso, debido principalmente a una mala nutrición que afecta en especial a mujeres y niños, indicó un informe conjunto de la FAO y la OMS.

Mientras 360 millones de latinoamericanos sufren sobrepeso, unos 140 millones (un 23% de la población) padece de obesidad, cifras alarmantes que expresan "una presencia preocupantemente alta en la región de ambas condiciones", indicó el informe Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y El Caribe.

El sobrepeso y la obesidad "se han duplicado en la última década y la tendencia es creciente principalmente en las mujeres y los más jóvenes", afirmó la doctora Paloma Cuchi, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Chile.

En el caso de los adultos, las mujeres padecen mayor obesidad en comparación con los hombres. En más de 20 países, la tasa de obesidad femenina es 10 puntos porcentuales mayor que la masculina, según el informe.

Esto se explica por el actual sedentarismo de las mujeres en la región, sumado al factor laboral que las priva de tiempo suficiente para elaborar comidas saludables, según explicaron especialistas de FAO y OMS.

Los países con mayores índices de sobrepeso son Bahamas (69%), México (64%) y Chile (63%).

En tanto, un 7,2% de los niños menores de 5 años (cerca de 4 millones) viven con sobrepeso, un punto más que el porcentaje mundial (6,2%).

Barbados (12,2%), Paraguay (11,7%) y Argentina (9,9%) son los países con los mayores índices de sobrepeso en menores, mientras que Haití tiene el nivel más bajo (3,6%).

"La prevención en los niños es a lo que los gobiernos de la región deben apuntar, porque es más fácil detener el sobrepeso en ellos a comparación de los adultos", afirmó a la AFP, Rubén Grajeda, especialista de OMS.

El informe destaca además que un 5,5% de la población de la región padece hambre, mientras que la desnutrición infantil llegó a 7,8%, lo que representa unos 6,1 millones de personas, en su mayoría pobres que viven en zonas rurales.

Cuatro de cada cien mujeres entre 40 y 50 años sufren un trastorno alimentario

Tomado de: www.nacion.com

La anorexia y bulimia no son exclusivas de la adolescencia, e incluso van más allá de la cuarta década de vida. Un estudio con 5.320 mujeres en Reino Unido reveló que el 3,6% de las mujeres entre 40 y 50 años en ese país batallan con este tipo de males.

Aunque no se tienen datos de una investigación similar en América Latina o en Costa Rica, sí dan una idea de que se trata de un problema común que debería atenderse también en la edad adulta.

La anorexia –dietas estrictas, ayunos y bajar de peso drásticamente–, el trastorno por atracón –ingerir grandes cantidades de comida en poco tiempo, de forma recurrente– y la bulimia –grandes comilonas para luego vomitar o purgarse– son los que más se presentan.

En esta investigación, el 15,3% de las mujeres dijo que luchó contra una de estas condiciones, pero lograron superarla. Sin embargo, solo el 30% de quienes tienen o han tenido un desorden de conducta alimentaria buscaron ayuda profesional (nutricionista, psicólogo o psiquiatra) para afrontarlo.

Esta es la primera vez que se realiza un estudio de este tipo en mujeres adultas y los investigadores se sorprendieron con los resultados, pues admiten que se esperaban un número por debajo del 2%. El análisis fue realizado por la Facultad de Psiquiatría del Instituto Monte Sinaí, de Nueva York, y por la Universidad de Londres. Los resultados aparecen en la más reciente edición de la revistaBMC Medicine.

"A estas edades vimos tanto desórdenes crónicos, de mujeres que lo arrastraban desde su adolescencia, como desórdenes nuevos, que aparecieron después de la cuarta década de vida. Muchas de las participantes nos dijeron que esta era la primera vez que hablaban de esto con alguien. Tenemos que entender por qué es que ellas no buscan ayuda", manifestó en un comunicado de prensa Nadia Micali, autora del estudio.

¿Cómo se hizo el estudio? 

Las participantes ya estaban enroladas en una investigación más grande en diversas zonas del Reino Unido que explora las características de todas las áreas de la salud.

Se reclutó a las adultas en esas edades y primero se les pasó un cuestionario sobre hábitos de alimentación, luego se les pesó, se les midió y se les hicieron exámenes de sangre para determinar sus nutrientes.

Posteriormente se realizaron entrevistas a profundidad con todas las participantes que dieron indicios de tener o haber presentado desórdenes alimentarios. Se hizo lo mismo con mujeres  sin trastornos de este tipo, para utilizarlas como control.

"Disparadores" del riesgo.

Los científicos encontraron factores que podrían potenciar el que una mujer tuviera desórdenes alimentarios en su vida adulta. Casi todos ellos están relacionados con lo vivido durante la niñez.

Por ejemplo, una de las preguntas consistía en presentarles a las participantes una escalera para que describieran cuan felices o infelices habían sido durante su infancia. Cada peldaño hacia la infelicidad subía un 10% el riesgo de anorexia.

Por otra parte, la sensibilidad hacia los problemas de otras personas subía un 19% las posibilidades de un trastorno por atracón.

Pero también se encontraron aspectos positivos: una buena relación madre-hija bajaba en un 20% el riesgo de bulimia.

"Anorexia, bulimia, atracones y desórdenes de purga se asociaron todos con infelicidad en la niñez. La separación o divorcio de los padres en la niñez también aumentaba el riesgo de bulimia, trastornos por atracón y anorexia. También la muerte de un ser muy cercano puede aumentar el riesgo de bulimia, aunque en menor grado. El abuso sexual durante la infancia sí incrementa la posibilidad de bulimia. El sentirse rechazado por otras personas, especialmente de su familia o de su misma edad, también elevó el riesgo de todos los desórdenes", apuntó Mirali.

En Costa Rica

Un reportaje realizado por La Nación en julio pasado evidenció que la anorexia y la bulimia mandan al hospital al menos a 15 mujeres mayores de 30 años, según datos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

La cifra parece pequeña, pero nutricionistas y psicólogos coinciden en que es mucho mayor, pues a los hospitales llegan solo los casos más graves. Otras pacientes acuden a centros privados. Por otro lado, muchas de quienes sufren estos males acuden a un centro hospitalario por otra causa y no son tratadas por su trastorno alimentario de fondo.

"Son edades con muchos cambios físicos. El metabolismo se hace más lento y es más fácil engordar y más difícil adelgazar. Y hay una lucha social: la mujer siente que tiene que verse delgada, bonita y joven para competir", destacó en aquel reportaje Marcela León, psicóloga especialista en trastornos de la conducta alimentaria.

Según la especialista, hay momentos más vulnerables, como un despido laboral, donde les toca competir en un mercado con mujeres jóvenes y delgadas. También podría darse a raíz de un divorcio o ruptura amorosa, pues se exigen estar "flacas" para conseguir nuevamente pareja.

"Esto casi no se ve en hombres; en esa época, las canas se vuelven un atractivo; en ellos, la edad es visto como algo de lo que pueden sacar partido", afirmó en aquel entonces León.

Señales de alerta

- Persona está descontenta con su figura y dice constantemente que está muy gorda.

- Tiene "listas negras" de alimentos, en donde usualmente están todos los carbohidratos, grasas y azúcares.

- Cambia de una dieta a otra.

- Hace ejercicio en exceso.

- Se aísla y evita actividades sociales en donde hay comida.

- Parte la comida en pedacitos muy pequeños y come lento.

- Usa ropa muy holgada.

¿Son saludables los fideos chinos instantáneos?

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

Dentro de los platos precocinados que hay en el supermercado, hoy en día están muy en auge los "fideos chinos". Vienen ya aderezados y solo se necesita añadirles agua caliente y cocerlos durante un corto periodo de tiempo para que estén listos para degustar. ¿Son una buena idea este tipo de productos? ¿Pueden, tal y como dice su publicidad, salvarnos en cinco minutos de caer en una cena poco saludable? Entonces, ¿ellos sí conforman una ingesta saludable? En este artículo se abordan estas cuestiones sobre los fideos chinos instantáneos y se propone una alternativa.

¿Qué llevan los fideos chinos?

En general, y con variaciones según la marca y el sabor elegido, estos productos se componen sobre todo (entre un 85% y 90%) de fideos elaborados con cereales refinados y alguna grasa de baja calidad (grasas vegetales refinadas o incluso grasas hidrogenadas) y saborizantes junto a más grasas insanas que ayudan a vehiculizar los sabores y convertirlos en productos muy palatables. Pueden llevar algún pequeño trozo de verdura u hortaliza deshidratada, pero en tan poca cantidad que resulta insignificante e irrelevante a nivel nutricional.

Llevan, además, ingentes cantidades de sal, también azúcar y otros potenciadores del sabor. Y es habitual que, aunque el envase tenga rotulada la palabra "pollo" o "gamba", no contenga ni rastro de estos alimentos. Es simplemente "sabor a", un saborizante artificial, o también que no lleven pollo pero si "grasa de pollo" o "extracto de pollo". No aparecen estos alimentos proteicos en las listas de ingredientes.

Respecto a la sal, vale la pena profundizar un poco más. Estos preparados llevan alrededor de 3 g por envase. Si recordamos que las recomendaciones hablan de no superar los 5 g de sal al día, solo con consumir una ración de fideos chinos instantáneos ya se estaría ingiriendo el 60% del máximo recomendado, una cantidad a todas luces excesiva.

El glutamato monosódico y el "síndrome del restaurante chino"

El glutamato monosódico (E601) es recurrente en este tipo de productos. También es habitual añadir el E635 (ribonucleótidos disódicos), que actúa de forma sinérgica con el glutamato potenciando su efecto y haciendo que el impacto en las papilas gustativas y los receptores cerebrales sea aún más potente y adictivo.

El E601 se relaciona con una serie de síntomas conocidos como el "síndrome del restaurante chino". Algunos de ellos son el dolor en el tórax, el ardor o entumecimiento en la boca, la sudoración y el enrojecimiento, aunque no está del todo claro que el potenciador del sabor sea el causante. Sí parece que tiene relación con la aparición del dolor de cabeza y la elevación de la tensión arterial.

De cualquier modo, es interesante saber que este compuesto no se encuentra solo en la comida oriental. Su presencia es habitual en todo tipo de snacks, precocinados y comida rápida en general.

¿Qué alternativa hay a estos productos?

Es muy fácil encontrar en los supermercados fideos chinos de arroz, de trigo, de soja... que son simplemente la pasta y no forman parte de un precocinado. Estos fideos son un tipo de preparado cuya cocción es muy rápida, de apenas 2-3 minutos, a diferencia de la pasta tradicional, que requiere entre 8 y 12 minutos de cocción.

Cocer estos fideos en casa, y añadirles una buena ración de verduras salteadas, setas, hojas verdes y unas tiras de pollo, gambas, tofu o huevo y un chorro de salsa de soja de buena calidad, es una alternativa más saludable y con un perfil nutricional mucho mejor. Se pueden tener en casa salsas preparadas congeladas o verdura cortada que solo se tenga que pasar rápido por un wok, agregar los fideos y disfrutar.

La diabetes gestacional es un factor de riesgo de la depresión postparto, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

La diabetes gestacional y un episodio anterior de depresión pueden aumentar el riesgo de depresión postparto de una madre primeriza, sugiere un nuevo estudio.

El análisis de datos de más de 700,000 mujeres en Suecia mostró que la diabetes gestacional (desarrollar diabetes durante el embarazo) por sí misma puede aumentar el riesgo de depresión postparto.

Pero ese riesgo aumentó incluso más si una mujer había sido diagnosticada antes con depresión.

"La mayoría de médicos piensan sobre estas dos condiciones como aisladas y muy distintas, pero ahora comprendemos que la diabetes gestacional y la depresión postparto se deben considerar juntas", planteó el autor líder del estudio, Michael Silverman, profesor asistente de psiquiatría en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

"Aunque tener diabetes aumenta el riesgo [de depresión postparto] en todas las mujeres, en las mujeres que han tenido un episodio anterior de depresión, tener diabetes durante el embarazo hace que sea un 70 por ciento más probable que desarrollen [depresión postparto]", dijo Silverman en un comunicado de prensa de la escuela.

Los investigadores señalaron que también identificaron otros factores de riesgo de la depresión postparto.

Entre las mujeres con antecedentes de depresión, la diabetes antes del embarazo y dar a luz de forma prematura a las 32 a 36 semanas (el parto a término completo es a las 39 a 40 semanas) aumentó el riesgo, dijeron los investigadores.

Además, entre las mujeres sin antecedentes de depresión, dar a luz a una edad temprana, tener un parto asistido por instrumentos o una cesárea, y dar a luz antes de las 32 semanas aumentaba el riesgo.

El estudio aparece en la edición en línea del 18 de enero de la revista Depression and Anxiety.

"El motivo de que un médico le pregunte si fuma es porque sabe que tiene 20 por ciento más probabilidades de desarrollar un cáncer si lo hace. Creemos que los obstetras y ginecólogos deben ahora hacer lo mismo con los antecedentes de depresión", planteó Silverman. "Con esta información, ahora podemos intervenir temprano, antes de que la madre dé a luz".

Tostadas quemadas pueden provocar cáncer

Tomado de: www.nacion.com

Advertencia incluye pan, papas y otras frituras. Acrilamida es el compuesto que se forma y es catalogado como peligroso.

La agencia alimentaria oficial británica inquietó este lunes a los que les gustan las tostadas o las papas fritas demasiado quemadas, al asegurar que pueden provocar cáncer.

En un aviso oficial, la Food Standards Agency (FSA, Agencia de normas alimentarias, por sus siglas en inglés) aseguró que la acrilamida que se forma en alimentos con alto contenido en almidón, como las patatas, el pan o las raíces vegetales, al cocinarlos a altas temperaturas (unos 120º) es potencialmente cancerígena.

Hidratos de carbono y aminoácidos reaccionan entre sí a altas temperaturas para formar un compuesto de color marrón, el tostado, que apasiona a mucha gente y que no es sino acrilamida.

La advertencia afecta a grandes representantes de la dieta británica, como el "fish and chips" -el pescado y papas fritas,- las tostadas del desayuno o el té, y el asado del domingo, acompañado con papas, zanahorias o chirivías.

"Las pruebas en el laboratorio mostraron que la acrilamida en la dieta causa cáncer a los animales. Aunque las pruebas en estudios en humanos sobre el impacto de la acrilamida en la dieta no son concluyentes, los científicos están de acuerdo que la acrilamida en la comida tiene el potencial de causar cáncer a los húmanos y sería prudente reducir la exposición a ella", aseguró la FSA en su aviso.

"Opten por el color dorado" al cocinar, en vez del negro tostado, recomendó la agencia británica, provocando reacciones que fueron del temor a la incredulidad, pasando por la burla.

"Lo que más me gusta es comer una tostada quemada y las partes más carbonizadas de las papas asadas. Fue un placer conocerles. Valió la pena", escribió en Twitter el humorista Richard K. Herring.

La advertencia británica no es la primera. Suecia ya lo advirtió en el 2002, y la Organización Mundial de la Salud o la Autoridad de Seguridad Alimentaria Europea afirman también que la acrilomida es potencialmente cancerígena.

21 de enero de 2017

Las mujeres que no practican ejercicio tienen más probabilidades de desarrollar cáncer de mama

Tomado de: www.elmundo.es

Las mujeres que no realizan ningún tipo de ejercicio físico tienen un 71% más de riesgo de desarrollar cáncer de mama que aquellas que sí lo practican, tal y como ha demostrado un estudio realizado por el Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama y cuyos resultados han sido publicados en la revista Gynecologic.

Aunque en diversas investigaciones ya se han constatado las beneficios que aporta la práctica regular de ejercicio físico para la salud, hasta ahora no se conocía el efecto preventivo real que tiene sobre la aparición de cáncer de mama en mujeres pre y postmenopáusicas. Además, este trabajo es el primero en tener en cuenta el estatus de este tipo de cáncer de mama (HER2) y en proporcionar información sobre el efecto del ejercicio en distintos subtipos tumorales.

Para llevarlo a cabo, los expertos, liderados por la investigadora del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III y miembro del Grupo de Trabajo de Tratamientos Preventivos Heredofamiliar y Epidemiología de GEICAM, Marina Pollán, analizaron a 1.017 pacientes recién diagnosticadas de entre 18 y 70 años de servicios de Oncología Médica de 23 hospitales de 9 comunidades autónomas.

Por cada una de estas mujeres, los investigadores analizaron a otra mujer sana de su misma edad, que viviera en su misma área y con la que no tuviese ningún vínculo familiar. A las que ya estaban diagnosticadas se les preguntó sobre la práctica de ejercicio físico que realizaban en su tiempo libre, cuántas veces a la semana y durante cuánto tiempo un año antes de recibir el diagnóstico.

De esta forma, calcularon las horas de gasto metabólico a la semana y, con el objetivo de saber si la actividad realizada cumplía con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de realizar 150 minutos semanales de actividad moderada, lo científicos elaboraron un nuevo indicador traduciendo la recomendación de caminar enérgicamente durante al menos 30 minutos cada día.

Tras dividir a las mujeres que cumplían esta recomendación, las que realizaban ejercicio físico pero no lograban cumplir este objetivo y las que tenían una vida totalmente sedentaria, descubrieron que estas últimas tenían un 71% más riesgo de desarrollar cáncer de mama. "Además, no hemos encontrado diferencias entre los subtipos tumorales, si bien si hemos detectado que el efecto protector es un poco mayor en las mujeres premenopáusicas", ha argumentado la doctora Pollán.

Del mismo modo, la investigación, que se ha realizado gracias a la financiación de la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), la Fundación Cerveza y Salud 2005, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el Ministerio de Economía y la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA), ha sugerido que los beneficios del ejercicio pueden ser mayores en mujeres sin hijos. 

Reduce el riesgo de recaídas en pacientes con cáncer de mama 

Por otra parte, los investigadores de GEICAM han hallado que el efecto protector de la actividad física, acorde con las recomendaciones internacionales, es mayor en mujeres con cáncer de mama HER2 positivo y en las que tienen receptores hormonales positivos que en las que padecen el tumor triple negativo.

En este punto, la miembro del Comité Científico de GEICAM, Ana Lluch, ha comentado una investigación realizada por el Dana-Farber Cancer Institute de Boston y presentada en el 39 San Antonio Breast Cancer Simposio (SABCS), celebrado recientemente en San Antonio (Estados Unidos), que muestra que realizar 180 minutos de actividad aeróbica a la semana o 40 minutos de entrenamiento intenso reduce el riesgo de recaída en mujeres con cáncer de mama de recién diagnóstico.

"Se trata de un estudio pequeño pero que ha puesto de manifiesto importantes conclusiones, ya que el 50%de las mujeres que participaron disminuyeron su riesgo de recaída cuando practicaron ejercicio físico", ha comentado Lluch, para comentar que esto podría ser el mismo beneficio que aporta el tratamiento adyuvante a la hora de reducir las recaías y alargar la supervivencia.

Finalmente, las expertas han informado de que GEICAM va a poner en marcha este año el 'Proyecto de Ejercicio Oncológico' con el triple objetivo de liderar la investigación sobre los beneficios del ejercicio en la evolución del cáncer, generar una red de especialistas en la materia y divulgar sus ventajas a pacientes, instituciones y población general.

La FDA ofrece una orientación sobre el consumo de pescado para niños y mujeres embarazadas

Tomado de: medlineplus.gov

Una nueva directriz del gobierno de EE. UU. califica el pescado en tres categorías para ayudar a las mujeres embarazadas, a las madres lactantes y a los padres de niños pequeños a elegir opciones saludables.

Los 62 tipos de pescado y marisco incluidos en la directriz se clasificaron de la siguiente manera: las mejores opciones (comer de dos a tres porciones por semana), buenas opciones (comer una porción por semana), y pescado que se debe evitar.

Casi un 90 por ciento del pescado consumido en Estados Unidos cae en la categoría de mejores opciones, según la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE. UU.

El 50 por ciento de las mujeres embarazadas comen menos de dos onzas (casi 57 gramos) de pescado a la semana, mucho menos que la cantidad recomendada, según la FDA. El pescado ofrece beneficios nutricionales que son importantes para el crecimiento y el desarrollo durante el embarazo y la niñez temprana, enfatizó la agencia.

La FDA y la EPA recomiendan de dos a tres porciones de pescado bajo en mercurio a la semana, o un total de 8 a 12 onzas (de 227 a 340 gramos). Doce onzas es el consumo máximo recomendado por semana, según las nuevas directrices.

Esas cantidades son coherentes con recomendaciones anteriores, y coherentes con las Directrices Dietéticas para los Estadounidenses de 2015-2020.

Entre el pescado y el marisco más bajo en mercurio, parte del grupo de mejores opciones, se incluyen las variedades que se consumen más comúnmente, como los camarones, el abadejo, el salmón, el atún ligero enlatado, la tilapia, el bagre y el bacalao.

La FDA y la EPA recomiendan solo una porción a la semana del pescado en la categoría de buena opción, que incluye al pez azul, el mero, el fletán, el azulejo del océano Atlántico, y el atún blanco (enlatado, fresco o congelado).

Una porción típica de pescado para los adultos es de 4 onzas (113 gramos) antes de la cocción. Los tamaños de las porciones de los niños deben ser más pequeños y ajustarse a su edad y necesidad total de calorías. Los niños deben comer una variedad de pescado una o dos veces por semana, según la directriz.

"El pescado es una fuente importante de proteína y otros nutrientes para los niños pequeños y las mujeres que están o que podrían quedar embarazadas, o que están lactando. Este consejo muestra claramente la gran diversidad del pescado en el mercado de EE. UU. que pueden consumir de forma segura", comentó el Dr. Stephen Ostroff, subcomisionado de Alimentos y Medicina Veterinaria de la FDA.

"Este nuevo consejo, claro y concreto, es una excelente herramienta para elegir opciones seguras y saludables al comprar pescado", dijo en un comunicado de prensa de la FDA.

Todo el pescado contiene al menos algo de mercurio, que puede dañar el cerebro y el sistema nervioso si se consume en cantidades altas a lo largo del tiempo. Los niños, las mujeres embarazadas o lactantes, y las mujeres en edad fértil deben evitar siete tipos de pescado con unos niveles más altos de mercurio: el azulejo del Golfo de México, el tiburón, el pez espada, el pez naranjo, el atún patudo, el marlín y la caballa real.

Las personas que pescan recreativamente y que se comen lo que pescan deben consultar los informes locales sobre el mercurio y otros contaminantes. Si no hay informes locales disponibles, coma solo una comida de pescado por semana. Limpie y elimine la grasa y la piel de los peces pescados localmente, según la directriz.

El uso de edulcorantes artificiales ha aumentado marcadamente entre los niños en los últimos años

Tomado de: medlineplus.gov

El uso de azúcar artificial de los niños y adultos estadounidenses se ha disparado en los últimos años, y esa noticia no es muy dulce, sugiere un nuevo estudio.

El consumo de alimentos y bebidas con edulcorantes bajos en calorías, como el aspartamo, la sucralosa y la sacarina, aumentó en un 200 por ciento en los niños entre 1999 y 2012; su uso aumentó en un 54 por ciento en los adultos, señalaron los investigadores.

"Apenas un 8.7 por ciento de los niños reportaron que consumían edulcorantes bajos en calorías en 1999, y 13 años más tarde esa cifra había aumentado el 25.1 por ciento", dijo la autora del estudio, Allison Sylvetsky, de la Universidad de George Washington en Washington, D.C.

Algunos tenían incluso apenas 2 años de edad, anotaron Sylvetsky y sus colaboradores.

"Los niños no eran los únicos con esta tendencia. Más adultos están consumiendo edulcorantes bajos en calorías en refrescos de dieta y en una variedad de artículos de comida y de refrigerios", señaló Sylvetsky, profesora asistente de ciencias del ejercicio y la nutrición, en un comunicado de prensa de la universidad.

El equipo de Sylvetsky utilizó datos de casi 17,000 hombres, mujeres y niños incluidos en la Encuesta nacional de evaluación de salud y nutrición de EE. UU. de 2009 a 2012. Compararon los hallazgos con los resultados de la encuesta de 1999-2008.

En 2012, más o menos 1 de cada 4 niños y más de un 41 por ciento de los adultos dijeron que usaban productos con edulcorantes bajos en calorías, encontraron los investigadores.

"Los hallazgos son importantes, sobre todo para los niños, porque algunos estudios sugieren un vínculo entre los edulcorantes bajos en calorías y la obesidad, la diabetes y otros problemas de salud", añadió Sylvetsky.

Algunos estudios han sugerido que consumir productos con edulcorantes bajos en calorías puede ayudar a perder peso, mientras que otros han mostrado que consumir esos productos podría conducir a un aumento de peso.

Esto podría deberse a que los alimentos intensamente dulces pueden provocar el deseo de consumir más de los mismos, o a que las personas que beben un refresco de dieta creen que han evitado suficientes calorías como para poder servirse una segunda vez, sugirió Sylvetsky.

Dijo que la mayoría de los padres y muchos expertos no creen que es una buena idea que los niños consuman muchos alimentos o bebidas con sustitutos del azúcar producidos químicamente.

Para la salud general, Sylvetsky sugirió una dieta con bastantes frutas y verduras, granos integrales y azúcares añadidos limitados.

"Beba agua en lugar de refrescos. Endulce una porción de yogurt simple con un poco de fruta", aconsejó Sylvetsky. "Y no olvide que una manzana u otra fruta fresca es un magnífico refrigerio para niños y adultos".

El estudio aparece en la edición del 10 de enero de la revista Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics.

Estrés y depresión dañan el corazón tanto como la obesidad

Tomado de: www.nacion.com

Diversos estudios ya han establecido que el estrés, la depresión y la ansiedad aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, como infartos y derrames cerebrales. Sin embargo, nunca se había dicho hasta qué punto ni cómo ocurría esta situación.

Ahora, dos estudios internacionales, publicados este último mes, equipararon estas emociones al daño que generan males como la obesidad o los niveles de colesterol alto.

Asimismo, los científicos lograron descubrir que todo sucede debido a la carga hormonal que se activa cuando los niveles de estrés, depresión o ansiedad son muy altos y constantes en el tiempo.

Como resultado, se da una inflamación de la amígdala (el “centro de control emocional del cerebro”), la aorta (arteria más importante) y la médula ósea (tejido esponjoso dentro de algunos huesos que es vital en la formación de glóbulos blancos o defensas).

Estos descubrimientos son vitales para comprender las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte en el mundo y en Costa Rica, donde estas encabezan la lista de mortalidad desde 1970.

Evidencia

El primer estudio fue desarrollado por la Universidad de Múnich en Alemania y el Centro Alemán para la Salud Ambiental y fue publicado en la revista Atherosclerosis .

Para analizar el vínculo entre depresión y estrés con los males cardíacos, los investigadores revisaron los datos de una investigación que tomó en cuenta a 3.428 personas entre los 45 y 74 años, dándoles seguimiento por diez años.


Los científicos compararon el impacto de la depresión y el estrés sobre los males cardíacos y las muertes por estas causas. La comparación se hizo con obesidad, nivel de colesterol, fumado e hipertensión.

El equipo vio que, aunque la hipertensión y el fumado son los mayores factores de riesgo para un mal cardíaco, la depresión o el estrés por sí solos (no necesariamente deben vivirse ambos trastornos) son los causantes del 15% de las muertes de males del corazón: la misma cifra que se ve para la obesidad y los niveles altos de colesterol.

“Nuestra recomendación es que a quienes ya tienen hipertensión, obesidad o que fuman mucho también se les revise su salud emocional, pues esto puede aumentar más su riesgo cardíaco”, indicó en un comunicado de prensa Karl-Heinz Ladwig, coordinador del estudio.

Inflamación en zonas clave

La otra investigación exploró qué le sucede al cuerpo cuando está bajo niveles constantes de estrés y cómo afecta al corazón.

Así, científicos de la Escuela de Medicina de Harvard y de el Hospital General de Massachusetts tomaron a 293 pacientes mayores de 25 años, les practicaron una resonancia magnética y los vigilaron por 3,7 años.

Ellos respondían cuestionarios sobre su nivel de tensión cada seis meses. Al cabo de este tiempo, 22 desarrollaron una enfermedad cardiovascular y ocho de ellos murieron.

Los científicos notaron que la gente con niveles muy altos de estrés, tenían inflamación en la aorta y médula ósea. Entre más crónico era el estrés, mayor era la inflamación en estas áreas. Los resultados se publicaron en la revista The Lancet .

¿A qué se debe? Los científicos presumen que, en períodos de estrés, la amígdala puede enviar a la médula espinal órdenes para que produzca mayor cantidad de glóbulos blancos, lo que podría causar mayor inflamación en la aorta. Esto, a su vez, dificultaría el paso de sangre, favoreciendo la posibilidad de infarto o derrame cerebral.

¿Qué hacer? Ambos estudios concuerdan en que la actividad física genera hormonas llamadas endorfinas que bajan los niveles de estrés y de depresión que dan sensación de bienestar. Además, esto también tendría un impacto positivo para regular la presión arterial, el peso y los niveles de colesterol.

“Es sumamente importante tratar al estrés crónico como un factor más de riesgo para enfermedades cardiovasculares, de la misma forma en la que lo hacemos con el fumado o hasta con los niveles de presión arterial”, concluyó Ahmed Tawakol, autor del reporte.

Dieta saludable y deporte: dos aliados para el bienestar psicológico

Por JUAN JUAN GONZÁLEZ-HERNÁNDEZ / CARMEN FRONTELA-SASETA, UNIVERSIDAD DE MURCIA / Tomado de: www.consumer.es

Fijarse en modelos deportivos al hacer ejercicio o alimentarse de manera adecuada ayuda a mejorar estos aspectos, aunque no hay que olvidar que los esfuerzos se hacen por uno mismo

Un deportista de alto rendimiento no podría alcanzar la exigencia de sus objetivos deportivos sin una gran intensidad en sus entrenamientos y sin una adecuada y razonable aportación nutricional. Lo contrario sería impensable. Las posibilidades de lograr algún éxito al realizar cualquier tipo de ejercicio físico continuado, o para rendir en el deporte, se reducen si no se acompañan de un coherente hábito nutricional, acorde y compensatorio a los esfuerzos que se efectúan. Esto se aplica también al resto de las personas, que crecemos a través de las experiencias y aprendizajes que obtenemos, como se ve en el siguiente artículo.

Cuando hacemos deporte o iniciamos una dieta, dedicamos un esfuerzo más o menos importante para obtener alguna mejora. Esto se convierte en una magnífica oportunidad para descubrirnos y fortalecernos a través de ese esfuerzo.

Todos conocemos la importancia de una correcta nutrición para mantener la salud en cualquier momento de la vida pero, al realizar ejercicio físico, esta se hace todavía más necesaria. La unión de ambos factores, alimentación y deporte, se traduce en bienestar psicológico si se lleva a cabo de modo adecuado y controlado. Cuando nos proponemos objetivos deportivos o nutricionales, nos imaginamos mucho más en el instante de alcanzarlos (por ejemplo, conseguir pesar 10 kilos menos o mejorar retos deportivos) que en cualquiera de esos momentos de esfuerzo necesarios para lograr esa meta, como reducir la ingesta de dulces y grasas saturadas o realizar más actividad física, entre otros.

En la medida que exista una forma de pensar con sentido común, sin prisas y dirigida hacia esos esfuerzos personales, encontraremos el bienestar psicológico que nos permita sentir que vale la pena lo que estamos haciendo. Sentir que hacer ejercicio físico y sus conductas asociadas (descanso y alimentación adecuada) nos aportan algo, construirá en nosotros actitudes hacia el esfuerzo, dándoles un valor y un refuerzo para continuar. De este modo, comenzar a hacer ejercicio físico o iniciar una dieta saludable son logros y avances personales que apoyan el bienestar que se puede llegar a alcanzar cuando dichas actitudes se convierten en algo habitual.

Desde edades tempranas, practicar ejercicio con coherencia y alcanzar el equilibrio nutricional son recursos adecuados para disfrutar y convertir la vida sana y activa en un hábito que perdure y que proporcione bienestar duradero, tanto físico como psicológico. Junto a otros elementos, como el concepto que tenemos de nosotros mismos, estos hábitos son fuente de autoestima, madurez personal y social, de afecto positivo, etc.

Responsabilidad y conciencia: fuentes psicológicas de una vida activa

Vivir obsesionados por las apariencias, hacer deporte o dieta siguiendo alguna moda, dejarse llevar por patrones y cánones de belleza o de aceptación social son fenómenos socioculturales que impactan de manera negativa en las personas. Estas pautas median, directa o indirectamente, en los procesos de maduración personal y llevan a valorar más y mejor los comportamientos ajenos que los propios o a desarrollar creencias o expectativas por encima de las propias posibilidades. Todo ello afecta a nuestro bienestar.

Al mismo tiempo, la responsabilidad en una adecuada nutrición para mantener un óptimo estado de salud se convierte en uno de los temas centrales en el desarrollo de una vida activa. Existen hábitos que "facilitan" la prevención de determinadas enfermedades. La práctica de ejercicio físico -acorde a las capacidades y deseos de quien lo realiza- como medida de tratamiento y recuperación saludable es una opción altamente deseable que debe ir siempre acompañada de una dieta equilibrada y variada.

La práctica de ejercicio debe ser responsable y tiene que estar orientada hacia las capacidades y deseos de quien lo hace. Esto implica aceptar los ritmos de mejora y trabajo en cuanto a la condición física. También lleva a valorar los avances de manera autorreferencial (sobre uno mismo), y no en comparación con otras personas que también realizan actividad física (cuyos ritmos serán mejores o peores). Hacer ejercicio junto a otros y fijarse en modelos (o ser modelos para otros) facilita su desarrollo y realización, pero nunca se debe olvidar que lo que hacemos lo hacemos por nosotros mismos. Lo mismo sucede con nuestra alimentación y el éxito en el seguimiento de una dieta saludable.

Al respecto, cabe tener presente la siguiente paradoja. Los padres y las madres "conocen" lo importante que es disfrutar de buena salud cuando piensan en sus hijos, protegiéndoles (que no educando) en cuando a responsabilidad saludable. Pero este conocimiento se va diluyendo conforme observan a sus hijos más fuertes y "mayores" (ya por la adolescencia). Curiosamente, es a partir de aquí cuando aumentan las conductas de riesgo, como hacer ejercicio físico inadecuado (o abandonarlo), seguir una dieta no equilibrada, consumo de alcohol u otras sustancias, peor descanso, etc. Todo ello se traduce en una evidente falta de responsabilidad con una vida activa y saludable.

Mejorar y adquirir conciencia o responsabilidad implica aceptar los ritmos de mejora y trabajo en cuanto a la condición física y vida activa. Valorar los avances de manera autorreferencial (sobre uno mismo) y no en comparación con otras personas (cuyos ritmos serán mejores o peores, y por supuesto diferentes), hacer ejercicio junto a otros y fijarse modelos adecuados (o ser modelos para otros) facilita su desarrollo y realización, sin olvidar nunca que lo que hacemos lo hacemos por nosotros mismos. Lo mismo pasa con nuestra alimentación y el éxito en el seguimiento de una dieta saludable: nosotros somos nuestros más importantes referentes, de los que más vamos a aprender y a los que más y mejor vamos a valorar.

14 de enero de 2017

¿Qué nos dicen los colores de las verduras?

Por ASEVEC / Tomado de: www.consumer.es

¿Alguna vez se ha preguntado por qué los tomates son rojos y el brócoli, por contra, verde? ¿O qué beneficios para la salud tienen los distintos colores de las verduras y frutas? Un equipo de investigadores de la División de Nutrición Humana de la Universidad de Wageningen (Países Bajos) sí que lo hizo. Para conocer estas cuestiones, realizaron un estudio sobre el color de las frutas y verduras y los beneficios que tienen cada uno de ellos para la salud. Y es que, como se expone a continuación, las distintas tonalidades de los vegetales se pueden considerar como una etiqueta nutricional, ya que ofrecen algunos detalles sobre los beneficios que aportan.

El color de las verduras se debe a la presencia de fitoquímicos, sustancias que se hallan en los alimentos de origen vegetal. Actúan como defensa natural en las plantas huéspedes, protegiéndolas de infecciones, de microbios, y otorgándoles el color, el aroma o el sabor. Los fitoquímicos no se consideran sustancias esenciales para el ser humano, ya que el metabolismo no los necesita, pero se ha demostrado que a largo plazo son clave para la salud. Ejercen un efecto protector del sistema cardiocirculatorio y ayudan a reducir el riesgo de cáncer, entre otras enfermedades.

A continuación se desvelan algunos detalles del estudio científico, en cuanto a los distintos colores que hay en este campo y qué beneficios conllevan para el organismo.

Vegetales verdes

Deben su color a la presencia de clorofila, aportan pocas calorías y tienen un gran valor alimentario por su riqueza en vitaminas y minerales como el magnesio. Son fuente de fibra, que es muy importante para la salud. Entre las verduras de este color se encuentran el brócoli, las acelgas, la lechuga, las espinacas, las coles de Bruselas, el apio, la rúcula, los guisantes o las judías. Son excelentes depurativos, gracias a los altos niveles de clorofila, lo que ayuda a mantener un buen estado de salud.

Verduras rojas

Los vegetales rojos son ricos en antocianinas y licopeno, compuestos antioxidantes que contribuyen a reducir el riesgo de padecer enfermedades de corazón, problemas de memoria o incluso cáncer. Además, contienen minerales como potasio y selenio, que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico y la memoria y aportan vitaminas A, B9 y C. Vegetales como el pimiento rojo, el tomate, los rabanitos o la remolacha son muy interesantes para la salud.

Verduras de color morado

La cebolla morada, las berenjenas, la remolacha (también aquí) y hasta la col morada o lombarda son algunos de los ejemplos que se hallan en este grupo. Su color indica la presencia de antioxidantes y fitoquímicos. También son alimentos muy ricos en anticianina y fenólicos que contribuyen a prevenir el cáncer, mantener activa la memoria y retardar el proceso de envejecimiento.

Verduras naranjas

Las verduras de color naranjas son fuente de vitamina A y vitamina B, que mejoran la función del sistema inmunológico. Además, cuentan con un conjunto de sustancias que ayudan a fortalecer la vista, aumentan las defensas del cuerpo y combaten alergias y enfermedades infeccionas. La zanahoria, la calabaza o los pimientos naranjas son algunos de los vegetales que se encuentran en este grupo.

Vegetales amarillos

Al igual que los vegetales anaranjados, su seña de identidad es la riqueza en vitamina A, vitamina B, potasio y ácido fólico. Además, son muy efectivos como antioxidantes, que contribuyen a producir glóbulos blancos, fortalecer los vasos sanguíneos o combatir infecciones. Algunas de las verduras que hay con este color son el pimiento amarillo, el maíz y alguna variedad de tomates.

Vegetales de color blanco

Los vegetales blancos, como la cebolla, el ajo, los espárragos, el puerro, la coliflor, el repollo o los nabos, tienen un alto contenido de potasio y magnesio. Aportan una gran cantidad de fibra y alicina, un excelente antioxidante que puede ayudar a reducir el riesgo de hipertensión, hipercolesterolemia y accidentes cardiovasculares.

Sean del color que sean, comer verduras a diario es fundamental para llevar una dieta saludable, por la gran cantidad de beneficios que aportan y porque mantienen al organismo vivo. Teniendo en cuenta la importancia de incluir este alimento en el día a día, las verduras congeladas, por su parte, son una excelente alternativa a las frescas. Gracias a su proceso de ultracongelación, no solo retienen las vitaminas, las fibras y los minerales, sino que, además, son casi igual de nutritivas que las recién recogidas de la tierra.

¿Depuración o pérdida de peso? Cómo sobreponerse a los excesos

Tomado de: www.elmundo.es

Toxinas y grasa no es lo mismo. Y aunque comer de manera saludable ayude a eliminar ambas cosas, son en realidad objetivos diferentes que requieren tomar, también, medidas distintas. En este sentido, la nutricionista de Mamá Campo, Vanessa Aguirre, asegura que mientras que las dietas 'detox' tienen como objetivo eliminar los radicales libres y toxinas del organismo, las de pérdida de peso no necesariamente persiguen ese fin. "El peso no tiene nada que ver con ello. De hecho, se puede estar en un peso adecuado y, sin embargo, tener a la vez un alto grado de toxicidad en el organismo. Y por otro lado, hay personas con sobrepeso que sí presentan un organismo realmente 'limpio'. Algo que ocurre con frecuencia en zonas rurales alejadas de la contaminación y de los alimentos procesados", asegura la experta.

Es más, Aguirre advierte de que muchas dietas de adelgazamiento no solo no favorecen la desintoxicación del organismo, sino que influyen negativamente en ella. "El mero hecho de restringir drásticamente el aporte calórico, ingiriendo, por ejemplo, solo zumos o alimentos ricos en proteínas, provoca en nuestro organismo un mecanismo compensatorio que genera un nivel muy alto de residuos tóxicos que pueden afectar incluso a nuestra función renal y hepática". Por eso, insiste en que el número que aparece en la báscula no es un indicativo fiable de nuestro estado de salud. "Al margen de las modas y estrategias publicitarias lo cierto es que desde hace ya miles de años nuestros antepasados hablaban de la necesidad de purificar el organismo. Es fácil encontrar culturas y religiones en las que incorporan pautas como el ayuno o la eliminación de ciertos alimentos durante algunos periodos de tiempo", añade la nutricionista.

Ahora bien, ¿necesitamos una depuración después de los excesos? Depende. Como explica Aguirre, habría que tener en cuenta cómo ha sido la alimentación durante el año. "Si ha sido sana y equilibrada no deberíamos preocuparnos en aplicar ningún tipo de dieta especial, ya que el propio organismo se encargará de recuperar su estado original paulatinamente. Sin embargo, si no es así, lo mejor es ponerse en manos de un profesional. No solo para perder los kilos de más, sino para que nos ayude a cambiar nuestros hábitos de forma generalizada", sostiene la experta. "Cuanto más restrictiva es una dieta, peores son los resultados a largo plazo", añade.

La salud es la mayor perjudicada. Ya sea durante los excesos, o con peligrosas purgas después de ellos, lo cierto es que, muchas veces, se olvida el objetivo final de la alimentación: mejorar la calidad de vida. Sobre esto, Aguirre recuerda que el metabolismo es un mecanismo complejo y en constante adaptación, por lo que una repentina restricción calórica ayudará a perder peso en un primer momento, pero no a largo plazo. 

"Nuestro metabolismo se adaptará a ese cambio, y en cuanto nos reincorporemos a nuestra dieta habitual, este tenderá a almacenar grasa, pensando que se encuentra en época de restricción de alimento, recuperaremos rápidamente lo perdido (el temido efecto "yo-yo")", argumenta la experta. De la misma manera, hay que entender que no solo importan las calorías, sino lo que aportan estas. Por eso, la nutricionista defiende que hay nutrientes esenciales que solo se pueden obtener a través de los alimentos y cuyo déficit se asocia con síntomas como dolor de cabeza o somnolencia. "La clave está en el equilibro y en no someter a nuestro cuerpo a periodos de excesos y carencias intermitentes de forma prolongada. Lo que sí resulta efectivo es compensar un exceso puntual haciendo la comida posterior más ligera", asegura. 

Y no, tampoco es necesario recurrir a productos 'detox' específicos. Según cuenta Aguirre, la naturaleza ofrece absolutamente todo lo que el organismo necesita para depurarse. El cuerpo es capaz de hacerlo por sí solo. Eso sí, hay que proporcionarle los ingredientes adecuados. En este caso, la experta recomienda aumentar el consumo de frutas y verduras que antioxidantes, así como una cantidad adecuada de fibra para expulsar las toxinas.

Cinco consejos para el 'detox' postvacacional

  • Más frutas y verduras. Un mínimo que solo un 11% de la población cumple, y que es esencial dentro de una dieta equilibrada. "Deberíamos tomar entre dos y tres frutas al día, y verdura en todas las comidas principales. Si es plato único, la mitad de nuestro plato deben ser hortalizas", asevera la experta.
  • Sin olvidar los granos integrales. Las legumbres, los cereales integrales y las semillas son fundamentales en la alimentación. "Aunque históricamente hayan sido considerados como 'calóricos', son grandes aliados para bajar peso por su gran concentración de nutrientes. Y, sobre todo, por su elevado contenido en fibra", sostiene Aguirre.
  • Evita los alimentos procesados. Culpables, junto al sedentarismo, del sobrepeso, los alimentos procesados esconden adictivos, azúcares y grasas de mala calidad que atentan gravemente contra la salud, y la línea.
  • No te acuestes con el estómago lleno. Las cenas pueden convertirse en el peor enemigo de una dieta saludable. Y es que a última hora del día se pueden echar por tierra todos los esfuerzos de la jornada. La pereza, la falta de tiempo o el estrés pueden provocar que nos excedamos con las cantidades en esta comida. Por eso, como dice la nutricionista, al ser previas al descanso, es mejor que sean ligeras y un par de horas antes de acostarse.
  • Cuida tu cuerpo con productos ecológicos. Otra manera de compensar los excesos es prestando atención a la calidad de los alimentos que ingerimos. "Los alimentos de producción ecológica no solo tienen mayor concentración de nutrientes, sino que además no tienen la carga tóxica de la producción convencional. Una forma de ayudar al hígado a hacer su labor es eligiendo alimentos libres de tóxicos", aconseja la experta.

La fruta, la lactancia materna y los bebés

Por CARLOS CASABONA / Tomado de: www.consumer.es

Dentro de todos los grupos de alimentos, las frutas, junto con las verduras, hortalizas, frutos secos y legumbres, suponen una categoría de elevado interés nutricional. En general, son bien aceptadas, pero cuando un bebé las rechaza se produce en sus cuidadores una inquietud que provoca multitud de visitas a los pediatras y otros sanitarios que atienden niños. Pero es un miedo injustificado. En el siguiente artículo se explica por qué no hay que hacer grandes cosas al respecto, ni preocuparse lo más mínimo por esta situación.

Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses

Lo primero que se debería saber, antes de entrar en materia, es que durante los primeros seis meses de vida el bebé solo necesita leche materna. Lo dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas Para la Infancia (UNICEF), la Academia Americana de Pediatría, la Asociación Española de Pediatría y la 'Guía de 0 a 3' de la Generalitat de Cataluña, entre otros organismos oficiales y reconocidos. Por lo tanto, ya está acotado el "problema" a un periodo menor.

"Solo" significa que no necesita nada más, es decir, que el niño se ha de alimentar con leche materna y solo leche materna; por eso se llama lactancia materna exclusiva. En estos seis primeros meses, el bebé no necesita agua (aunque sea verano, pues la leche materna ya la lleva incorporada), ni un poco de zumo (sea industrial o casero), ni papilla de "multicereales" muy clarita, ni infusiones, ni nada de nada; salvo que esté enfermo y entonces precise algo más que leche, por ejemplo, suero por vía oral por padecer una gastroenteritis con deshidratación leve o suero por vía endovenosa si la deshidratación es importante.

¿Por qué insistir en que antes de los seis meses los bebés no necesitan ni fruta ni verduras ni cereales ni nada que no sea leche? Porque hay muchos productos, como botes de fruta triturada o galletas o harinas azucaradas, que la industria califica como "infantiles" o "adaptados para tu bebé", en los que se puede leer en el envase que pueden darse ya con cuatro meses. En lugar de hacer caso a la publicidad del fabricante, es mejor atender a las guías de los organismos citados. Ni aun pasados los seis primeros meses son aconsejables las gamas de productos mencionadas. ¿Y por qué no es bueno dar alimentos o zumos antes de los seis meses? Porque, entre otras cuestiones, su sistema digestivo es aún inmaduro y sería contraproducente. Se ha comprobado que hay una mayor incidencia de problemas gástricos o intestinales, además de disminuir, de este modo, la cantidad de leche que debe tomar, con lo que ese adelanto provoca que una o varias tomas de pecho puedan ser eliminadas.

Algunos niños "sanotes" que suben bien de peso y de longitud pueden postergar uno o dos meses más el comienzo de la alimentación complementaria; es decir, que hasta los siete u ocho meses solo quieren pecho, y así lo hacen saber cerrando la boca o escupiendo todo lo que no sea su habitual y sabrosa leche materna.

Es evidente que si no es posible la lactancia materna por la causa que sea (hay muy pocas), se haría exactamente lo mismo con la leche adaptada, pero advirtiendo siempre que es una opción con ciertos riesgos, ya que los lactantes alimentados con fórmula tienen mayor incidencia de enfermedades y de problemas relacionados con errores en la formulación, tendencia a la sobredosificación, etc.

Pasados los seis meses, la lactancia materna (o la de fórmula en su defecto) sigue siendo la principal fuente de alimento. No hay que pensar que se cierra una etapa y se abre otra totalmente distinta, ni mucho menos. Así, se puede continuar con la lactancia materna a demanda, junto con otros alimentos, hasta los dos años o más, según el niño y la madre lo deseen. Es decir, a los 6-7 meses ha llegado el momento de comenzar a ofrecer alimentos saludables distintos a la leche, pero de manera complementaria, no sustitutiva. El dietista-nutricionista Julio Basulto lo cuenta, de manera gráfica y amena, en este artículo.

¡Mi bebé rechaza la fruta!

¿Y qué pasa si rechaza la fruta? ¿No es lo primero que hay que ofrecer, ahora que estamos de acuerdo en que no la necesita hasta los 6-7 meses? Pues no pasa nada. Porque da lo mismo empezar por la fruta, por las judías verdes, por las lentejas, por el arroz, por el pan, por la pasta, por el pollo, por el pescado o por la tortilla, aunque hasta ahora en la hojita que daban en el centro de salud estuviera escrito que cada mes había que "introducir" un grupo diferente de alimentos: primero la papilla de cereales, luego la fruta (también en papilla), al poco tiempo la verdura, etc. En la actualidad, esa hoja puede ir a la bolsa de reciclaje de papel. En su lugar, adoptaremos la citada 'Guía de 0 a 3 años'.

Si al bebé no le gusta la fruta, hay otras alternativas igual de interesantes, aunque si la familia come fruta con mucha frecuencia a la vista del niño, es probable que no tarde mucho tiempo en aceptarla. También es posible que no le agrade por haberla preparado "a la antigua", triturando varias frutas a la vez, de tal modo que no se puede reconocer por el color ni por el sabor ni por la textura ninguna de ellas. Si los adultos no comemos las frutas de esta manera, el pequeño tampoco tiene por qué hacerlo. Y no es recomendable añadir azúcar o una galletita o una cucharadita de cereales "de bebé" para que le guste, porque el precio es muy alto: se malacostumbra al niño al sabor dulce, lo que será una fuente inagotable de problemas futuros.

Por cierto, un dato curioso: hace unos 100 años, la fruta y la verdura no se recomendaba hasta los 3-4 años de vida. Esperar a los 6-7 meses, en vez de comenzar con cuatro, no es, en realidad, un "retraso" significativo, sino algo muy prudente y recomendable.

Un consejo interesante es ofrecer la fruta sin que esté mezclada y triturada con otras, procurando que esté en un estado de maduración adecuado. Si el bebé tiene ya la destreza suficiente, dejemos que sea él quien pueda comerla con sus manos siguiendo las recomendaciones actuales del sistema Baby Led Weaning o Alimentación Complementaria Dirigida por el Bebé, una propuesta que abordaremos con más detalle en el próximo artículo de alimentación infantil.

Hacer ejercicio solo los fines de semana también bajaría riesgo de muertes por cáncer y males cardíacos

Tomado de: www.nacion.com

Si usted es de las personas que solo tiene tiempo de ejercitarse durante los fines de semana, hay buenas noticias: eso es muchísimo mejor que quedarse sin hacer nada.

Aunque siempre será más beneficioso realizar 150 minutos de ejercicio durante tres o más días, hacerlo solo sábado o domingo, puede ser suficiente para bajar el riesgo de morir de cáncer o de enfermedades cardiovasculares.

Así concluye un estudio llamado Weekend Warriors ("Guerreros de fin de semana", título dado a quienes hacen toda su rutina de ejercicios semanal durante sábado y domingo o solo uno de estos dos días). La investigación fue llevada a cabo por la Universidad de Sidney (Australia) y fue publicada en la revistaJAMA Internal Medicine.

Los investigadores vieron que estos "guerreros" muchas veces, incluso, hacen más de 300 minutos de actividad física en estos dos días. Es decir, se esfuerzan más que quienes se ejercitan a lo largo de la semana.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar 30 minutos de actividad física moderada al día, o bien, 150 minutos semanales distribuidos en tres o más días diferentes. En el caso de ejercicio vigoroso, el consejo es de 75 minutos semanales.

"Saber que el riesgo de muerte por cáncer o males del corazón también es menor en quienes solo hacen ejercicio una o dos veces por semana es muy reconfortante para un grupo de la población, aún en quienes no llegan a los 150 minutos semanales recomendados por la OMS", comentó, en un comunicado de prensa, Emmanuel Stamatakis, autor principal del estudio.

"No obstante, para sacarle los resultados óptimos a la actividad física, siempre es recomendable llegar al tiempo recomendado e incluso hacer un poco más de ejercicio", agregó.

El estudio

La investigación tomó en cuenta a 63.591 individuos mayores de 20 años (45,9% hombres, 54,1% mujeres) a quienes se les dio seguimiento durante nueve años.

Se les dividió en cuatro grupos según su nivel de actividad física: inactivos (que no realizaban ningún tipo de actividad física), insuficientemente activos (que realizaban menos de 150 minutos de ejercicio moderado a la semana o menos de 75 minutos de ejercicio vigoroso), "guerreros de fin de semana" (quienes solo hacen ejercicio una o dos veces por semana, la mayoría de estos sí sobrepasaban los 150 minutos moderados o 75 vigorosos), y regularmente activos, (quienes realizan más de 150 minutos de actividad física moderada y o más de 75 minutos de actividad vigorosa cada semana, pero divididas en tres o más días semanales).

Durante los nueve años que duró el estudio hubo 8.802 muertes, de ellas, 2.780 fueron por enfermedades cardiovasculares, y 2.526 de cáncer.

Los científicos vieron que, si se comparaban con las personas del grupo inactivo, las muertes eran un 31% menores en quienes eran insuficientemente activos, un 30% menos en los guerreros de fin de semana y un 35% menores en los regularmente activos.

Cuando se analizaron las muertes por enfermedades del corazón se vio que, al compararlas con el grupo inactivo, el grupo insuficientemente activo tuvo una mortalidad de 37%, y tanto los guerreros de fin de semana como los regularmente activos tuvieron un 41% menos.

Finalmente, cuando se estudiaron las muertes por cáncer y se compararon con los inactivos, los insuficientemente activos registraron una mortalidad 14% menor, los guerreros de fin de semana un 18% menor y los regularmente activos un 21% menor.

"Si las personas sienten que mejor no hacen ejercicio porque no tienen tanto tiempo como el que se recomienda, nuestros resultados les dicen que mejor aprovechen ese tiempo, por pequeño que les parezca, pues los riesgos de morir por estas enfermedades siguen siendo menores que en quienes no hacen ejercicio del todo", concluyó Stamatakis.

Dietas para adelgazar: ¿cuáles seguir y cuáles evitar?

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

Muchas de las enfermedades más prevalentes en la sociedad podrían prevenirse y controlarse con cambios en el estilo de vida, es decir, con modificaciones en la dieta y la actividad física. Tal es el caso de la hipertensión, la diabetes, los niveles en exceso altos de colesterol y triglicéridos, el cáncer y la obesidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 39% de las personas adultas de más de 18 años de edad presenta sobrepeso y el 13%, obesidad. Perder peso es uno de los propósitos más recurrentes después de Navidades, en verano o en épocas de excesos alimentarios. Pero ¿cuáles son las estrategias recomendadas para bajar de peso? En este artículo se analiza lo que dicen los expertos respecto a este tema, qué tipo de dietas son las más efectivas y, en cambio, cuáles se deben evitar.

Las tasas de obesidad están aumentando en la mayoría de los países debido a la mayor disponibilidad alimentaria, a un incremento de la ingesta de alimentos de alto contenido calórico (ricos en grasas y azúcares) y a un descenso de la actividad física. La población es cada vez más sedentaria como consecuencia de la actividad laboral inactiva, los nuevos modos de transporte y la creciente urbanización.

Además, hoy en día prevalecen unos modelos estéticos que promueven estar delgado como forma de belleza y, a pesar de que existe gran concienciación social sobre los hábitos alimentarios correctos, no hay políticas ni suficiente formación para que la población pueda y consiga adoptar unas costumbres alimentarias y de estilo de vida adecuadas. ¿Qué estrategias son acertadas para adelgazar? ¿De cuáles hay que alejarse?

Paso 1. ¿Qué dicen los expertos?

En primer lugar, y antes de decidir qué tipo de dieta es la que se quiere seguir, es conveniente saber qué es lo que dicen los expertos respecto a las dietas y a la pérdida de peso. Como no se le preguntaría a un vecino sobre qué tipo de antibiótico es necesario para tratar una u otra infección, tampoco en estos casos se debería acudir a cualquiera, sino que se tendría que recurrir a los especialistas en dietética y nutrición para organizar de manera correcta la alimentación.

Antes de decidir qué dieta es la adecuada para cada persona, el dietista-nutricionista realizará una exhausta entrevista para conocer los antecedentes patológicos, los parámetros antropométricos (peso, talla, índice de masa corporal o IMC, peso habitual, etc.) y los hábitos alimentarios de la persona. Es a partir de esta valoración individual cuando puede optimizarse el tratamiento dietético.

Los expertos recomiendan que el tratamiento dietético se base en la restricción calórica moderada (de 500 a 1.000 calorías diarias menos respecto a la dieta habitual), evitando planteamientos más restrictivos (esto es, aportes calóricos por debajo de 1.000-1.200 kcal/día en mujeres y 1.200-1.600 kcal/día en hombres). También señalan que se debe controlar, sobre todo, la ingesta de grasas e hidratos de carbono.

Además, para conseguir un óptimo control de peso, el tratamiento dietético debe evitar las siguientes situaciones:
  • Causar situaciones de desnutrición o déficit de diferentes nutrientes, como vitaminas o minerales.
  • Empeorar el riesgo cardiovascular de los pacientes.
  • Aumentar el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria, tales como anorexia nerviosa o bulimia.
  • Transmitir conceptos erróneos sobre la obesidad y su tratamiento.
  • Promover el sentimiento de frustración, afectando de forma negativa al estado psicológico de la persona obesa.
  • Inducir cambios en el metabolismo energético que produzcan estados de "resistencia" a la pérdida de peso con la realización de dietas sucesivas.
En cambio, sí se deberían conseguir estos objetivos:
  • Disminuir la grasa corporal preservando al máximo la masa muscular.
  • Ser realizable durante un tiempo prolongado.
  • Ser eficaz a largo plazo para mantener el peso perdido.
  • Prevenir futuras ganancias de peso.
  • Conllevar una función de educación alimentaria que destierre errores y hábitos alimentarios inadecuados.
  • Disminuir los factores de riesgo asociados a la obesidad (hipertensión arterial, hipercolesterolemia o hipertrigliceridémia, diabetes, etc.).
  • Mejorar otros problemas vinculados al exceso de peso (apnea del sueño, artrosis, riesgo de cáncer, etc.).
  • Inducir a una mejoría psicosomática con recuperación de la autoestima.
  • Aumentar la capacidad funcional y la calidad de vida.

Paso 2. ¿Qué dietas se deben evitar?

Dieta Dukan. El francés Pierre Dukan ha sido su máximo promotor. Ha sido una de las dietas más nombradas en los medios de comunicación y utilizadas por famosos de todo el mundo. Se trata de una dieta estructurada en diferentes fases que promueve, sobre todo, el consumo de proteína de origen animal (carne, pescado, huevos y lácteos) para conseguir la pérdida de peso.
Después del auge que tuvo hace pocos años, su visibilidad disminuyó de forma considerable cuando su artífice fue expulsado del Colegio de Médicos de su país. La dieta Dukan se basa en normas alimentarias arbitrarias, definidas por el señor Dukan y sin ninguna base o rigor científico. Además, cumple todas las características de las denominadas "dietas milagro" y puede acarrear problemas de salud graves.

Dieta Atkins. Este régimen dietético muy conocido promueve la ingesta de alimentos ricos en grasas y proteínas y la disminución del consumo de alimentos ricos en carbohidratos, como la pasta, el pan, la patata, el arroz, las legumbres, etc.
No existen trabajos a largo plazo en los que se haya podido estudiar los posibles efectos adversos asociados a este tipo de dieta. Pero ninguna sociedad científica la recomienda, puesto que puede aumentar el riesgo cardiovascular del individuo que se somete a la dieta, causar estreñimiento y cetogénesis, además de que promueve conceptos erróneos sobre dieta equilibrada.

Dieta de la piña, la alcachofa o el jarabe de arce (dietas basadas en un alimento). En estas dietas completamente desequilibradas se compromete el aporte de nutrientes necesario para un óptimo estado de salud. Son dietas deficitarias en proteínas, fibra, vitaminas y minerales y sus consecuencias físicas pueden ser graves, si se alargan en el tiempo (por lo general se fomentan para utilizarse un número de días limitados, de manera que los riesgos nutricionales asociados se minimizan).
Estas dietas no promueven una variación en el estilo de vida de los individuos, de modo que los cambios ponderales conseguidos, además de no favorecer una pérdida de masa grasa, sino sobre todo de agua y masa muscular, provocarán una rápida recuperación ponderal en cuanto la dieta sea abandonada (el conocido "efecto yo-yo").

Dietas depurativas. Bajo el falso concepto de "depurar" o desintoxicar el organismo, este tipo de dietas promueve reducir la ingesta de alimentos e incorporar, por otro lado, sustancias a las que se les atribuye la capacidad de ayudar en este concepto de desintoxicación. Según cuál sea el "agente desintoxicante" utilizado, este tipo de dietas puede suponer un riesgo importante para la salud. Pero, además, no existe base científica alguna que haga pensar que el cuerpo necesita ser "desintoxicado" de alimentación. Si se quiere promover un estado de salud óptimo, sería más conveniente "desintoxicarse" de todos los alimentos ricos en grasas y azúcares que en realidad son nocivos para el organismo, y no solo durante una época, sino de manera prolongada.

Paso 3. Entonces, ¿qué dieta hacer?

No lo dude: póngase en manos de un dietista-nutricionista antes de someterse a cualquier tipo de terapia dietética. Recuerde que una dieta equilibrada, que potencie la pérdida ponderal y asegure a la vez un óptimo estado de salud, debe basarse, según todas las sociedades médicas y de nutrición, en el consumo de verduras, hortalizas, cereales integrales y alimentos de origen vegetal. Un especialista debe realizar una valoración intensiva individual para escoger la terapia dietética más adecuada en cada caso, pero siempre bajo los conceptos de seguridad y base científica.

La pérdida de peso podría aliviar los síntomas de la psoriasis, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

¿Perder peso podría ayudar contra la psoriasis?

Unos investigadores daneses afirman que las personas obesas con dicha afección de la piel que pierden entre un 10 y un 15 por ciento de su peso podrían experimentar una mejora significativa y duradera en sus síntomas.

Los participantes del estudio perdieron un promedio de 33 libras (15 kg) a lo largo de 16 semanas. Un año más tarde, los que todavía tenían unas 22 libras (10 kg) menos del peso de inicio del estudio mantuvieron sus mejoras en los síntomas de psoriasis y en la calidad de vida, indicaron los autores del estudio.

"La psoriasis es más que una afección de la piel", dijo la Dra. Doris Day, dermatóloga en el Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York. El peso excesivo puede provocar un estrés al corazón y a otros órganos, y ese estrés puede desencadenar la psoriasis, dijo.

"Sabemos que el peso y la psoriasis, tanto juntos como de forma independiente, aumentan el riesgo de hipertensión y de enfermedad cardiaca y diabetes. La psoriasis es una afección inflamatoria (no solamente un afección de la piel) y puede afectar a cualquier órgano", añadió Day.

Los alimentos que hacen que se gane peso también pueden ser inflamatorios, y dado que el estrés puede hacer que las personas coman más, eso puede desencadenar la psoriasis. Cuando se tiene un peso excesivo, también se ejerce más estrés en los órganos principales, lo que también puede provocar una cascada de efectos que lleven a los síntomas de psoriasis, explicó Day.

El informe aparece en una edición reciente de la revista American Journal of Clinical Nutrition.

La psoriasis es una enfermedad crónica que se caracteriza por la aparición de unas manchas rojas y escamosas que causan picor en la piel. La gravedad de la afección varía de una persona a otra.

La investigadora principal del estudio, la Dra. Lone Skov, dijo que "la psoriasis se asocia con la obesidad, pero también con la diabetes tipo 2 y con la enfermedad cardiovascular". Skov trabaja en el departamento de dermatología y alergia del Hospital Gentofte de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca.

Day explicó que la psoriasis es una enfermedad genética. "No se puede controlar la genética que uno tiene, pero se pueden controlar otras cosas, como la dieta, el peso y el nivel de actividad", señaló.

"Sabemos que si se afecta a la salud general, se tiene un impacto positivo en la psoriasis", añadió Day.

Day afirmó que observa los beneficios de la pérdida de peso en su propia práctica. "Cuando ayudo a los pacientes a controlar la psoriasis, pierden peso porque se sienten mejor con ellos mismos y quieren cuidarse mejor. De verdad es bastante potente", indicó.

El nuevo estudio es una continuación de un ensayo en que los pacientes obesos con psoriasis se asignaron aleatoriamente a una dieta para perder peso.

56 pacientes participaron en un programa para perder de peso de 64 semanas. Skov y sus colaboradores hicieron un seguimiento a los pacientes durante 48 semanas más con una dieta de mantenimiento del peso. Se evaluó a los pacientes con el Índice de Severidad y Área de la Psoriasis y el Índice de Calidad de Vida en Dermatología.

El peso promedio al inicio del estudio era de unas 235 libras (106.5 kg). Entre los 32 pacientes que completaron el estudio, la pérdida de peso promedio durante las primeras 16 semanas fue de 33 libras (15 kg). Mejoraron las puntuaciones en ambas pruebas de los síntomas, mostraron los hallazgos.

Después de 46 semanas, la pérdida de peso promedio era de unas 22 libras (10 kg). La mejora en las puntuaciones de las pruebas se mantuvo, encontraron los investigadores.

"Los médicos deberían hablar con los pacientes con psoriasis sobre la asociación entre la obesidad y la psoriasis, y, en el caso de los pacientes obesos, aconsejar que pierdan peso", planteó Skov.

7 de enero de 2017

Más señales de que la dieta mediterránea puede ser beneficiosa para el cerebro

Tomado de: medlineplus.gov

La dieta mediterránea, saludable para el corazón, también podría ayudar a preservar la salud cerebral de las personas mayores, sugiere una nueva investigación.

Unos investigadores de Escocia examinaron el volumen cerebral de cientos de personas mayores a lo largo de tres años. Los investigadores encontraron que las personas que siguieron más de cerca los hábitos alimentarios habituales de los países mediterráneos (mucha fruta, verdura, aceite de oliva y frijoles) mantuvieron un volumen cerebral mayor que las que no.

"La investigación está acumulando datos que muestran los efectos positivos de la dieta mediterránea contra el deterioro cognitivo [mental], la demencia y el Alzheimer", dijo la líder del estudio, Michelle Luciano.

El nuevo estudio sugiere que el posible mecanismo está en la preservación del volumen cerebral, señaló Luciano, de la Universidad de Edimburgo.

La dieta mediterránea es un estilo de alimentación que hace hincapié en las frutas, las verduras, el aceite de oliva en lugar de la mantequilla, los frijoles y los granos de cereales, como el trigo y el arroz. Se incluyen cantidades moderadas de pescado, productos lácteos y vino, y se limita la carne roja y la de ave.

Los expertos saben que con la edad, el cerebro se encoge y se pierden células cerebrales. Esto puede afectar al aprendizaje y a la memoria, dijo Luciano.

"En nuestro estudio, la edad fue lo que tuvo el mayor efecto sobre la pérdida de volumen cerebral", indicó Luciano. Pero "el efecto de la dieta mediterránea fue la mitad de pérdida de volumen que la debida al envejecimiento normal", dijo. Este hallazgo le parece impresionante.

Luciano dijo que no encontró ninguna asociación entre la ingesta de pescado o carne con la preservación del volumen cerebral. Eso sugiere que quizá sean otros componentes o la dieta mediterránea en general lo que proporciona el beneficio.

La combinación de alimentos podría servir de protección contra factores como la inflamación y la enfermedad vascular, que pueden hacer que se encoja el cerebro, añadió.

Heather Snyder, directora de operaciones médicas y científicas de la Asociación del Alzheimer (Alzheimer's Association), dijo que el nuevo estudio "confirma lo que ya habíamos visto antes". Snyder no participó en la investigación.

"Este trabajo realmente se suma a los datos existentes", dijo.

Pero "se trata de asociaciones, así que no podemos afirmar que A sea la causa de B", añadió Snyder.

Además, los autores del estudio reconocen que se necesitan estudios de mayor tamaño para confirmar el vínculo.

Para realizar el estudio, el grupo de Luciano recogió información dietética de casi 1,000 escoceses, con una edad de unos 70 años y sin demencia. Más de la mitad se sometieron a un escáner cerebral a los 73 años. Los escáneres midieron el volumen total, la materia gris y el grosor de la corteza, la capa más externa del cerebro.

Tres años después, 401 participantes del estudio regresaron para hacer otra medición.

Incluso después de tener en cuenta otros factores que podrían afectar al volumen cerebral (como el nivel educativo, la diabetes, la hipertensión o la edad), unas mejores mediciones cerebrales se asociaron con una alimentación al estilo mediterráneo, indicaron los autores el estudio.

El estudio aparece en línea en la edición del 4 de enero de la revista Neurology.

Entre las fortalezas del estudio, dijo Snyder, está el hecho de que los participantes se parecían bastante en que todos residían en Escocia. Eso significa que probablemente haya una variación menor en los factores que podrían afectar a la salud cerebral, como el acceso a la atención médica, indicó.

Esta investigación, junto con otros estudios, sugiere que la dieta general afecta al pensamiento y a la salud cerebral, añadió Snyder.

La Asociación del Alzheimer recomienda que se siga la dieta mediterránea o la DASH (por las siglas en inglés de método dietético para detener la hipertensión), creada por los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. El razonamiento de la asociación es que lo que es bueno para el corazón también es bueno para el cerebro.

Además de una dieta saludable, las evidencias sugieren que la actividad física regular, el aprendizaje durante toda la vida y gestionar los factores de riesgo de los problemas cardiacos (como la diabetes y la hipertensión) podrían también reducir el riesgo de deterioro mental, dijo Snyder.

8 hábitos saludables que deberá adquirir a los 20 años

Tomado de: www.elmundo.es

Cuando se despertó esta mañana, ¿qué es lo primero que hizo? ¿Mirar su correo electrónico, darse una ducha o comerse un donut? Y para comer, ¿ensalada o hamburguesa? Cuando llegó a casa tras el trabajo, ¿se calzó las zapatillas de running o se sentó a cenar frente al televisor? La mayoría de elecciones del día a día parecen fruto de decisiones tomadas a conciencia, pero no lo son. Se trata de hábitos adquiridos. Y aunque cada una de estas actuaciones significan muy poco por sí solas, sumadas tienen un enorme impacto en su futuro. Esto es todavía más cierto en la veintena, cuando estos hábitos aún se están formando.

Los patrones que elija a esta edad repercutirán en su salud, productividad, seguridad financiera y felicidad el resto de su vida. Así lo aseguran los expertos. Mientras que la mayoría de los jóvenes no se preocupan mucho por estas cuestiones, los estudios publicados al respecto demuestran que las decisiones de estilo de vida que tomamos a los 20 tienen un efecto dramático con la edad. Una investigación de la Universidad Northwestern, de hecho, puso de manifiesto que los buenos hábitos en esta década están directamente asociados con un menor riesgo de enfermedad cardíaca en la mediana edad. Ese estudio ejemplificó que la mayoría de las personas que adoptaron cuatro hábitos saludables a los 20 (consumo moderado de alcohol, no fumar, una dieta saludable y actividad física regular) se mantuvieron sanas a los 50.

Según datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, una cantidad desproporcionada del peso que ganamos en la vida se acumula a nuestros 20 años. Sin embargo, los jóvenes a menudo pasan muchas horas en el trabajo, por lo que para ellos es más difícil hacer ejercicio y comer bien. Se enfrentan a la presión por un buen futuro laboral, los desafíos románticos, los problemas de dinero y el estrés familiar. ¿Quién tiene tiempo para pensar en la salud a largo plazo?

Para facilitar la tarea, un grupo de expertos proponen ocho hábitos recogidos por el New York Times de los que ZEN quiere hacerse eco, obviando no fumar o el consumo de drogas ilegales, pues se sobreentiende que no ayudarán en el camino hacia una mejor salud. Tome nota, su futuro le recompensará.

1. Pésese a menudo.Susan Roberts, profesora de nutrición en la Universidad de Tufts. "Compre una báscula de baño o use una en el gimnasio y pésese con regularidad. Si mantiene su peso a raya es más fácil bajar un par de kilos que perder 20".

2. Aprenda a cocinar.Barbara J. Rolls, profesora de Ciencias Nutricionales. "Aprender a cocinar le ahorrará dinero y le ayudará a comer sano. Aumente la ingesta de verduras y frutas y otros ingredientes ricos en nutrientes. A medida que experimente con nuevas técnicas de cocción, reducirá las grasas no saludables, azúcar y sal, así como el exceso de calorías que se encuentran en muchos alimentos preparados. Su objetivo debe ser desarrollar un patrón de alimentación nutritiva y sostenible que le ayudará no sólo a estar bien, sino también a controlar su peso".

3. Reduzca el azúcar. Steven E. Nissen, presidente de medicina cardiovascular en la Cleveland Clinic Foundation. "Sugiero que los jóvenes traten de evitar el exceso de azúcar eliminando las fuentes más comunes de consumo: 1) refrescos azucarados 2) cereales de desayuno con azúcar añadido y 3) la adición de azúcar de mesa a los alimentos. La ingesta excesiva de azúcar se ha relacionado con la obesidad y la diabetes, que contribuyen a las enfermedades del corazón. El azúcar representa "calorías vacías" con ninguno de los nutrientes importantes necesarios en una dieta equilibrada".

4. Lleve una vida activa. Walter Willett, presidente del departamento de nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard. "Muchas personas no pueden encontrar tiempo para una rutina de ejercicios programados, pero eso no significa que no puedan estar activos. Realice actividad física en su vida diaria. Dedique 20 ó 30 minutos a la actividad física cada día, incluyendo andar en bicicleta o caminar rápidamente a trabajar".

5. Aumente la ingesta de verduras.Marion Nestle, profesora de nutrición, estudios de alimentos y salud pública en la Universidad de Nueva York. "La ciencia de la nutrición es complicada y debatida sin fin, pero los fundamentos están bien establecidos: coma muchos alimentos vegetales y manténgase activo".

6. Controle las raciones.Lisa R. Young, profesora adjunta de nutrición en la Universidad de Nueva York. "Mi consejo sería no prohibir grupos de alimentos enteros, sino practicar el control de raciones, que no significa que tengan que ser pequeñas y de todos los alimentos, sino todo lo contrario. Está bien comer raciones más grandes de alimentos saludables, como verduras y frutas. Nadie engordó a base de comer zanahorias o plátanos. Tome raciones más pequeñas de alimentos no saludables, como dulces, alcohol y alimentos procesados. Cuando coma fuera, deje que su mano sea su guía. Una ración de proteína, como pollo o pescado, debe ser del tamaño de la palma de su mano".

7. Adopte una rutina de ejercicios tras el fútbol.Barry Popkin, profesor de nutrición en la Universidad de Carolina del Norte. "Asegúrese de quemar esas calorías de más que ingiere de viernes a domingo. Según un estudio, los adultos jóvenes consumen alrededor de 115 calorías más que en otros días, principalmente de grasa y alcohol".

8. Encuentre un trabajo que le guste.Hui Zheng, profesor asociado de sociología, salud de la población, Ohio State University. "La investigación de la Universidad Estatal de Ohio reveló que la vida laboral en sus 20 años puede afectar a su salud mental de mediana edad. Las personas que son menos felices en sus trabajos son más propensas a la depresión, el estrés y a tener problemas de sueño. Si sólo pudiera dar un consejo de salud para los jóvenes de 20 años, sugeriría encontrar un trabajo que les apasione. Esta pasión puede mantenerles motivados, ayudarles a encontrar sentido en la vida y aumentar las expectativas sobre su futuro. Eso a su vez les hará más comprometidos en la vida y adquirirán comportamientos más saludables, que tendrán beneficios a largo plazo para su bienestar".