25 de marzo de 2017

Los múltiples timos de la alimentación para deportistas


La publicidad de suplementos deportivos, las revistas especializadas y el clásico entorno de los gimnasios nos ha hecho creer que el deportista, ya sea amateur o profesional, ha de comer diferente que el resto de la humanidad. A pesar de lo extendido de esta idea lo cierto es que, en esencia, se trata de un grandísimo error. Sin ir más lejos el American College of Sports Medicine defiende junto con las asociaciones americana y canadiense de dietética en un documento de posicionamiento que “la alimentación de los deportistas no debe ser sustancialmente diferente de aquella recomendada para la población general”.

Pero la realidad es la que es, y sabemos lo tentador que puede llegar a ser en un momento dado el conocido como efecto Popeye. Efecto que propone hacer caso a mensajes con ninguna o muy poca evidencia, en los que se nos propone comer de una forma especial –con la adición de alimentos concretos (en el caso de Popeye eran las archiconocidas espinacas) o con la inclusión de suplementos maravillosos–, para obtener un rendimiento casi milagroso: más fuerza, más volumen, más velocidad, más resistencia, mejor recuperación, menos lesiones, etcétera.

En este artículo no se pretende dar consejo personalizado a todos aquellos deportistas de diversas disciplinas deportivas que buscan en la alimentación, nutrición o suplementación una especie de piedra filosofal que les ayude a superar sus retos personales. Al contrario: solo se intenta poner un poco de cordura en un terreno especialmente abonado para la superchería científica en base a alegaciones milagrosas, promesas complacientes y pócimas secretas. Y en especial a aquellas en las que se alude a "la ciencia" (sic) para darles credibilidad.

Si has decidido hacer ejercicio, estás de enhorabuena

Mantenerse activo mejora tu pronóstico de salud. La OMS sostiene que las personas inactivas tienen entre un 20 y un 30% más de probabilidades de morir de forma prematura frente a aquellos que hacen al menos 150 minutos a la semana de actividad física moderada. En la misma línea, un interesante estudio publicado en la prestigiosa revista The Lancet estima que la inactividad física es causa, en todo el mundo, del 6% de las enfermedades coronarias, el 7% de las diabetes de tipo 2, el 10% de los cánceres de mama y otro 10% de los cánceres de colon.

Mantenerse físicamente inactivo estaría detrás de 5,3 millones de muertes en el panorama mundial, lo que representa casi el 10% de las defunciones del año 2008, por poner un ejemplo. Con estos resultados, el artículo sostiene que moverse serviría no solo para disminuir la incidencia de diversas enfermedades no contagiables como las ya señaladas, sino también para incrementar de forma global la esperanza de vida en 0,68 años. Así que, de entrada, si abandonas la categoría de sedentario y optas por mantener un patrón de vida más activo, ya mereces un aplauso.

Es posible que en estas circunstancias también te hayas preguntado por el papel de la alimentación en tu salud, rendimiento o a la hora de cumplir metas deportivas. Y haces bien. Por el lado de la salud, es probable que esa enhorabuena por hacer ejercicio sea doble: está bien contrastado que quien hace ejercicio, por lo general, suele comer mejor que la población inactiva. Una afortunada pescadilla que se muerde la cola retroalimentando buenos hábitos.

Vayamos con el rendimiento, en el que también está bien asumido que la dieta desempeña un papel crucial. Importante, pero no único: ese rendimiento se va a ver afectado por múltiples elementos –personales (genéticos), relativos al entrenamiento, socioeconómicos y ambientales– tan importantes, o más, que la alimentación aislada. Apesar de eso, el entorno deportivo supone un excepcional caladero para mensajes que, sin mayor soporte científico pero sí con una importante inversión en márketing, van a pretender vendernos la moto sin manillar (en este caso, ¿las mancuernas sin pesas?) y hacernos creer mil y una maravillas sobre los beneficios de comer de una forma más o menos extravagante, o incluir este o aquel suplemento.

Desenmascarando la palabrería deportivo-nutricional

El dietista-nutricionista Julio Basulto, uno de los profesionales de este terreno más reconocidos en España –y autor junto a Juanjo Cáceres del recomendable libro Comer y correr– lo tiene bien claro: “Lo primero que llama la atención en el bonito mundo de la alimentación y de los complementos dietéticos ligados al mundo deportivo es que se trata de una cuestión atrozmente compleja. Todo tiene que estar embebido de algo bioquímico, inmunológico, insulínico, gluconeogénico, fitoquímico, polifenólico, neurológico, proteínico, aminoacídico, enzimático, hidrolítico, metabólico, catabólico, anabólico… e hiperbólico”. Es decir, en este terreno es habitual el uso una serie de términos que, bien empleados, son habituales en el mundo académico de las ciencias de la salud; pero que se convierten en moneda de uso corriente en la jerga cientifista de monitores de gimnasio y otros arribistas de la venta suplementadora.

Resulta imposible abordar en un artículo de estas características todos y cada uno de los conceptos buenrollistas que rodean el mundo de la nutrición deportiva; pero desgranaremos algunos de los más recurrentes.
La ventana anabólica: este concepto plantea la importancia de incluir determinados nutrientes –especialmente proteínas e hidratos de carbono– en estrechas "ventanas temporales" antes, durante y principalmente después del ejercicio, con el fin de propiciar la reconstrucción del tejido muscular dañado y restaurar las reservas de energía. Se trataría de una estrategia que aunaría nutrición y entrenamiento de modo indivisible, todo ello para ayudar a mejorar tanto la composición corporal como el rendimiento deportivo y reducir el tiempo de recuperación. Sus seguidores se cuentan por millares, especialmente entre aquellos que dedican buena parte de su entrenamiento a levantar hierros. Para ello, legiones de Homo croassanis suelen hacerse acompañar de astronáuticas botellitas (shaker en el argot) en sus rutinas. Eso, o salen disparados a sus casas tras el entrenamiento para meterse entre pecho y espalda una calculada combinación de claras de huevo y arroz, antes de que se les escape la mencionada ‘ventana’ y terminen poco menos que echando por tierra la sesión de pesas.
Sin embargo, a pesar de su extensa popularización en las dos últimas décadas y de poder encontrar decenas de estudios publicados poniendo en alza las virtudes de la "ventana anabólica", lo cierto es que sus supuestos beneficios no están del todo claros. De hecho ni su mera existencia está clara. Así de contundente se expresa este estudio de revisión sobre el tema: “Si destilamos todos los datos de la literatura científica al respecto de la supuesta ‘ventana metabólica’ se hace difícil establecer recomendaciones específicas debido a la inconsistencia de los resultados y la escasez de investigaciones sistemáticas que buscan optimizar la dosis de proteínas antes y después del ejercicio. Así, los supuestos beneficios de confiar en una supuesta ‘ventana anabólica’, además de estar basada en diversas presuposiciones y depender muchos otros factores no siempre controlables, están muy lejos de ser una realidad”. De hecho, un reciente ensayo reniega, con todas las letras, del concepto: “Nuestros hallazgos refutan la existencia de una estrecha ventana posterior al ejercicio anabólico con el fin de maximizar la respuesta muscular; en su lugar se apoya la teoría de que el intervalo para la ingesta de proteínas puede ser tan amplio como varias horas o tal vez más después del entrenamiento en base a la comida anterior al entrenamiento”.

Aminoácidos de cadena ramificada: muy en relación con el anterior concepto –son una especie de común denominador en el uso de la famosa ventana– hace referencia a una clase de aminoácidos esenciales con un radical alifático, entre los que destacan la leucina, la isolueucina y la valina. Explicado de forma muy breve y gráfica, los aminoácidos en general serían las cuentas con las que se construyen los collares de proteínas. A los ramificados, además se les atribuye con bastante fundamento la regulación de la síntesis y degradación de proteínas. Al mismo tiempo, pueden ser utilizados llegado el momento para aportar energía por vía anaeróbica.

Pero la utilidad de suplementos a base de aminoácidos de cadena ramificada o de cualquier otro tipo de aminoácidos o proteínas está, por decirlo de forma sutil, en entredicho. Al menos cuando se compara esta suplementación con la inclusión de esas proteínas en forma de comida en la dieta habitual. Así lo pone de manifiesto este reciente estudio de revisión cuando concluye que la ingesta total de proteína diaria tiene más peso en el efecto a largo plazo que el momento de la administración (la famosa ‘ventana’) o la calidad de dicha proteína. Aunque admite una posible e importante variabilidad interpersonal en este tipo de estrategias, un dato que ya nos debería hacer sospechar, al menos, ante cualquier discurso totalizador y generalista sobre la bondad de este tipo de suplementos. Por esta razón el manual Nutrición y Dietética Clínica aconseja procurar cubrir nuestras necesidades proteicas a partir de una dieta adecuada cuando se hace ejercicio. Algo relativamente sencillo teniendo en cuenta que en los españoles de a pie y también los europeos incluimos en nuestra dieta habitual una cantidad de proteínas bastante por encima de las recomendaciones. Así que no lo olvides, el filete, los huevos, el pescado y muchos otros alimentos contienen cantidades de proteínas –con suficientes aminoácidos de cadena ramificada– que bien distribuidos se bastan por sí solos para optimizar el efecto de tu entrenamiento. Sin flipar, sin polvitos, más barato y con comida real.

Bebidas de reposición: llegamos a una cuestión sensiblemente diferente de las anteriores, ya que está más que contrastado que los factores que más contribuyen al desarrollo de fatiga durante el ejercicio y al retraso en la recuperación son la disminución de los hidratos de carbono almacenados en forma de glucógeno en el organismo, y la aparición de cierta deshidratación fruto de la pérdida de agua y electrolitos a través el sudor. Pero tampoco en este campo es necesario caer en la complacencia cientifista para hacer las cosas bien. Según el Documento De Consenso De La Federación Española De Medicina Del Deporte Sobre Bebidas Para El Deportista. Composición y Pautas De Reposición De Líquidos, “en general una dieta equilibrada y una correcta hidratación son la base para cubrir los requerimientos nutricionales en la mayoría de las personas que hacen deporte”, haciendo un especial llamamiento a las diferentes condiciones ambientales, personales y de cada disciplina deportiva que condicionarán esas necesidades particulares. Así, toda bebida de reposición debería cumplir tres objetivos elementales: 1º Aportar hidratos de carbono que mantengan una concentración adecuada de glucosa en sangre y retrasen el agotamiento de los depósitos de glucógeno (en pruebas o entrenamientos que se prolonguen durante un tiempo significativo); 2º reponer los electrolitos, sobre todo el sodio y, 3º la reposición hídrica para evitar la deshidratación.

Sin embargo, el entorno del deportista, ya sea aficionado o profesional, abundan las martingalas reponedoras prometiendo recuperaciones pseudomilagrosas con nombres tan sugerentes como hydrofuel, go-fuel, topfuel, y otras más en el que el tema “fuel” es un sospechoso habitual.

La descontextualización máxima en este terreno lo tenemos en la cerveza, en especial con la reciente comercialización de una, pretendida, variante isotónica. Pero no, la cerveza no es una bebida de reposición. Tampoco la autodenominada isotónica. Matizamos el tema porque este producto ha motivado que la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED) y el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (OMC) cierren filas ante este despropósito. Por ello ambas entidades han firmado de forma conjunta un documento poniendo de vuelta y media la supuesta cerveza isotónica, y ya que estaban, dar un repaso al tema de plantear la cerveza como una pretendida bebida de reposición y a la situación de desprotección que sufren los deportistas en estas cuestiones. Y han dicho:
  • En España, el colectivo de deportistas aficionados […] en gran medida carece de información adecuada sobre aspectos nutricionales, como la hidratación en el deporte.
  • La cerveza que se presenta como bebida para deportistas no cumple con los criterios y garantías necesarios para ser recomendada ni en el deporte ni en la actividad física.
  • Además la cerveza [sea la que fuere] constituye una forma de entrada al consumo de alcohol de los más jóvenes, e incluso, niños. La adaptación precoz del niño o adolescente que practican deporte al sabor de la cerveza utilizando como estímulo y referencia ídolos deportivos es desde todo punto de vista rechazable para OMC y SEMED y constituye un nuevo ejemplo de publicidad con clara intencionalidad subliminal contraria a la promoción de la salud.
Colágeno: dejando en el tintero decenas de suplementos (equinacea, glutamina, selenio, espirulina, ginseng, picolinato de cromo, hidroximetilbutirato, vitaminas varias y otros compuestos de nombre aún más exótico e impronunciable) no me resisto a comentar la jugada de uno de los que más pegada comercial está teniendo en los últimos años. Me refiero a los suplementos de colágeno, en sus diversas variantes o combinado con otras sustancias (la más clásica el magnesio). El colágeno es una proteína y como tal, una vez ingerida con los alimentos, o suplementos, es troceada en sus partes constituyentes –los aminoácidos– para que estos y no la proteína sean absorbidos uno a uno en la mayor parte de los casos.

Suponer que estos ladrillos tengan memoria y recuerden que una vez formaron parte de una estructura superior, una proteína llamada colágeno, es como pretender dotar de vehículos a una tribu indígena tirándoles todas sus piezas desde un avión y esperar que caigan montados. Los aminoácidos constituyentes del colágeno son la glicina y la prolina, ninguno es esencial y se pueden obtener tanto a partir de síntesis endógena como con otras fuentes alimentarias proteicas. Así, si alguien manifiesta una clara deficiencia de colágeno (por el estado de sus articulaciones o por el aspecto de su piel) habrá que tener en cuenta por qué no se produce ese colágeno necesario por parte de sus fibroblastos –la mayor parte de las veces es por cuestiones genéticas, la edad y factores ambientales como el tabaquismo– en vez de aportar unos suplementos innecesarios, por lo que siempre serán carísimos cuesten lo que cuesten. Tienes más datos sobre el tema en este artículo.

Usa el sentido común

Es imprescindible acabar el artículo tal y como se empezó, haciendo un llamamiento a la racionalidad. Y es algo que se hace por el bien general, para que nadie se gaste una pasta indecente en tonterías varias, para que no le engañen y recordar por tanto que la alimentación de los deportistas no debe ser sustancialmente diferente de aquella recomendada para la población general. Ten en cuenta que la práctica de ciertos rituales vinculados con mayor o menor evidencia al rendimiento deportivo (eso es lo de menos) pueden fidelizarte a una determinada rutina de entrenamientos, pero eso no se traduce en un resultado real. Resumiendo: vestir un mono de fórmula 1 con su casco te puede animar a sentirte más virtuoso dentro de un monoplaza, pero no te hará conducir mejor. Eso tenlo por seguro. Pues con esto lo mismo.

Por último, y en el terreno estrictamente de los suplementos y las ayudas ergogénicas conviene recordar las dos reglas básicas del profesor Ronald Maughan, miembro condecorado del American College of Sports Medicine entre otros muchos méritos, un reconocido profesional en este ámbito que ha consagrado gran parte de su vida al tema del rendimiento deportivo, el uso de suplementos y la lucha contra el dopaje:

1ª Regla: Si el suplemento funciona, probablemente esté prohibido

2ª Regla: Si el suplemento no está prohibido, probablemente no funcione.

La teledieta, el nuevo peligro para adelgazar

Tomado de: www.elmundo.es

-Hola buenos días. ¿Quiere perder peso? 

-Sí, me sobran unos kilos y ahora que se acerca el verano...

-No se preocupe. Haga dieta por teléfono. Le damos un régimen y si tiene dudas nos llama. Es muy cómodo para usted: evita colas, esperas en el médico o simplemente no tiene que arreglarse para salir de casa. 

Este es el último y peligroso modo de ponerse a régimen. Alguien le llama por teléfono y le ofrece la dieta perfecta: sin pasar hambre, sin efecto rebote y con un 'dietista' disponible las 24 horas a través del teléfono. «La realidad es que es peligrosa porque se ofrece sin ver al paciente, sin saber si éste tiene una enfermedad de base, sin llevar un control médico del individuo, sin hacer analíticas y sin conocer al profesional que está detrás, ya que debemos asegurarnos de que sea un nutricionista colegiado y que haga dietas saludables», alerta Gabriela Nicola, nutricionista del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital público de Son Espases de Palma.

Nicola conoce a muchos pacientes que han caído en éste y otros cebos de las dietas milagro. Lo peor es que llegan a la consulta con secuelas, la mayoría de veces, irreparables. «A veces detectamos problemas en las hormonas tiroideas porque han tomado productos sin control médico, o alteraciones de otro tipo. Si han tomado laxante pueden tener secuelas en el intestino, que se hace perezoso o puede sufrir estreñimiento. Y si han tomado diuréticos sin necesidad de ellos llegan con problemas en los riñones». Otra consecuencia negativa es el efecto rebote (recuperar el peso cuando se deja el régimen). «Esto sucede porque no se trabaja el hábito alimentario, porque no sabemos por qué come como come y porque no se trata la patología que pueda tener asociada (diabetes, hipertensión, apnea del sueño...)», argumenta la experta. Aunque posiblemente, las secuelas más «horribles» son las psicológicas, «cuando tienen compulsiones por comida y más ansiedad por haber hecho dietas muy restrictivas». 

Quíteselo de la cabeza. «Sin una dieta individualizada, nunca perderá peso», insiste la doctora, que últimamente ha detectado un «aumento alarmante de individuos que vienen haciendo dietas raras».

En el Servicio de Nutrición del hospital Son Espases, Nicola y su equipo tratan a personas con obesidad mórbida que han sido derivadas por su médico de cabecera para perder peso de forma saludable bajo la supervisión médica. Aquí aprenden nuevos hábitos de alimentación y reciben atención psicológica, fundamental para este tipo de pacientes, que ya llegan muy desmotivados y hartos del efecto yoyó.

A Rosa le valía cualquier dieta que caía en sus manos. «Y eso son muchas... Muchísimas», reconoce. Aparte se hacía infiltraciones, acupuntura y todo lo que suponía un sacadinero para el dietista de turno. 

Rosa empezó a hacer las dietas que la familia le iba pasando. «Luego fui probando las dietas de moda, pero la gente sólo te cuenta la versión buena y no te advierte de que puede haber un efecto rebote», alerta esta paciente de 57 años, que lleva casi tres años siguiendo los controles del Servicio de Nutrición de Son Espases y ha conseguido bajar 12 kilos. 

En los centros de adelgazamiento a los que acudió tampoco fue diferente, asegura. «No me hacían ni una revisión médica, ni una analítica ni nada. Simplemente me medían y me pesaban y toman unas medidas estándares».

El cuerpo de Rosa cambió a los 11 años «tras una intervención de amígdalas», asegura, pero se descontroló a los 21 años cuando subió 25 kilos en su primer embarazo. Pero a los 17 meses vino la segunda niña y sumó más kilos «en un cuerpo que aún no se había recuperado». Así hasta ciento y pico. Cada vez más y más peso.

«Las dietas sólo me bajaban unos kilos pero en cuanto las dejaba tenía un rebote y lo que perdía lo recuperaba y lo duplicaba la mayoría de veces. Eso me producían un daño físico y psicológico porque me bajaba muchísimo la autoestima».

Rosa prefiere no decir su peso. Basta con decir que está «al borde de la obesidad» pero afirma que se siente bien desde que sigue una dieta saludable en Son Espases, bajo la supervisión de su doctora Gabriela Nicola. «Las analíticas son buenas, hago deporte todos los días y cuido mi imagen». 

Aun así, el sobrepeso limita su vida. No puede practicar el montañismo que tanto le gustaba porque se fatigaba ni tampoco puede ponerse poner unos tacones. Con lo presumida que es ella...

Al contrario que a otras personas obesas, ella no ha tenido problemas en su vida laboral -trabaja en una oficina- pero reconoce que ha sentido el rechazo social. «Según qué personas te desprecian por tu imagen. Te cuesta mucho ir al gimnasio porque no quieres aguantar las miradas. Y eso que yo nunca he tenido complejo y siempre he intentado vestirme con prendas adecuadas», relata. 

Hubo una temporada en que Rosa se agobiaba por estar en los sitios cerrados. Le faltaba la respiración. Aunque ya lo ha superado. Ahora acude cada martes a la terapia de la doctora Nicola en Son Espases donde aprende a bajar de peso de forma saludable junto con otros pacientes en su misma situación. 

Este martes se ha incorporado una persona nueva y Rosa, una de las veteranas del grupo, es la encargada de darle la recepción de bienvenida. Siempre les dice que se animen porque han venido al lugar adecuado. Siempre les recomienda que se olviden de todo lo que les han vendido. «Se acabó comprar productos que sacan el dinero porque con cuatro cosas básicas se puede adelgazar. Es un camino largo pero poco se puede conseguir».

Entre muchas otras cosas, aprenden a detectar las dietas milagro. «Hay que desconfiar cuando nos prometen que vamos a bajar mucho peso rápidamente, más de un kilo por semana, porque la pérdida de peso recomendable por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de medio kilo a un kilo por semana», señala Gabriela Nicola, dado que si se pierde peso dentro de estos rangos se está perdiendo grasa, «que es lo que realmente hay que perder».

Rosa y sus compañeros aprenden que no hay que fiarse de las dietas que no son equilibradas. Ellos mismos las han probado y no les funcionaron. Las hay que te quitan los hidratos de carbono por la noche porque aseguran que engordan. Falso. «Las sociedades que trabajan en Nutrición y la OMS dicen que hay que comer hidratos de carbono en casi todas las comidas del día. El secreto es qué tipo de hidratos de carbono tomas y la cantidad», recuerda la doctora, que insiste en que el único tratamiento para bajar peso es ajustar la cantidad de energía (calorías) que consumimos y equilibrar la dieta en cuanto a nutrientes. 

Hay que comer todos los grupos alimentarios si no tenemos una alergia alimentaria, o una intolerancia específica, y tanto la comida como la cena tiene que estar formadas por el grupo de los vegetales (verduras y hortalizas), más el grupo de carnes, pescados o pollo o huevo, más otro grupo de alimentos que es el arroz o pasta o patata o pan integral y otros cereales integrales. 

Otra de las falsedades es que no hay que comer ninguna fruta por la noche porque tiene azúcar porque no tiene ninguna base científica, asevera. La recomendación es de cinco raciones al día aunque tengamos que perder peso, «ya que las frutas son las que te dan fibra, vitaminas y minerales, es decir, sustancial antioxidantes». Y una última creencia erróneas (aunque hay un sinfín): atiborrarse de fruta por la noche si en el mediodía hemos comido mucho no tiene sentido. 

«Para bajar peso hay que bajar calorías, hay que comer vegetales, frutas, productos integrales en su justa medida y carnes bajas en grasa, pescados, pollo, lácteos desnatados, controlar los azúcares y hacer deporte. Sólo con estas pequeñas premisas se reduce de peso», añade Nicola, y tomar suplementos sólo en caso de necesidad. «Nada de quemagrasas ni diuréticos ni batidos ni maca, ni cosas raritas».

Ysi duda, ya sabe: llame al Colegio de Médicos o de Nutricionistas, al médico de cabecera o directamente al hospital y pregunte: ¿Qué opina de esta dieta?

¿Bebidas energéticas + alcohol = más lesiones?

Tomado de: medlineplus.gov

Mezclar las bebidas energéticas ricas en cafeína y el alcohol podría ser una receta para tener problemas. Eso dice un nuevo estudio que afirma que el popular dúo fiestero aumenta las probabilidades de que alguien salga lesionado.

Investigadores de Canadá analizaron los resultados de 13 estudios anteriores. La mayoría reportaron una tasa más alta de lesiones cuando el alcohol se emparejó con una bebida energética como Red Bull o Monster Energy en comparación con beber solo alcohol, señalaron.

"La investigación actual en general respalda una relación entre consumir alcohol mezclado con bebidas energéticas y un mayor riesgo de lesión", señaló la autora líder del estudio, Audra Roemer, estudiante de postgrado en la Universidad de Victoria, en Columbia Británica.

Además de las caídas, los accidentes de coche y cosas por el estilo, los investigadores observaron la conducta suicida y la violencia. Según los resultados del estudio, Roemer dijo que el riesgo de lesión (intencional o accidental) podría ser varias veces más alto para las personas que beben la combinación.

"Los efectos estimulantes de la cafeína en las bebidas energéticas pueden funcionar enmascarando los efectos sedantes del alcohol, aunque las bebidas energéticas no reducen los efectos perjudiciales del alcohol en el cuerpo y el cerebro", advirtió Roemer.

"Esto podría resultar en que las personas subestimen su nivel de intoxicación", añadió.

La mezcla de alcohol y bebidas ricas en cafeína se hizo popular hace unos 10 años, dijo Cecile Marczinski, que estudia el consumo de alcohol, y es profesora de psicología en la Universidad del Norte de Kentucky.

"Es una bebida de jóvenes", comentó Marczinski, que no participó en el estudio. Con frecuencia está disponible en bares y restaurantes, por ejemplo una mezcla de vodka y Red Bull o Monster Energy, añadió.

"Se consideran como bebidas de fiesta. Por lo general alguien no se queda en casa mezclando bebidas energéticas y alcohol", dijo.

Las bebidas empacadas de cafeína y alcohol en esencia están prohibidas en Estados Unidos y Canadá. Pero los componentes se pueden comprar por separado "y mezclarlos uno mismo en un vaso", señaló Marczinski.

Esto no siempre da buenos resultados. Las visitas al departamento de emergencias que involucraban bebidas energéticas casi se duplicaron entre 2007 y 2011, y alrededor de un 15 por ciento de esas visitas se relacionaban con el uso combinado de alcohol y bebidas energéticas, dijeron los autores del estudio en las notas de respaldo.

Roemer comentó que un estimado de un 25 por ciento de los estudiantes universitarios en Canadá consumen las bebidas combinadas. Sus aficionados afirman que les gusta el sabor y que aprecian el subidón que obtienen de los niveles altos de cafeína en las bebidas energéticas, dijo.

También les gusta poder permanecer despiertos más tiempo para alargar la fiesta, según Roemer. Algunos sienten que pueden beber más alcohol sin sentirse borrachos, añadió.

Pero Marczinski dijo que su equipo encontró que aunque quizá la gente se sienta más alerta cuando combina alcohol y cafeína, esa percepción no encaja con la realidad.

Los fabricantes de Red Bull dicen que una lata de 8 onzas (unos 237 centilitros) contiene unos 80 miligramos de cafeína, que es similar al contenido de una taza de café.

De los 13 estudios revisados por Roemer y su coautor, el profesor de la Universidad de Victoria Tim Stockwell, todos menos cinco eran de Estados Unidos. Todos examinaron los vínculos entre las bebidas alcohólicas con cafeína y las lesiones, la conducción poco segura y los accidentes de vehículos de motor, o los pensamientos suicidas.

Los estudios usaron una variedad de métodos para examinar el tema, y observaron a varios grupos de personas, como los estudiantes universitarios de EE. UU. y canadiense, los estudiantes de último año de secundaria, y trabajadores manuales en Taiwán.

Diez de los estudios vincularon una tasa más altas de lesiones con el consumo del dúo de alcohol/bebida energética, en comparación con beber solo alcohol. Pero no está claro con qué frecuencia ocurren esas lesiones. Y los estudios en realidad no prueban que las bebidas combinadas sean responsables de los contratiempos. Otros factores podrían provocar el riesgo adicional.

Entre los tres estudios que no detectaron un vínculo entre ambas cosas, un trabajo australiano halló que los que solo bebían alcohol eran más propensos a resultar lesionados que los que añadían bebidas energéticas al alcohol.

También hubo indicios entre los estudios de que los que bebían las bebidas combinadas eran más propensos a tomar riesgos y a buscar sensaciones, una explicación posible de un mayor riesgo de lesión.

Para evitar los peligros potenciales, Marczinski sugiere que las personas no beban alcohol y bebidas energéticas al mismo tiempo.

El estudio aparece en la edición de marzo de la revista Journal of Studies on Alcohol and Drugs.

Asocian la obesidad en la juventud con unas probabilidades mayores de cáncer de hígado en los hombres

Tomado de: medlineplus.gov

Los hombres jóvenes con sobrepeso y obesidad tienen un riesgo más alto de sufrir enfermedades hepáticas graves o cáncer de hígado en un momento posterior de su vida, y los que tienen diabetes presentan un riesgo incluso más alto, advierte un nuevo estudio.

Los esfuerzos por reducir la obesidad "deberían implementarse desde una edad temprana para reducir la carga futura de las enfermedades hepáticas graves para los individuos y la sociedad", afirmaron los investigadores suecos dirigidos por Hannes Hagstrom, del Centro de Enfermedades Digestivas del Hospital Universitario Karolinska, en Estocolmo.

Un especialista en el hígado en Estados Unidos se mostró de acuerdo.

"Esto debería ser una llamada de alerta para los hombres jóvenes para que se tomen su peso en serio y tomen medidas para estar en forma y con suerte prevenir las enfermedades hepáticas, la diabetes y el cáncer de hígado en el futuro", planteó el Dr. David Bernstein, jefe de hepatología en Northwell Health en Manhasset, Nueva York.

Explicó que la obesidad está asociada con el desarrollo de una afección llamada enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA), donde la grasa empieza a depositarse en el órgano. A su vez, la EHGNA es "una causa principal de cirrosis y una indicación habitual de trasplante de hígado", dijo Bernstein.

Los vínculos entre la obesidad, la EHGNA y el cáncer de hígado también son "preocupantes", basándose en el informe sueco, dijo.

En el nuevo estudio, el equipo de Hagstrom rastreó los datos de más de 1.2 millones de hombres suecos reclutados en el ejército entre 1969 y 1996. Se les realizó un seguimiento durante más de un año después del reclutamiento hasta finales de 2012.

Durante las décadas de seguimiento, hubo casi 5,300 casos de enfermedad hepática grave, incluyendo 251 casos de cáncer de hígado.

En comparación con los hombres con un peso normal, el riesgo de enfermedad hepática en un momento posterior de su vida fue de casi un 50 por ciento más alto para los que tenían sobrepeso y casi el doble para los que eran obesos cuando eran jóvenes.

El riesgo fue de más del triple para los hombres que eran obesos y acabaron desarrollando diabetes tipo 2, encontró el estudio.

Los hallazgos sugieren que el aumento de las tasas de sobrepeso y de obesidad en todo el mundo (se prevé que aproximadamente mil millones de personas serán obesas en 2030) podría llevar a un aumento de la cantidad de casos de enfermedad hepática grave y de cáncer de hígado en el futuro, afirmaron los investigadores.

Bernstein dijo que los hallazgos "enfatizan la importancia de las intervenciones tempranas para este trastorno a fin de prevenir la cantidad significativa de casos de enfermedad hepática que podrían producirse dentro de décadas".

El Dr. Mitchell Roslin, jefe de cirugía para la obesidad del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, se mostró de acuerdo en que "la infiltración grasa del hígado se está volviendo una causa importante de insuficiencia hepática y está muy relacionada con la resistencia a la insulina y la diabetes".

"Este artículo muestra que estos cambios se originan en la adolescencia y el riesgo de por vida es acumulativo", dijo Roslin. "La solución real es una dieta muy sana y un estilo de vida activo".

El estudio aparece en la edición en línea del 20 de marzo de la revista Gut.

18 de marzo de 2017

La alimentación es importante para prevenir, pero ella sola no puede curar el cáncer

Tomado de: www.vitonica.com

Un estilo de visa saludable está estrechamente vinculado con la prevención del cáncer y por ello, la alimentación es importante para reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad e incluso, puede contribuir a mejorar la calidad de vida de quienes ya padecen cáncer, pero sólo la dieta no puede curar esta patología.

Prevenir mejor que curar

Una dieta rica en frutas y verduras reduce el riesgo de desarrollar cáncer, mientras que una alimentación pobre en fibra, con exceso de alcohol, carnes procesadas y sin casi antioxidantes es siempre un factor que predispone al desarrollo de esta enfermedad degenerativa según la Organización Mundial de la Salud.

Por eso, cuidar la alimentación es fundamental si queremos prevenir el cáncer y por esta misma razón, las "recetas anticancer" de Odile Fernández han tenido tan buena acogida en los últimos días. Sin embargo, una dieta por más sana que sea no puede curar esta enfermedad, pues lamentablemente aun no hay un tratamiento eficaz en este sentido.

Igualmente, el asesoramiento nutricional y el cuidado de la dieta como acompañamiento de los diferentes tratamientos del cáncer (cirugía, radioterapia y quimioterapia) siempre es favorable para reducir síntomas, mejorar la ingesta de alimentos y proteger el estado nutricional de los afectados, así como mejorar la calidad de vida de los mismos.

Por esta razón, la alimentación no debe descuidarse y en el marco de un adecuado estilo de vida, la misma puede ser clave para prevenir y acompañar el tratamiento del cáncer. Sobre todo, debemos considerar la adecuada ingesta de frutas y verduras, crucíferas como el brócoli y frutos rojos son los más vinculados a la prevención del cáncer, por su alta concentración en antioxidantes.

Sin embargo, no debemos sobredimensionar sus beneficios ni "comprar" la idea de que determinados alimentos, platos y/o hábitos alimenticios pueden curar el cáncer, pues ello resulta como mínimo engañoso y puede desencadenar el consumo de productos o dietas milagro y conductas que no producirán los efectos deseados.

Una dieta saludable puede reducir el riesgo de padecer la enfermedad pero debe quedar claro que la alimentación no puede curar el cáncer, sino sólo ser un buen complemento de su tratamiento.

Los niños pegados a las pantallas tienen un mayor riesgo de sufrir diabetes

Tomado de: www.cuatro.com

Si un niño pasa más de tres horas frente a una pantalla tiene sus riesgos. Según un estudio, aumentan las probabilidades de desarrollar diabetes de tipo 2. Estos niños presentaban indicadores más altos de grasa corporal y mayores niveles de resistencia a la insulina, factores de riesgo de esta enfermedad. "El creciente número de diabetes tipo 2 en los niños es una estadística alarmante y abordar los problemas de obesidad infantil en la nación debe ser responsabilidad de todos nosotros".

El auge de las nuevas tecnologías ha calado sobre todo entre los niños. Ya hay muchos que son adictos al teléfono móvil, pero esto conlleva riesgos. Según sugiere una investigación, si pasan más de tres horas al día frente a una pantalla, aumentan las probabilidades de desarrollar diabetes.

Al parecer, el estudio encontró que los niños que pasaban pegados a las pantallas de diferentes dispositivos durante tres o más horas al día obtuvieron indicadores más altos en grasa corporal y tenían mayores niveles de resistencia a la hormona insulina que los que estuvieron una hora o menos, informa The Guardian.

El estudio fue publicado en la revista Archives of Disease in Childhood, donde Claire Nightingale, co-autora de la investigación, y sus compañeros investigaron y describieron si el tiempo frente a una pantalla aumenta, como se sabe que ocurre con los adultos, el riesgo a padecer diabetes de tipo 2. Para ello, analizaron los datos del Child Heart and Health Study de Inglaterra, una encuesta realizada entre 2004 y 2007 a casi 4.500 niños de entre nueve y 10 años de escuelas primarias de tres ciudades del Reino Unido: Londres, Birmingham y Leicester.

Entre las preguntas formuladas, se recopilaron datos sobre el tiempo que los niños pasaban viendo la televisión o jugando a videojuegos. También se realizaron una serie de medidas físicas que incluían las de la grasa corporal de los niños y de la resistencia a la insulina, una hormona que controla los niveles de glucosa en la sangre.

Los resultados revelaron que mientras que el 37% de los niños informó que pasaron una hora o menos al día viendo televisión o jugando videojuegos, el 18% afirmó pasar tres o más horas frente a una pantalla.

Comparando los grupos, los investigadores encontraron que los niños que pasaron más tiempo frente a una pantalla obtuvieron indicadores más altos en grasa corporal. Además, estos niños tuvieron niveles de insulina un 10,7% más altos después del ayuno, un 10,5% más altos de resistencia a la insulina y un 9,3% más altos de leptina, una hormona que controla el apetito, que son factores de riesgo para la diabetes tipo 2.

Aunque los datos fueron recolectados hace una década, antes de que los dispositivos electrónicos como los teléfonos inteligentes se hicieran tan populares, el equipo cree que el vínculo entre el tiempo frente a las pantallas y el riesgo de diabetes probablemente permanecerá. Pero Nightingale dijo que es difícil ofrecer consejo a los padres. "Las posibles disminuciones en el tiempo frente a las pantallas podrían ser beneficiosas, pero no podemos decir realmente un límite de tiempo", aseguró.

Dan Howarth, jefe de atención en Diabetes en Reino Unido explicó que el estudio destaca una tendencia preocupante. "El creciente número de diabetes tipo 2 en los niños es una estadística alarmante y abordar los problemas de obesidad infantil en la nación debe ser responsabilidad de todos nosotros".

A esto añadió que "el fomento de la actividad física sobre un estilo de vida sedentario, como el relativo al tiempo frente a la pantalla, y una dieta equilibrada y saludable desempeña claramente un papel importante".

Las cinco peores dietas para perder peso


Para que sus resultados sean saludables, efectivos y duraderos, toda dieta debe ser equilibrada y adoptada como estilo de vida, además de aportar todos los nutrientes necesarios. Es muy común ver, sin embargo, regímenes que prometen resultados casi milagrosos, revolucionarios y definitivos.

Por esta razón, el 2017 es el cuarto año consecutivo en el que el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) elabora un listado de las cinco dietas más populares y poco saludables que han cobrado fama en el año 2016 y lo que va del presente.

Dieta cetogénica: basada en la reducción exagerada de los carbohidratos de la dieta y el aumento en el consumo de alimentos proteicos. Su base está en la cetosis que produce, un estado metabólico generado por la carencia de hidratos de carbono que induce al catabolismo de las grasas para obtener energía.

La nutricionista Cristina Mir advierte que "la reducción exagerada de los carbohidratos en la dieta y basada sobre todo en el consumo de mucha proteína, puede dar lugar a problemas renales y desequilibrios intestinales, y puede llegar a provocar depresión a la persona, por el hecho de anular totalmente un grupo de alimentos de la dieta. Es una dieta que cuesta mucho seguirla en el tiempo, y cuando la persona se cansa, no ha aprendido buenos hábitos alimenticios y al volver a su alimentación previa, vuelve a ganar el peso perdido, y la mayoría de veces, incluso una poco más".

Pastillas quema grasas: la Asociación Británica de Dietistas la ha puesto entre las 3 dietas menos indicadas para perder peso. Son píldoras que no requieren de prescripción médica y prometen perder peso, quemar grasas, suprimir el apetito y acelerar el metabolismo.

Mir explica que esta dieta no sirve para personas sedentarias y que, además, si no se acompaña de una alimentación adecuada la misma no tendrá ningún efecto.

Dieta depurativa del té: también conocida como teatoxing. Promete una pérdida rápida de peso, pero esta es a base de líquidos y masa muscular normalmente. Según Mir, produce los mismos efectos que un cuadro de diarrea ya que al no consumir alimentos sólidos se baja de peso, pero al retomar la alimentación habitual se recupera rápidamente y probablemente se coma de más debido al hambre que se ha pasado. El IMEO advierte, además, sobre la sensación de mareo y debilidad, la falta de vitalidad y el efecto rebote que suele traer esta dieta.

Dieta de los jugos verdes:
o Dieta Detox que ha sonado fuertemente en el 2016, se basa en el consumo de batidos hechos de frutas, vegetales y semillas. Mir explica: "la moda de los jugos verdes tiene una parte muy positiva, hace que la gente tome más alimentos vegetales y frutas" ... "pero no podemos basar nuestra alimentación con los jugos verdes. No hay ningún problema para hacerse uno de vez en cuando pero siempre será mejor comer la fruta y la verdura entera que en forma de zumo o batido".

El IMEO asegura, además, que al omitir la masticación por ingerir la fruta y verdura licuadas se suprime una parte del proceso digestivo que influye en el efecto de saciedad y aumenta la sensación de hambre.

Clean Eating: su principal problema es la subjetividad y la dificultad de definir el concepto de "alimentos limpios". Generalmente se excluyen los lácteos, cereales, alimentos procesados, gluten, azúcar, etc.

De acuerdo con Cristina Mir: "Dependiendo del concepto que se le quiera dar puede variar mucho, y ser una dieta muy mala o muy buena. La frase ´más mercado y menos supermercado´ es la filosofía que yo le pondría a este tipo de dieta. Si la seguimos bajo este parámetro, es una de las mejores dietas para seguir".

La dieta mediterránea podría aliviar el dolor crónico de la obesidad

Tomado de: medlineplus.gov

Las personas que tienen sobrepeso y que sufren de dolor crónico podrían encontrar alivio en la dieta mediterránea, sugiere una nueva investigación.

El estudio de 98 hombres y mujeres de 20 a 78 años de edad amplía las crecientes evidencias de que una dieta rica en pescado, frutas, verduras, frutos secos y frijoles ofrece unos beneficios significativos para la salud. También ofrece más información sobre por qué comer esos alimentos podría reducir el dolor asociado con la obesidad.

Como las personas obesas con dolor crónico por lo general también tienen un grado alto de inflamación, el investigador principal, Charles Emery, sospecha que las propiedades antiinflamatorias de los alimentos podrían explicar la reducción en los niveles de dolor.

"Aunque la relación entre la grasa corporal y el dolor ha sido bien documentada en estudios anteriores, el mecanismo se desconoce", dijo Emery, profesor de psicología en la Universidad Estatal de Ohio.

"Una posibilidad es el estrés del peso corporal sobre las articulaciones. Un segundo mecanismo posible es a través de factores inflamatorios en el torrente sanguíneo, dado que se sabe que tanto la grasa corporal como el dolor se asocian con una inflamación elevada", comentó.

Poco más de un 70 por ciento de los adultos estadounidenses tienen sobrepeso, y un 38 por ciento se consideran obesos (con al menos 30 libras [13.6 kilos] de sobrepeso), según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

En el estudio, Emery y sus colaboradores de la Universidad Estatal de Ohio revisaron los hábitos alimentarios de los participantes y sus respuestas a un cuestionario corto sobre el dolor que experimentaban. Los investigadores también tomaron en cuenta la edad, la salud mental y el uso de analgésicos de los participantes.

El resultado: independientemente de cuánto pesaban, los que comían más pescado y proteínas vegetales, como los frutos secos y los frijoles, tenían menos dolor.

Cuando ajustaron sus hallazgos para tomar en cuenta el dolor relacionado con la edad entre los participantes mayores, los investigadores encontraron que una dieta mediterránea beneficiaba a hombres y mujeres de todas las edades.

Sin embargo, Emery dijo que el estudio tuvo algunas limitaciones: los investigadores no tomaron en cuenta el dolor crónico que duraba más de un mes, y tampoco tomaron muestras de sangre para estudiar las señales de inflamación. Se necesita más investigación para respaldar los hallazgos iniciales.

Además, solo se observó una asociación entre la dieta y el dolor, no un vínculo causal.

"El próximo paso es realizar un estudio con marcadores sanguíneos de inflamación", dijo Emery. "Entonces sería ideal realizar un estudio con una intervención para evaluar el cambio en la grasa corporal, la inflamación y el dolor".

Una experta en nutrición que revisó el estudio dijo que refuerza los beneficios de salud de una dieta centrada en pescado y marisco y proteínas vegetales.

"Este estudio ofrece una observación temprana de un rol posible que la dieta podría tener en mitigar el dolor, pero se necesita más investigación", comentó Connie Diekman, directora de nutrición universitaria en la Universidad de Washington, en St. Louis.

"Se necesitan estudios con adultos sanos para ver si los marcadores inflamatorios son iguales con un dolor similar que en los adultos obesos", planteó. "Se necesitan estudios que observen una dieta durante un periodo más largo".

Diekman dijo que sería beneficioso saber, por ejemplo, si seguir una dieta mediterránea en la juventud afectaría al dolor de una persona en la adultez.

Aún así, Diekman dijo que los nuevos hallazgos ayudan a enfatizar la idea de que lo que uno come es importante.

"La moraleja de esto es que es un estudio interesante y nos da algo en qué pensar cuando aconsejamos a los clientes: la dieta podría ayudar con el dolor. Pero no nos da una respuesta clara sobre la pregunta: ¿si pierde peso, desaparecerá su dolor?", comentó. "Necesitamos más investigación para realizar esa conexión".

El estudio aparece en una edición reciente de la revista Pain.

Comer mucha carne roja podría vincularse con un trastorno intestinal en los hombres

Tomado de: medlineplus.gov

Los hombres que comen mucha carne roja tienen un riesgo más alto de una dolorosa afección inflamatoria del colon, sugiere un estudio reciente.

El trastorno, llamado diverticulitis, provoca un dolor abdominal, náuseas y estreñimiento graves. Y puede conducir a complicaciones como desgarramientos o bloqueos en el colon.

El nuevo estudio encontró que los hombres que más carne roja comían tenían un 58 por ciento más de probabilidades de desarrollar diverticulitis, en comparación con los que menos carne roja comían.

Los hallazgos no prueban causalidad, enfatizó el investigador principal, el Dr. Andrew Chan, gastroenterólogo del Hospital General de Massachusetts, en Boston.

Por otro lado, señaló, ya hay motivos para pensar en reducir la carne roja. El consumo abundante se ha vinculado con unos riesgos más altos de enfermedad cardiaca y ciertos tipos de cáncer, apuntó Chan.

"Este estudio ofrece un motivo más para pensar en limitar la carne roja en la dieta", dijo.

A medida que la gente envejece, es común que se formen "bolsas" en el revestimiento del colon; más de la mitad de los estadounidenses de a partir de 60 años de edad las tienen, según los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de EE. UU.

La mayoría de las personas que tienen esas bolsas no sufren problemas, pero más o menos un 5 por ciento desarrollan diverticulitis, cuando las bolsas se infectan o inflaman.

Alrededor de 200,000 estadounidenses son hospitalizados por diverticulitis cada año, según los NIH.

Los nuevos hallazgos, publicados en línea el 9 de enero en la revista Gut, se basan en un estudio a largo plazo de más de 46,000 profesionales de la salud de sexo masculino.

A lo largo de 26 años, 764 de los hombres desarrollaron diverticulitis. El riesgo más alto se dio entre los hombres que estaban en el 20 por ciento superior respecto a la ingesta de carne roja. Tenían un 58 por ciento más de probabilidades de ser diagnosticados con la afección, frente a los hombres del 20 por ciento inferior.

Los hombres del grupo superior comían, en promedio, 12 porciones de carne roja por semana, mientras que los que tenían el consumo más bajo consumían, en promedio, poco más de una porción por semana.

Por supuesto, podría haber muchas diferencias entre los hombres que comen muchas hamburguesas y otras carnes y los que no, anotaron los autores del estudio.

Así que el equipo de Chan tomó en cuenta factores como una edad mayor, fumar, la obesidad, la falta de ejercicio y un consumo bajo de fibra, que se han vinculado con un riesgo más alto de diverticulitis.

Incluso entonces, la carne roja siguió estando vinculada con un riesgo más alto, sobre todo la carne no procesada, como los filetes y las hamburguesas.

No está claro cómo interpretar esto, según Chan. Dijo que una explicación potencial es que las personas por lo general comen porciones más grandes de carne roja no procesada, en comparación con los embutidos.

Una dietista que no participó en el estudio dijo que es "imposible" sacar alguna conclusión sobre la causalidad.

Pero otros estudios han vinculado una ingesta alta de carne roja con enfermedades del colon, señaló Lona Sandon, profesora asistente de nutrición clínica en el Centro Médico Southwestern de la Universidad de Texas, en Dallas.

Además, dijo, todo el mundo debería intentar comer más verduras, granos integrales y una variedad de proteínas.

"En realidad, se trata de tener más variedad en las opciones de proteína", planteó Sandon. "Cambie la carne roja por pescado o aves, o incluso fuentes vegetales como el tofu, las habichuelas y las legumbres".

En este estudio, no hubo ningún vínculo entre las aves o el pescado y el riesgo de diverticulitis. Basándose en esas cifras, el equipo de Chan estimó que si los hombres reemplazaran una porción diaria de carne roja por pollo o pescado, el riesgo de diverticulitis se reduciría en un promedio de un 20 por ciento.

"Sustituir la carne roja por pescado o aves podría ser beneficioso", dijo Chan.

¿Por qué la carne roja contribuiría a la diverticulitis? No está claro, dijo Chan. Pero apunta a algunas teorías.

Por un lado, los alimentos que las personas consumen pueden afectar al "microbioma" intestinal, la inmensa colección de bacterias que habitan en el tracto digestivo. Algunos investigadores sospechan que el microbioma tiene un rol en la diverticulitis, apuntó Chan, aunque por ahora no se ha probado.

También hay evidencias de que consumir mucha carne roja ayuda a fomentar una inflamación crónica de bajo nivel en el cuerpo, dijo Chan. Eso, a su vez, podría aumentar el riesgo de diverticulitis.

Como el estudio se concentró en los hombres, las investigaciones futuras deben observar si los mismos patrones se sostienen en las mujeres, según Chan.

Pero no hay motivos biológicos para creer que los hallazgos diferirían según el sexo, comentó. Además, las mujeres ya tienen bastantes motivos para buscar una dieta saludable que limite la carne roja, aseguró Chan.

Sandon se mostró de acuerdo. "Las Directrices Dietéticas para los Estadounidenses recomiendan una dieta basada sobre todo en plantas para fomentar la salud, y eso incluye la salud del colon", dijo. "Llene la mitad de su plato con frutas y verduras, elija granos integrales y varíe las fuentes de proteína".

11 de marzo de 2017

Una mala dieta se vincula con la mitad de las muertes por enfermedad cardiaca y diabetes en EE. UU.

Tomado de: medlineplus.gov

Casi la mitad de todas las muertes por enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular (ACV) y diabetes en Estados Unidos se asocian con dietas que son pobres en ciertos alimentos y nutrientes, como las verduras, y que superan los límites óptimos de otros, como la sal, encuentra un nuevo estudio.

Usando estudios y ensayos clínicos disponibles, los investigadores identificaron los 10 factores dietéticos con las evidencias más firmes de una asociación protectora o nociva con la muerte debida a la enfermedad "cardiometabólica".

"No se trataba solo de que la dieta estadounidense tuviera demasiado de lo 'malo', sino que también carecía de suficiente de lo 'bueno'", dijo la autora líder, Renata Micha.

"Los estadounidenses no comen suficientes frutas, verduras, frutos secos/semillas, granos integrales, aceites vegetales y pescado", apuntó.

Micha es profesora asistente en la Facultad de Ciencias y Políticas de la Nutrición de la Universidad de Tufts, en Boston.

Los investigadores usaron datos de múltiples fuentes nacionales para examinar las muertes por enfermedades cardiometabólicas (enfermedad cardiaca, ACV y diabetes tipo 2) en 2012, y el rol que la dieta quizá haya desempeñado.

"En EE. UU. en 2012, observamos unas 700,000 muertes por esas enfermedades", dijo Micha. "Casi la mitad se asoció con ingestas inferiores a las óptimas de los 10 factores de la dieta combinados".

Un exceso de sal en la dieta de la gente fue el principal factor, y explicó casi un 10 por ciento de las muertes cardiometabólicas, según el análisis.

El estudio identifica 2,000 miligramos al día, o menos de 1 cucharadita de sal, como la cantidad óptima. Aunque los expertos no están de acuerdo respecto a qué tanto se debe reducir, hay un consenso general de que las personas consumen un exceso de sal, anotó Micha.

Otros factores clave en las muertes cardiometabólicas incluyeron una ingesta baja de frutos secos y semillas, grasas de omega 3 a partir del pescado y el marisco, verduras, frutas y granos integrales, y un consumo alto de carnes procesadas (como los fiambres) y bebidas endulzadas con azúcar.

Cada uno de esos factores explicó entre un 6 y un 9 por ciento de las muertes por enfermedad cardiaca, ACV y diabetes.

La ingesta "óptima" de alimentos y nutrientes se basaron en niveles asociados con un riesgo más bajo de enfermedad en los estudios y los ensayos clínicos. Mica advirtió que esos niveles no son concluyentes. La ingesta óptima "podría ser modestamente más baja o más alta", explicó.

Un consumo bajo de grasas poliinsaturadas (halladas en los aceites de soya, girasol y maíz) explicó poco más de un 2 por ciento de las muertes cardiometabólicas, según el estudio. Un consumo alto de carnes rojas no procesadas (como la ternera) fue responsable de menos del 0.5 por ciento de esas muertes, mostró el análisis.

La moraleja: "coma más de las cosas buenas y menos de las malas", aconsejó Micha.

Por ejemplo, se consideró que la ingesta óptima de verduras era de cuatro porciones al día. Esto equivaldría a más o menos 2 tazas de verduras cocidas o 4 tazas de verduras crudas, señaló.

Se consideró que la ingesta óptima de frutas era de tres porciones al día. "Por ejemplo, una manzana, una naranja y medio plátano de tamaño promedio", continuó.

"Y coma menos sal, carnes procesadas y bebidas endulzadas y azucaradas", dijo.

El estudio también encontró que una dieta mala se asociaba con una proporción más alta de muertes a unas edades más tempranas frente a unas edades mayores, entre las personas con unos niveles de educación más bajos frente a más altos, y entre las minorías frente a los blancos.

El Dr. Ashkan Afshin es profesor asistente en funciones de salud global en el Instituto de Medidas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington.

"Felicito a los autores del estudio actual por explorar factores sociodemográficos, como la etnia y el nivel educativo, y su rol en la relación entre la dieta y la enfermedad cardiometabólica", dijo Afshin, que no participó en el estudio.

"Es un área que merece más atención para que podamos comprender del todo la conexión entre la dieta y la salud", planteó.

El estudio no prueba que mejorar la dieta reduzca el riesgo de muerte por enfermedad cardiaca, ACV y diabetes, pero sugiere que los cambios en la dieta podrían tener un impacto.

"Es importante saber qué hábitos dietéticos son los que más afectan a la salud, de forma que las personas puedan realizar cambios saludables en la forma en que comen y en cómo alimentan a sus familias", señaló Afshin.

El estudio aparece en la edición del 7 de marzo de la revista Journal of the American Medical Association.

En un editorial que acompañó al estudio en la revista, investigadores de la Universidad de Johns Hopkins instaron a tener precaución al interpretar los hallazgos.

Según Noel Mueller y el Dr. Lawrence Appel, los resultados podrían estar sesgados debido a la cantidad de factores dietéticos incluidos, la interacción entre los factores dietéticos y la "fuerte suposición" de los autores de que la evidencia a partir de estudios observacionales implica una relación causal.

Aún así, los autores del editorial concluyeron que los beneficios probables de una mejora en la dieta "son sustanciales y justifican políticas diseñadas para mejorar la calidad de la dieta".

Las dietas sin gluten se asocian a un mayor riesgo de desarrollo de diabetes tipo 2

Tomado de: www.abc.es

El gluten es una proteína presente en los cereales, muy especialmente en el trigo, la cebada y el centeno, que confiere elasticidad a la masa de la harina y es responsable de la consistencia elástica y esponjosa de los panes y masas horneadas. Una proteína que, sin embargo, no debe ser consumida por las personas con enfermedad celiaca –o celiaquía–, trastorno de carácter autoinmune causado directamente por una intolerancia permanente al gluten. Tal es así que los afectados, más de 450.000 en nuestro país, se ven obligados a seguir una dieta libre de gluten. Pero, más allá de evitar la aparición de los síntomas libres de la celiaquía, ¿estas dietas libres de gluten tienen algún beneficio para la salud? Así se explicaría por qué esta alimentación es cada vez más popular entre las personas sin el trastorno, hasta el punto de que la oferta de productos sin gluten ha crecido un 136% en solo dos años –entre 2013 y 2015–. Pues según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard en Boston (EE.UU.), las dietas sin gluten, lejos de resultar beneficiosas para la población sin enfermedad celiaca, parecen aumentar el riesgo de desarrollo de diabetes tipo 2.

Como explica Geng Zong, director de esta investigación presentada en el marco de la Reunión Científica 2017 sobre Epidemiología, Prevención, Estilo de Vida y Salud Cardiometabólica de la Asociación Americana del Corazón (AHA) que se está celebrando en Portland (EE.UU.), «nuestro objetivo era evaluar si el consumo de gluten afecta de alguna manera a la salud de las personas que no tienen ninguna razón clínica aparente para evitarlo. Y es que los alimentos libres de gluten contienen, por lo general, menos cantidad de fibra dietética y de otros micronutrientes, por lo que son menos nutritivos. Y además, suelen tener un precio más elevado».

Perjuicios sin beneficios

En el estudio, los autores estimaron la ingesta diaria de gluten a lo largo de tres décadas de un total de 199.794 mujeres y varones estadounidenses participantes en tres grandes estudios observacionales –69.276 mujeres del Estudio de Salud de las Enfermeras (NHS), 41,908 varones del Estudio de Seguimiento de la Salud de los Profesionales (HPFS), y 88.610 mujeres del Estudio de Salud de las Enfermeras II (NHSII)–. Y para ello, evaluaron los resultados de los cuestionarios sobre hábitos dietéticos respondidos cada 2-4 años por los propios participantes, obteniendo un consumo promedio de gluten diario de 5,8 g en el NHS, de 6,8 g en el NHSII y de 7,1 g en el HPFS.

Y exactamente, ¿cuáles fueron las principales fuentes de gluten de los participantes? Pues las pastas, los cereales, las pizzas, los muffins, los pretzels y el pan.

Concluidos los 30 años de seguimiento, se registraron un total de 15.947 casos de diabetes. Y una vez los autores incluyeron a los participantes en cinco grupos –o ‘quintiles’– en función de su consumo diario de gluten, los resultados mostraron que, con independencia de su ingesta de fibra de cereales, los participantes en el grupo de mayor consumo de gluten tuvieron un riesgo hasta un 13% inferior de padecer diabetes tipo 2 que los incluidos en el último grupo –en el que la ingesta de gluten no llegó a los 4 g/día.

Como indica Geng Zong, «las personas sin enfermedad celiaca deben reconsiderar la limitación de su ingesta de gluten para la prevención de enfermedades crónicas, muy especialmente de la diabetes».

Sin gluten, ¿con diabetes?

En definitiva, parece que cuanto mayor es el consumo de gluten, menor es el riesgo a largo plazo de aparición de la diabetes tipo 2. En consecuencia, y de seguir creciendo en popularidad, las dietas libres de gluten podrían contribuir a la expansión de esta enfermedad metabólica que ya padecen más de 350 millones de personas en todo el mundo.

Es más; debe tenerse en cuenta que en el estudio se compararon la ingestas mayores y menores de gluten, no las ingestas mayores con la ausencia de gluten en la dieta, por lo que puede suponerse que el riesgo a largo plazo de diabetes tipo 2 de las personas que siguen una dieta sin gluten sea incluso superior.

Como concluyen los autores, «la mayoría de los participantes fueron incluidos en los estudios antes de que las dietas libres de gluten se pusieran de moda, por lo que no tenemos datos de ‘abstemios’ para el gluten».

La soya es segura, incluso protectora, para las supervivientes al cáncer de mama

Tomado de: medlineplus.gov

Los pros y los contras de la soya para las pacientes con un cáncer de mama han sido objeto de debate durante años.

Ahora, una investigación sobre más de 6,200 supervivientes de cáncer de mama descubre que las que comieron más soya tenían un riesgo más bajo de mortalidad por todas las causas durante el periodo de seguimiento de casi 10 años.

"No encontramos ningún efecto perjudicial en cuanto a la mortalidad en las mujeres a las que se diagnosticó cáncer de mama y que consumían soya", dijo la líder del estudio, la Dra. Fang Fang Zhang, profesora asistente de epidemiología en la Facultad Friedman de Ciencias y Políticas de la Nutrición de la Universidad de Tufts, en Boston.

"En general, consumir niveles más altos de soya se asoció con una reducción de un 21 por ciento en el riesgo de mortalidad comparado con las mujeres que consumían soya a un nivel más bajo", dijo.

Las preocupaciones con respecto al perfil de "riesgos/beneficios" de la soya han aumentado porque dicho alimento tiene componentes parecidos al estrógeno que se llaman isoflavonas. Eso es importante, según los expertos, porque en los llamados cánceres de mama con receptores hormonales positivos (el tipo de tumor más habitual), los niveles más altos de estrógeno pueden fomentar el crecimiento de las células cancerosas.

Pero el nuevo estudio debería zanjar la controversia de una vez por todas, dijo el Dr. Omer Kucuk, profesor de oncología médica y director del Centro de Medicina Integral del Instituto Oncológico Winship de la Universidad de Emory, en Atlanta.

Kucuk escribió un editorial que acompañó al estudio, que se publicó en línea el 6 de marzo en la revista Cancer.

Dijo que el gran tamaño de la población del estudio es un punto a su favor. Los nuevos hallazgos también se hacen eco de los resultados de un estudio anterior que encontró que una mayor ingesta de soya redujo las probabilidades de recurrencia del cáncer de mama.

"Cuando la recurrencia se reduce, se reduce la mortalidad", indicó Kucuk.

"Creo que podemos decir que las mujeres con cáncer de mama no deberían preocuparse por salir y comer edamame, sopa de miso, tofu y otros productos de soya, ni [de] beber leche de soya", comentó Kucuk.

Todas las participantes del nuevo estudio se habían inscrito en el Registro Familiar del Cáncer de Mama, que empezó en 1995. Al inicio del estudio, las mujeres tenían una edad promedio de 52 años.

Durante el estudio, un poco más de 1,200 participantes fallecieron. El equipo de Zhang hizo un seguimiento de los datos sobre las dietas de todas las mujeres, algunos de los cuales se obtuvieron incluso antes de que hubieran recibido el diagnóstico de cáncer de mama.

Los investigadores encontraron una asociación entre una ingesta mayor de soya y una mejor supervivencia después del diagnóstico de cáncer de mama. Pero el estudio no fue diseñado para probar causalidad.

Aun así, el equipo de Zhang señaló que los mayores beneficios los obtuvieron las mujeres que no tenían un cáncer de mama con receptores hormonales positivos, el tipo de cáncer más sensible al estrógeno. Esas mujeres tenían un riesgo un 50 por ciento más bajo de fallecer por cualquier causa durante el periodo de seguimiento.

Las mujeres que nunca habían tomado la terapia hormonal para la menopausia también parecieron obtener un beneficio considerable a partir de una ingesta alta de soya: su riesgo de muerte durante el periodo de seguimiento era un 32 por ciento más bajo.

¿Cuánta soya se necesitaba para que se observara un efecto? Según los investigadores, las mujeres del grupo "bajo en soya" comió menos de 0.3 miligramos (mg) de isoflavonas de soya al día, mientras que las del grupo en que más soya consumió tomaron 1.5 mg o más. La mayoría de las mujeres comieron más de 1.5 mg/día, con una ingesta promedio de 1.8 mg de isoflavonas de soya al día.

Pero incluso esa cantidad no es mucha soya, dijo Zhang. Una ingesta de 1.8 mg, señaló, es equivalente a aproximadamente entre media y una porción completa de alimentos de soya, como las semillas de soya o el tofu, a la semana.

Los expertos solo pudieron especular sobre la razón por la que la soya podría proteger contra la mortalidad del cáncer de mama.

"El estrógeno basado en las plantas, una vez que se adhiere a la superficie de la célula, hace que sea menos probable que el estrógeno se adhiera a esa misma célula", explicó Zhang. En esencia, la isoflavona de la soya saca al estrógeno de su lugar preferido en la célula cancerosa, y mantiene sus efectos a raya.

Otra idea, dijo Zhang, es que los componentes de la soya podrían inhibir el crecimiento de los vasos sanguíneos ricos en nutrientes que contribuyen a alimentar al tumor.

La mayoría de las mujeres (especialmente en Estados Unidos, donde el consumo de soya es más bajo) no deben preocuparse por tomar demasiada soya, indicó Kucuk. En los países asiáticos, la ingesta de entre 20 y 25 mg de soya al día no es inusual, señaló.

"Si usted bebe un vaso de leche de soya, hay unos 27 mg de soya", comentó.

¿Puede la vitamina E de mamá proteger a su hijo del riesgo de asma?

Tomado de: medlineplus.gov

Los niños nacidos de madres con unos niveles bajos de vitamina E podrían ser más propensos a desarrollar asma, sugiere una nueva investigación.

Cuando las madres tenían unos niveles bajos de un tipo específico de vitamina E según medidas tomadas de inmediato tras el parto, sus hijos eran más propensos a desarrollar respiración sibilante y a haber sido tratados con medicamentos para el asma en los dos primeros años de vida, encontró el estudio.

"Las fuentes más importantes de vitamina E son los aceites", como el aceite de girasol, de cártamo, de maíz, de soya y de canola, apuntó en un comunicado de prensa de la Academia Americana de Alergias, Asma e Inmunología (American Academy of Allergy, Asthma & Immunology, AAAAI) el autor líder del estudio, el Dr. Cosby Stone.

Stone dijo que las investigaciones anteriores de su equipo con ratones habían sugerido el vínculo entre la vitamina E y el asma. Stone trabaja en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, en Nashville.

"Planteamos la hipótesis de que los niveles maternos de vitamina A, que reflejan los niveles que el feto encuentra durante el embarazo", afectarían la forma en que los niños respiran, comentó.

El estudio siguió la salud de más de 650 niños y sus madres durante los dos primeros años de vida de los niños. Los investigadores también preguntaron a las madres específicamente si sus hijos tenían problemas para respirar o utilizaban medicamentos para el asma.

Los investigadores encontraron que los niños que tenían respiración sibilante o necesitaban medicamentos para el asma eran más propensos a tener madres que tuvieron niveles más bajos de vitamina E justo después del nacimiento.

Específicamente, tenían unos niveles más bajos de una sustancia encontrada en la vitamina E, llamada alfa-tocoferol. Los aceites de girasol y de cártamo proveen los niveles más altos de esa sustancia, apuntó Stone.

Pero el estudio solo encontró una asociación entre los niveles de vitamina E y los síntomas de asma. No mostró una relación causal.

Los hallazgos se presentaron el sábado en la reunión anual de la AAAAI, en Atlanta, y se publicaron simultáneamente en un suplemento de la revista The Journal of Allergy and Clinical Immunology.

4 de marzo de 2017

Otro estudio vincula la obesidad con ciertos tipos de cáncer

Tomado de: medlineplus.gov

Tener peso de más aumenta el riesgo de una variedad de tipos de cáncer, informa una nueva revisión.

El exceso de peso parece influir en particular en el riesgo de cánceres relacionados con los órganos digestivos, o los fomentados por anomalías hormonales, según la revisión, llevada a cabo por autores europeos.

La evidencia ya es tan fuerte que organizaciones importantes, como la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, describen "el exceso de peso corporal como una importante causa de cánceres", enfatizó Susan Gapstur, vicepresidenta de epidemiología de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society).

La nueva revisión de las evidencias fue dirigida por Maria Kyrgiou, del Departamento de Cirugía y Cáncer del Colegio Imperial de Londres. La revisión encontró que un aumento en el índice de masa corporal (IMC) de una persona de 5 se asociaba con un riesgo más alto de cáncer en el esófago, la médula ósea, el sistema biliar, el páncreas y los riñones.

El IMC es un cálculo aproximado de la grasa corporal de una persona basado en la estatura y el peso. Un IMC de 18.5 a 24.9 es considerado como peso normal. Un IMC de 25 a 29.9 es considerado como sobrepeso, y un IMC de 30 o más equivale a obesidad.

El nuevo estudio también encontró que un IMC más alto aumentaba el riesgo de cáncer de colon y rectal en los hombres, y de cáncer del endometrio en las mujeres.

La revisión de las evidencias también vinculó la obesidad con un riesgo más alto de cánceres de la vesícula biliar, el estómago y los ovarios.

Los investigadores basaron su evaluación en 204 revisiones anteriores de las evidencias de estudios que investigaron si el exceso de peso influía en el riesgo de desarrollar 36 cánceres primarios.

Encontraron que por cada aumento de 5 en el IMC, el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer aumenta. Los aumentos abarcan desde un 9 por ciento para el cáncer colorrectal en los hombres hasta un 56 por ciento para el cáncer del sistema biliar, que ayuda en la digestión, señalaron los investigadores.

El riesgo de cáncer de mama postmenopáusico entre las mujeres aumentaba un 11 por ciento por cada 11 libras (casi 5 kilos) de aumento de peso, si nunca habían utilizado la terapia de reemplazo hormonal.

Los hallazgos de la revisión aparecen en la edición del 28 de febrero de la revista BMJ. Como la investigación es una revisión de estudios anteriores, no todas las medidas de los resultados eran iguales. Algunos observaban el aumento de peso, y otros el IMC.

Es probable que el exceso de peso influya en el riesgo de los cánceres gastrointestinales al alterar los niveles de insulina y fomentar la inflamación, planteó el Dr. Graham Colditz, subdirector del Instituto de Salud Pública y jefe de Ciencias de la Salud Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis.

El sobrepeso y la obesidad también pueden alterar los niveles de las hormonas sexuales, lo que podría explicar el aumento en el riesgo de cáncer de mama y de endometrio en las mujeres, añadió Colditz.

"No hay una forma fácil de aumentar de peso y no aumentar el riesgo de muchos tipos de cáncer", advirtió Colditz, autor de un editorial que acompañó a la nueva revisión.

En todo el mundo, la obesidad ha aumentado en más del doble en las mujeres y se ha triplicado en los hombres en las últimas cuatro décadas, dijeron los autores del estudio en las notas de respaldo. La cantidad total de personas con sobrepeso y obesas aumentó de unos 857 millones en 1980 a 2.1 mil millones en 2013.

El próximo paso es determinar si perder peso reduciría el riesgo de cáncer, dijeron Colditz y Gapstur.

Gapstur señaló que las personas que se someten a una cirugía bariátrica (para perder peso) pueden experimentar una reducción en el riesgo de algunos tipos de cáncer.

"Todavía estamos averiguando cuál es el impacto de una pérdida intencional de peso sobre el riesgo de cáncer entre las personas que no optan por reducir su peso de esa forma", comentó Gapstur. "Hay ciertas evidencias sugerentes de que la pérdida intencional de peso puede potencialmente reducir el riesgo, incluso en la mediana edad y la adultez avanzada".

El Dr. Paolo Boffetta, director asociado de prevención del cáncer del Instituto Oncológico Tisch de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York, considera que la investigación en última instancia probará que nunca es demasiado tarde para perder peso si alguien desea moderar su riesgo de cáncer.

Apuntó a otros estudios que han mostrado que dejar de fumar reduce el riesgo de cáncer independientemente de cuánto tiempo haya fumado una persona.

"Dejar de fumar es bueno a cualquier edad", dijo Boffetta. "Es probable que con la obesidad sea igual".

Carne roja o carne blanca: ¿cuál es mejor y por qué?

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

En una sociedad en la que abundan enfermedades como la hipercolesterolemia, la hipertensión, la obesidad y el cáncer, hoy en día existe gran preocupación por el consumo de carnes y alimentos proteicos en general. ¿Se ingieren demasiados alimentos proteicos o falta proteína en la dieta? ¿Se come carne en exceso? ¿Es mejor la carne roja o la carne blanca? ¿Qué beneficios aporta cada una de ellas? El siguiente artículo responde a estas preguntas y se recuerda cuál es la carne más recomendable y las pautas de consumo en torno a ella.

Consumo de proteínas: más de lo necesario

No hay duda alguna para los dietistas-nutricionistas: en nuestra sociedad se toman más proteínas de las que se necesitan. Múltiples estudios muestran que el consumo medio de proteínas de la población española excede las recomendaciones, tanto si se usan las Ingestas Dietéticas de Referencia para la población española, las aconsejadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), como las Dietary Reference Intakes (DRI) de Estados Unidos.

En general, el consumo proteico viene determinado por la ingesta de carnes, embutidos y otros derivados, pescados y mariscos; en menor grado, huevos y derivados y lácteos y derivados; y, en último lugar, fuentes proteicas de origen vegetal como las legumbres y los frutos secos. Así que, de nuevo, hay consenso: para la mayoría de los dietistas-nutricionistas, existe un superávit de alimentos como las carnes, las carnes procesadas y los embutidos en la dieta.

Carnes rojas y carnes blancas


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entiende por carne roja toda la carne muscular de los mamíferos, de manera que se incluyen en esta definición la carne de res (vaca), ternera, cerdo, cordero, caballo y cabra. Así pues, la carne de cerdo es considerada por la OMS como carne roja. En cambio, cuando se habla de carne blanca, se engloban en este grupo las carnes de aves, como el pollo y el pavo, y también el conejo.

Algo que no todo el mundo sabe es que el contenido nutricional de estas carnes varía según el animal de origen, pero también depende de la parte de animal que se consume.
Como puede verse, no todas las carnes rojas ni todas las carnes blancas son iguales. No obstante, sí existe cierto patrón: en general, las carnes rojas son más calóricas y poseen un mayor contenido en grasa, aunque variable según el animal y la zona muscular concreta. Un ejemplo: obsérvese el contenido en grasa de la mayor parte de las carnes de cerdo, en comparación con el del solomillo de cerdo o de ternera. Las carnes blancas, en general, muestran un contenido en grasa moderado. Su contenido proteico es variable, pero todas ellas son excelentes fuentes proteicas.

¿Qué carne es más recomendable y cuánta se debe consumir?

Tal y como se comenta al principio de este artículo, en opinión de los expertos, habría que reducir el consumo de proteínas de origen animal puesto que nos excedemos en su ingesta. Esto provoca, a la vez, una disminución de la presencia de otros alimentos altamente aconsejados como frutas, verduras, hortalizas, legumbres y frutos secos. Así, la recomendación número 1 es que se debe disminuir el consumo de carnes, tanto blancas como rojas.

No hay que olvidar, además, que en 2015 la OMS ya nos puso en alerta sobre el consumo de carnes rojas y carnes procesadas. En concreto, la Organización Mundial de la Salud observó que la ingesta de carne roja se clasifica como probablemente carcinógeno para los humanos basándose en evidencia limitada; mientras que la carne procesada se clasifica como carcinógena para los humanos, basándose en evidencia suficiente. Estas asociaciones se contemplaron, sobre todo, con el cáncer colorrectal.

Aunque la OMS declara no ser la autoridad competente para emitir recomendaciones sobre el consumo de carne roja y carnes procesadas, sí recuerda que ante estos hallazgos es aconsejable moderar la ingesta de carnes rojas y procesadas; una advertencia que vienen dando desde hace tiempo los dietistas-nutricionistas. Por tanto, la recomendación número 2 es que se debe moderar el consumo de carne roja y carnes procesadas; es decir, carne que ha sido transformada a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación (como frankfurters, jamón, salchichas, carne en conserva, etc.).

En síntesis, una buena recomendación acerca del consumo de carnes sería incluirlas un máximo de 3 a 4 raciones semanales (una ración de carne es de 100-125 g, peso neto), priorizando las partes magras y moderando la toma de carnes rojas. La ingesta de carnes procesadas debería ser limitada, puesto que hay suficiente evidencia de carcinogenicidad en humanos. Siempre será aconsejable acompañar cada comida con abundantes alimentos de origen vegetal como fruta, verduras u hortalizas, legumbres o frutos secos.

Los diez alimentos que toda mujer debería comer


La alimentación debe adaptarse siempre a la etapa que se esté viviendo, desde la niñez y la adolescencia hasta la menopausia y más allá. En cualquiera de estas etapas existen alimentos que deben incorporarse por sus múltiples propiedades y beneficios para la salud.

· Lechuga: aporta muy pocas calorías dado su alto contenido de agua (90-95%), es rica en vitaminas como betacaroteno, ácido fólico, vitamina C, minerales como potasio y magnesio, y fibra, que favorece el funcionamiento intestinal.

· Perejil: es rico en potasio, magnesio, calcio y vitaminas A, B y C y tiene infinidad de usos, tanto en platos calientes como en platos fríos y ensaladas.

· Tomate: posee un antioxidante conocido como licopeno que podría estar asociado a un menor riesgo de sufrir cáncer de mama. El mismo se libera sobre todo al cocinarse y se aprovecha más cuando se acompaña de algún tipo de aceite. Además, es rico en potasio, magnesio y vitamina C.

· Manzana: uno de sus beneficios es que puede consumirse con cáscara, lo cual aumenta su aporte de fibra gracias al contenido de pectina presente en la misma. Esta fibra cumple un papel protector frente al cáncer de colon. Además, es rica en agua y posee antioxidantes que actúan contra los radicales libres, responsables del envejecimiento celular.

· Lácteos: los lácteos son fuente por excelencia de calcio, no solo por su alto contenido, sino también por la facilidad con la cual es absorbido por el organismo. Este mineral previene la desmineralización ósea y su aporte es esencial para el desarrollo de huesos y dientes fuertes. Además, son fuente de proteínas de alto valor biológico. Y pueden consumirse descremados para reducir grasas y calorías. En el mercado también se encuentran leches fortificadas con hierro (cuyos requerimientos aumentan en la mujer en edad fértil), y omega 3 (ácido graso esencial recomendado durante el embarazo y la lactancia)

· Carnes: son fuente importante de hierro, que ayuda a prevenir la anemia, y proteínas de alto valor biológico. Brindan buena cantidad de vitaminas del complejo B, que pueden reducir el riesgo de infertilidad y aborto involuntario. Y reducen el riesgo de sufrir náuseas durante el embarazo.

· Ananá (piña): es una fruta con alto contenido de agua por lo que resulta depurativa y diurética, además de ser muy baja en calorías. Previene el estreñimiento gracias a su contenido de fibra. Es rica en vitamina C, B1, B6, ácido fólico y potasio.

· Zanahoria: se destaca sobre todo por poseer betacaroteno, sustancia con infinidad de beneficios como protección contra el desarrollo de algunos tipos de cáncer, protección para las arterias, el sistema inmunológico y las infecciones. Además, es beneficioso para la vista y la formación de huesos y glóbulos rojos.

· Leguminosas: aportan vitaminas del complejo B, fibra y antioxidantes. Su consumo es importante a lo largo de toda la vida. Sin embargo, el contenido en fitoesteroles de la soja, la convierte en un alimento muy recomendable durante la menopausia, ya que contiene una proteína llamada genisteína, que ayuda a mantener la integridad ósea, prevenir el desarrollo de cáncer y reducir el riesgo de enfermedad cardíaca.

· Pescados azules (salmón, atún, sardina): son la fuente principal de DHA, un ácido graso esencial de la familia de los omega 3. Esta es una grasa importante para el desarrollo de la visión y el sistema nervioso del bebé durante el embarazo. También protege al niño durante la lactancia. Además, ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares y disminuye el riesgo de padecer Alzheimer y deterioro cognitivo.