2 de marzo de 2018

Masticar la comida más despacio sí ayuda a bajar de peso

Tomado de: www.nacion.com

Bajar la velocidad al ritmo con el que usted mastica sus alimentos, dejar de comer al menos dos horas antes de ir a dormir, y no comer cuando no se tiene hambre sí ayuda a bajar de peso.

Estas son las conclusiones de un estudio realizado por la Universidad de Ciencias Médicas Kyushu, en Fukuoka, Japón. Los resultados se publicaron en la revista BMJ Open.

Para ello, Haruhisa Fukuda, coordinador de la investigación, revisó análisis médicos de 60.000 personas que acudieron a citas nutricionales entre 2008 y 2013.

La información revisada incluía no solo el programa nutricional de la persona, sino también su índice de masa corporal (relación entre tamaño y peso utilizada para determinar si una persona tiene sobrepeso u obesidad), medición de la circunferencia de cintura (para determinar si el paciente tenía obesidad abdominal), y exámenes de sangre, orina y función del hígado.

Durante sus sesiones, a los participantes se les preguntaba acerca de su estilo de vida, como su comportamiento a la hora de comer, dormir y su uso de bebidas alcohólicas y tabaco.

Dentro de los hábitos a la hora de comer, se les preguntaba a qué velocidad masticaban, y si comían algo dos horas o menos antes de ir a dormir, si comían cuando no tenían hambre y si se saltaban el desayuno.

Al inicio del estudio, 22.070 personas comían muy rápido habitualmente; 33.455 ingerían sus bocados a una velocidad moderada y 4.192 decían alargar cada bocado.

Este último grupo tendía a menos sobrepeso, pero también mostraba un estilo de vida más saludable en otros aspectos, como ingerir más frutas y verduras y menos frituras, y hacer más actividad física.

Al final del estudio, poco menos del 52% bajó el ritmo de su velocidad al masticar.

Fukuda vio que las personas que comían a una velocidad moderada tenían un riesgo de 29% de ser obesos, en comparación con quienes comían a velocidad rápida, pero las personas que ingerían de forma lenta los alimentos tenían un riesgo un 42% menor que quienes comían rápido.

¿A qué se debe? Comer rápido se ha asociado anteriormente con desequilibrios de glucosa y resistencia a la insulina. Esto puede darse porque a quienes comen más rápido les toma más tiempo sentirse satisfechos y comen más de lo que deberían. Quienes se alimentan despacio, por su parte, hacen que el cerebro reciba a un ritmo más adecuado que ya tienen la suficiente cantidad de nutrientes y por ello no comen de más.

El cenar o comer un bocadillo justo antes de dormir (o a la mitad de la noche, si una persona se despierta con hambre) también se vio que aumentaba el riesgo de obesidad en cerca de un 40%, pero saltarse el desayuno no evidenció un cambio significativo.

"Cambiar los hábitos a la hora de ingerir nuestros alimentos puede tener beneficios no solo para nuestro peso, también para nuestra salud. Un peso saludable baja el riesgo de otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión", manifestó Fukuda en un comunicado de prensa.

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