4 de mayo de 2018

A reflexionar y actuar: ¡cuidemos la salud de niños y jóvenes!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

La semana pasada la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) divulgó una información que a mí en lo personal me preocupó bastante: cerca de 26 mil menores de quince años tuvieron, durante el 2017, una consulta en los diferentes servicios por problemas de obesidad. ¡26 mil!

Si lo pensamos, tener que asistir a citas médicas en realidad nunca es bonito. Pero a eso estamos sentenciando a estos niños y jóvenes desde esas edades. Les estamos restando calidad de vida por no cuidar sus hábitos. Y el problema mayor es que no es solo una cuestión de peso, son todas las posibles complicaciones de salud que pueden llegar a padecer (o que ya están padeciendo).

La CCSS tiene programadas diversas estrategias para trabajar en este tema, y desde el Ministerio de Educación se ha modificado el menú en los comedores escolares pensando en combatir también el problema de la obesidad y procurando una buena alimentación para los niños (aún así hubieron y hay todavía críticas ante esos cambios). Pero además de esas iniciativas es necesario un cambio de mentalidad en los adultos a cargo.

Nada ganamos con que en las escuelas se sirvan porciones y alimentos adecuados, si en casa se les da comida chatarra, bebidas gaseosas o en general no se procura una alimentación variada y balanceada. 

Por ejemplo, en estos días tuve la oportunidad de ir al cine, y me puse a observar lo que comían los niños y jóvenes. Ya sea que lo compren ellos o sus padres (o encargados), en algunos casos eran porciones muy grandes, o por ejemplo: bebida + palomitas + nachos + chocolates. 

Tal vez pensemos que una sola vez que coman eso no hace daño (y es cierto) pero hay que tomar conciencia de si realmente solo está ocurriendo esa vez, o además saliendo del cine hay comida chatarra, o a los dos días, o en las meriendas que se les envían o en los alimentos o bebidas disponibles en casa.

Recordemos que todos aprendemos nuestros hábitos en casa, así que lo que ellos estén haciendo mal viene por culpa nuestra, ya sea porque es lo que se les ha enseñado, o porque no ha habido preocupación por modificar esas conductas. Lo importante es que ¡nunca es tarde para empezar!

Comecemos a revisar la alimentación en casa y nuestras costumbres. Tengamos más frutas y vegetales disponibles, y menos papitas o gaseosas. Si tenemos poco tiempo para preparar alimentos, busquemos opciones rápidas y saludables en lugar de rápidas y chatarra. Limitemos el tiempo frente a televisores y celulares y motivemos a hacer ejercicio (o al menos no pasar sentados o acostados todo el tiempo). Enseñémos que tomar un vaso de agua es rico, bueno y necesario, y que no todo lo que vamos a beber tiene que estar cargado de azúcar. Es un proceso en el que va a ganar toda la familia.

Tomemos en cuenta además, que aunque en apariencia no notemos un problema de peso, si la calidad de la alimentación no es adecuada, igualmente pueden haber problemas de salud.

Los invito a que revisemos a conciencia el estilo de vida de los niños y jóvenes a nuestro alrededor. No los llevemos a una vida de citas médicas, padecimientos y medicamentos, si tenemos en nuestras manos la posibilidad de ayudarles a tener una buena salud por mucho tiempo.

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