29 de junio de 2018

Pensemos en los alimentos antes que en los suplementos

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Navegando en redes sociales me encuentro con gran cantidad de anuncios de suplementos: de proteína, de omega 3, de vitaminas específicas, de multi vitamínicos, antioxidantes, aminoácidos, entre otros. Incluso entre conocidos míos veo que es frecuente el consumo de este tipo de productos. Y por eso quiero dedicar a este tema la publicación de esta semana.

No vamos a decir que este tipo de suplementos sean inútiles o que no funcionen. Hay casos en los que pueden resultar útiles o pueden ser realmente necesarios.

Pero antes de decidir si comprar o no este tipo de productos, es importante primero hacer un análisis de nuestros hábitos y nuestra alimentación. Ya que los nutrientes que aportan los suplementos, también se pueden obtener de alimentos, primero deberíamos conocer cuánto estamos consumiendo naturalmente con nuestra dieta, para saber si es realmente necesario o no.

No vamos a negar que comprar este tipo de productos tiene un costo económico, y no necesariamente por consumir más cantidad el cuerpo lo va a utilizar más. En muchos casos simplemente se desecha lo que no se utiliza. Imaginen el desperdicio de dinero que puede resultar si tomamos un producto que en realidad no necesitamos.

Por otro lado, en muchos casos las personas que buscan estos suplementos practican ejercicio pero no le prestan atención a su alimentación diaria. Entonces sí, cuidan la actividad física, sí consumen sus suplementos, pero tal vez comen mucha comida chatarra, no consumen frutas o vegetales o toman mucho licor, que entre otros hábitos, pueden afectar los resultados que obtienen. Entonces en estos casos, sería mejor primero mejorar la dieta diaria, y luego determinar cuáles suplementos sí son necesarios y cuáles no. Porque recordemos: está bien tratar de lograr nuestros objetivos, pero también es importante cuidar la salud, y una buena alimentación es parte de ello.

No debemos olvidar también que si bien puede ser que el consumo de algunos suplementos no nos produzca ningún daño más allá de una pérdida de dinero, sí pueden llegar a aparecer efectos adversos por un consumo excesivo de nutrientes específicos.

Con todo esto no quiero decir que no se deba consumir ningún suplemento. Pero sí debemos tomar más conciencia al hacerlo. Debemos analizar si es realmente necesario, y sobre todo debemos asesorarnos con profesionales sobre la cantidad que requerimos y no tomarlos por la libre. 

Pensemos primero en los alimentos que comemos, en si nos están aportando lo que necesitamos o no y si debemos hacer cambios, y luego pensemos en productos que complementen nuestra alimentación (no que la sustituyan).

Dieta y culpa, difícil convivencia


Empezar y no saber cuándo parar es la esencia de las tentaciones. Nos bombardean la tele, las góndolas de los supermercados y los kioscos. La pulsión es fuerte. "Los sentidos son la puerta de entrada de calorías", dice mi colega argentina Mónica Katz. Es por eso que las dietas que eliminan por completo grupos enteros de alimentos generalmente fracasan y los rebotes de peso y vaivenes de emociones son mucho más peligrosos que el sobrepeso en si mismo.

Aquí estrategias para repensar la forma, el tiempo y la cantidad que comemos:

1. Usar todos los sentidos

Comer es una experiencia sensorial en la que no solo interviene el gusto. Si nos damos el tiempo de 'llenar' la vista, el olfato y el tacto con lo que vamos a comer es probable que tengamos una sensación de saciedad mayor que si solo satisfacemos el gusto.

2. Arriba los permitidos

La saciedad es clave. Los humanos tendemos a comer más de lo que necesitamos. En parte por eso que los especialistas llaman el "instinto del mono completador" (almacenar para cuando no haya más), pero sobre todo porque estamos emocionalmente ligados a la comida. Lo que nos gusta es lo que más comemos. Por eso prohibir los permitidos es tan ineficaz. El inconsciente siempre se venga y para quien castiga sus cenas dejando de lado todos sus deseos, la revancha casi siempre viene de la mano de un atracón. Por otra parte, tampoco es negocio tener la alacena o la heladera llena de opciones permitidas porque la tentación es difícil de resistir .

3. Aprender a elegir

La selección es otra de las armas contra el instinto devorador. Como compramos va a determinar cómo comemos. Y, en términos nutricionales, el supermercado es mucho más peligroso que la selva.

4. Comer en familia

Recuperar las comidas caseras y sociales. Se dice que comer en soledad hace mal. Es más probable que solos nos salteemos el paso de saborear el plato permitido, comamos más rápido y, sin la mirada del otro, no paremos hasta terminar la fuente.

5. Ajustar porción a un plato

La tentación va de la mano de la variedad. Cuanto más haya para comer, más comeremos. Las porciones del principal y la guarnición deben entrar en un plato normal y no rebasarlo y hay que saber decir que no a los tenedores libres.

Comer casero, sin culpa, en porciones adecuadas, despacio, de buena calidad, saborear y disfrutar, planificar y comprar bien, son algunas de las premisas para cuidar el peso, resistir las tentaciones y seguir viviendo a la comida como un placer.

Hambre o apetito. ¿Sabes por qué comes?

Tomado de: elmundo.es

Parecen palabras sinónimas, pero la diferencia entre hambre y apetito es abismal y decisiva para nuestra salud. El hambre es una necesidad fisiológica de alimento. Así de simple. El apetito, sin embargo, es un impulso instintivo muy potente que contiene muchas emociones. Es el causante de que nos arrojemos a la comida buscando en cada bocado la compensación a un disgusto, al sentimiento de soledad o a una situación que nos está generando ansiedad, estrés y malestar. 

El genetista Marcelo Rubinstein, experto en obesidad e investigador del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética de la Universidad de Buenos Aires, dice que hemos hecho de la comida un "lubricante social" con el que tratamos de dulcificar nuestro aburrimiento, frustración o vacío. Y es verdad que varias investigaciones han constatado ese efecto calmante de algunos alimentos, sobre todo si son ricos en azúcares o grasas, ya que activan nuestro circuito cerebral de recompensa y placer.

Por eso pecar de gula es tan común. ¿A quién no le ha llevado la ansiedad a comer alguna vez a deshoras, a picar de forma compulsiva o a saquear la cocina? Estefanía Schoendorff y Tania Mesa, responsables de la Unidad de Nutrición de la clínica Neolife, aconsejan diferenciar correctamente hambre y apetito para saber por qué comemos. Es el modo de evitar desequilibrios nutricionales que pueden dar lugar a sobrepeso, obesidad y enfermedades relacionadas, como diabetes o cardiopatías. Estas son, a su juicio, algunas señales:
  • Mientras que el hambre se conforma con cualquier alimento, el apetito es selectivo, aparece de forma repentina y urgente, unido casi siempre a una emoción. Es un deseo que fija su atención en una pieza de bollería, un trozo de pizza, unas palomitas... No admite alternativas que podrían ser mucho más saludables y tampoco aparece la sensación de saciedad. El cerebro no se siente satisfecho y sigues comiendo, como si tuvieses un hueco interminable en el estómago.
  • Este episodio de atracón termina con un sentimiento de culpabilidad o tristeza. La comida no ha cubierto ni tus necesidades fisiológicas ni tampoco emocionales. Eso sí, habrás sumado un buen puñado de calorías innecesarias, no nutritivas, y exceso de grasa para tu organismo.
  • El apetito te lleva a engullir con rapidez y sin que apenas te importe demasiado lo que te llevas a la boca, a veces hasta llegar a la indigestión. Ese vacío o tensión interna que te carcome ni siquiera te permite masticar adecuadamente o saborear el alimento.
  • En situaciones de estrés te lanzas, casi como un reflejo, a la búsqueda de algo que llevar a la boca. De hecho, esta es una de las causas más probables de la obesidad, según investigadores del Hotchkiss Brain Institute (HBI), de la Universidad de Calgary (Canadá), que observaron que las ratas hacen más acopio de comida en situaciones de estrés.
  • Curiosamente, del mismo modo que comes de manera compulsiva, puedes pasar a la abstinencia casi de un modo inconsciente. Este comportamiento puede tener efectos muy perniciosos para el equilibrio biológico.
¿Por qué es tan complicado frenar el impulso de comer sin freno? 

La presentadora de televisión Oprah Winfrey lo ha conseguido. Dice que, mientras preparaba sus memorias, empezó a ser consciente de cómo estaba usando la comida sin control como mecanismo de defensa para calmar su dolor psíquico y sus traumas de la infancia. Después de un rosario de regímenes y episodios disparatados, decidió cambiar las dietas alimenticias por la psicológica y aprendió que había otro modo de enfrentarse con la comida. La clave, según ella, está en preguntarte si realmente tienes hambre. Y esperar. En veinte minutos puede que hayas matado el gusanillo.

Por salud, y de paso para evitar que la báscula se desorbite, las expertas insisten en que es importante intentarlo. La primera recomendación sería enriquecer nuestros platos con alimentos que ayudan a levantar el ánimo gracias a su aporte vitamínico, como las verduras, naranja, yogur natural y, por qué no, un pedacito de chocolate. Deberíamos también aumentar la cantidad de proteína, por su doble efecto saciante y supresor del apetito. Las lentejas, la soja, el huevo, los guisantes y los granos entero son fuentes de proteína muy aconsejables. Conviene además ajustar la cantidad a la intensidad del hambre, convenciéndonos de que, la mayoría de las veces, ni siquiera es hambre. Y comer a un ritmo moderado, disfrutando de cada bocado. Según un estudio publicado en Endocrinología Clínica y Metabolismo, este hábito ayuda a la liberación de hormonas que envían a tu cerebro el mensaje de no comer más. 

Es verdad que la variedad de caprichos a nuestro alcance puede resultar demoledora para nuestras buenas intenciones. La grelina, la hormona del hambre, se dispara con solo mirar algo apetitoso o de olor agradable. ¿Qué podemos hacer en estos casos para que nuestro estómago deje de rugir? El truco más simple es beber agua o una infusión. A menudo una pequeña deshidratación se confunde con la sensación de hambre, cuando realmente el organismo solo necesita líquidos. Unos minutos más tarde, la tentación se habrá esfumado. Por último, dormir y tratar de reducir el estrés. La falta de sueño eleva los niveles de grelina, la hormona que estimula el apetito, y reduce la leptina, responsable de la sensación de saciedad

Dietas para perder mucho... tiempo

Por EROSKI CONSUMER / Tomado de: www.consumer.es

Hay casi tanta variedad de dietas como de alimentos. Conocemos unas cuantas a través de las personas famosas, las revistas del corazón, los libros y la publicidad, que muchas veces promueven métodos poco fiables para perder el peso con rapidez. Las llamadas "dietas milagro" carecen de algunas sustancias necesarias para estar sanos y tienen exceso de otras que pueden suponer un peligro para la salud. Las dietas extremas y no aptas son muchas más de las que cabría imaginar y llegan a propuestas tan descabelladas como beber agua de mar o combinar el ayuno y el café. A continuación, repasamos tres de ellas a las que se recomienda no acercarse, ni siquiera a modo de prueba.

1. Dieta detox

En medicina se entiende que desintoxicar es el proceso que permite eliminar sustancias nocivas del organismo, como los narcóticos. No obstante, para la medicina alternativa, las toxinas son algo más metafísico e inasible y, en el caso de las dietas desintoxicantes, si para algo sirven es para perder dinero, como alertó un estudio de la Universidad RMIT (Australia) en 2007. Muchas de ellas se basan en comprar carísimos complementos dietéticos o en hacer caso a falsos gurús que cobran un dineral por sus infundados consejos, tal y como detalla una revisión que se publicó en 2012 en British Medical Bulletin.

Estos regímenes, además, nos alejan de una dieta saludable, nos hacen confiar en terapias alternativas dudosas (como advirtió un estudio de International Journal of Health Sciences), pueden provocar problemas de colon y promueven el consumo de vitaminas o suplementos cuyos resultados, en la mayoría de los casos, son "decepcionantes", según una investigación de la Agency for Healthcare Research and Quality de Estados Unidos.

2. Dietas con nombre (o apellido)

Las dietas Dukan y Atkins se caracterizan por un consumo de proteínas muy elevado. La principal diferencia entre ambas es que la Dukan reduce al mínimo la ingesta de hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, etc.), mientras que la Atkins no es tan estricta en dicha restricción. Sus promotores aseguran que estas dietas obligan al organismo a consumir sus propias reservas (primero de glúcidos y más tarde de lípidos) y a eliminar el exceso de proteínas sobrantes, lo que en teoría adelgaza.

Sin embargo, la pérdida de peso inicial se debe sobre todo a la pérdida de líquido, ya que con ese tipo de dietas se hace trabajar más al riñón (para deshacerse del exceso de proteínas), produciendo mayor cantidad de orina. De forma prolongada, la ingesta elevada de alimentos de origen animal, con alto aporte de grasas saturadas, genera problemas cardiovasculares. Además, ese exceso de proteínas continuo en el tiempo sobrecarga el hígado y el riñón, altera el metabolismo hidroeléctrico, el metabolismo óseo y las funciones renales y endocrinas y puede derivar en osteoporosis, depresión e, incluso, ataques de gota.

3. La dieta del único alimento
No es infrecuente encontrar dietas basadas en un solo alimento, con el señuelo de que es una pauta sencilla de seguir. Desde un punto de vista dietético, resulta irracional e inexplicable. Propuestas como la dieta de la piña o la dieta de la alcachofa se llaman así cuando podrían haberse llamado "la dieta de la fruta" o "la dieta de las verduras". Se centran en productos concretos basándose en su presunta función "especial" o propiedades "purificadoras", "depurativas", "quemagrasas" o "eliminadoras de líquidos"; palabrería pseudocientífica que no describe ningún proceso real. Sus promotores enfatizan la ausencia de ciertos elementos o propiedades: que son bajos en calorías o apenas tienen grasa. Pero un estudio de American Journal of Medicine, publicado en 2016, advierte de que las dietas bajas en grasas son las peores para adelgazar.

Más allá de la restricción calórica, que suele ser excesiva, resulta más preocupante el hecho de que es imposible ingerir todos los nutrientes y la energía que se necesita a partir de uno o unos pocos alimentos, lo que hace que seguir estas dietas sea una irresponsabilidad. Conllevan la ausencia casi total de proteína y grasa (en el caso de pautas que solo añaden fruta y verdura) o una ingesta mínima de micronutrientes, ya que no hay un aporte de minerales y vitaminas suficientes. Inculcan la idea errónea de que se puede adelgazar de forma sana y rápida o de que hacerlo no implica ninguna clase de planificación, establecimiento de objetivos o una pauta personalizada.

22 de junio de 2018

¿Busca perder peso? Cuidado con estos 4 mitos

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Cuando se busca perder peso es normal querer ver resultados rápidos. Pero debemos tener cuidado con tanta información disponible en la actualidad. En el mejor de los casos, las soluciones "mágicas" simplemente no funcionan, pero también puede suceder que tengan algún impacto en nuestra salud.

Yo soy partidaria de que la mejor opción es hacer un cambio en nuestros hábitos y estilo de vida. Así que quiero referirme a 4 mitos o creencias existentes, relacionadas con la pérdida de peso.

1. Para perder peso hay que pasar hambre.

La semana pasada me referí al tema de que para perder peso no hay que hacer reducciones drásticas en el consumo de calorías (Perder peso es más que restar calorías), pero aprovecho de nuevo para recordarlo: no debemos ni comer porciones mínimas, ni tampoco saltarnos comidas.

Pasando hambre logramos perder peso a corto plazo (y lo que perdemos es músculo y agua), pero en el largo plazo en realidad no vamos a ver los mejores resultados. Y obviamente pasando hambre no le vamos a dar a nuestro cuerpo los nutrientes que necesita y no lo vamos a mantener sano.

2. Para perder peso hay que dejar de comer harinas (u otro grupo de alimentos o nutrientes específicos).

Lo más común que escuchamos actualmente: la forma de perder peso es quitar las harinas o los carbohidratos y comer más proteína y grasa. Es un método que puede funcionar, pero no quiere decir que es la única manera de deshacernos de unos kilos de más.

Podemos perder peso (y perder grasa) comiendo TODOS los grupos de alimentos. Puede ser que a corto plazo se vean resultados más rápidos eliminando algunos, pero en el largo plazo los resultados que se pueden obtener son muy similares.

Debemos pensar si es un método sostenible y compatible con nuestros gustos y preferencias. Además de pensar que pueden haber efectos adversos, y que debemos asegurarnos de estar recibiendo todos los nutrientes necesarios a pesar de la exclusión de ciertos alimentos.

3. Se puede perder peso con alimentos o bebidas que van a "quemar" la grasa.

Ya sea alimentos específicos como el apio o la piña, o batidos (comerciales, verdes u otros), ningún alimento o bebida por sí sola va a hacer que nuestro cuerpo se deshaga de la grasa. Si fuera así de simple nadie en el mundo tendría problemas por exceso de peso.

Puede ser que ofrezcan otros beneficios, como ayudar a prevenir la retención de líquidos, favorecer la digestión por su aporte de fibra, también por su aporte de fibra brindan más saciedad (y así ayudan a regular el apetito). Pero no van a "quemar" la grasa con solo consumirlos. De hecho si no hacemos un cambio en nuestros hábitos de alimentación y no hacemos ejercicio, no vamos a ver resultados.

4. Los productos "quemagrasa" son la solución para perder peso

Respecto a estos productos lo más sencillo que les puedo decir es que todos siempre tienen una leyenda que indica que su uso debe ir acompañado de dieta y ejercicio. 

Al igual que les mencioné en el apartado anterior, estos productos tampoco "queman" la grasa por sí solos. En caso de que efectivamente tengan compuestos que favorecen la pérdida de grasa, lo que van a hacer es potenciar el efecto de una adecuada alimentación y la actividad física. O sea que estos siguen siendo la clave.


Lo que siempre le digo a mis pacientes: los kilos de más no se ganaron de un día para otro. De la misma forma, no se van a perder de un día para otro. Pero con un estilo de vida saludable, constancia y paciencia (no con métodos rápidos o "mágicos") ¡se puede lograr la meta! Y sobre todo, cuidamos la salud.

Los alimentos que ayudan a paliar los dolores de la menstruación

Tomado de: www.abc.es

Las legumbres, frutos secos o los aguacates son fuente de vitamina B6, «la encargada de fabricar serotonina, la llamada hormona de la felicidad, que puede ayudar a la mujer a paliar los dolores menstruales», según el catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Murcia, Gaspar Ros Berruezo.

También, las carnes rojas, huevos y pescados aportan hierro, «lo que permitirá mantener los niveles adecuados de este mineral (60 a 170 mcg/dL) y evitar una posible anemia si la menstruación es abundante», ha explicado.

«La actuación de los estrógenos y la progesterona marcarán los cambios hormonales que experimente la mujer. De ellos dependerán tanto el ciclo menstrual y el embarazo como la menopausia», ha señalado.

Estos cambios pueden generar alteraciones que se manifiestan en una sintomatología diferente en cada etapa fisiológica, y durante la menstruación, entre el 25 y 60 por ciento de las mujeres pueden sufrir dolores abdominales o dismenorrea y un 10 por ciento anemia por déficit de hierro, ha argumentado.

El embarazo, «un proceso natural en la vida de la mujer, en ocasiones, puede dar lugar también a sintomatología, como por ejemplo cansancio, varices, hinchazón o hemorroides».

«Dependiendo de las analíticas, podremos variar el menú tanto para conseguir un buen estado de salud de la madre, como para ayudar al crecimiento del feto. Para obtener vitaminas A y C, potasio y fibra es recomendable ingerir verduras y frutas. Las carnes, pescados, huevos y frutos secos aportan proteínas, hierro, y vitaminas del grupo B. Los lácteos ofrecen un aporte extra de calcio y fósforo; mientras que el pan, los cereales y el arroz serán fuente de hidratos de carbono», ha continuado.

La menopausia llega, por término medio, entre los 45 y 53 años, y en el 85 por ciento de los casos la mujer sufre algunos síntomas asociados. Entre los más comunes, se encuentran los sofocos, las alteraciones del sueño o la irritabilidad.

«Es recomendable aumentar el aporte de alimentos de origen vegetal debido a su contenido en fitoestrógenos, que ayudarán a controlar los síntomas», apunta este especialista. La pérdida de densidad ósea es otra de las manifestaciones clínicas que más preocupa. En estos casos, una dieta rica en calcio o en suplementos, junto al ejercicio físico, puede ser de gran utilidad.

«En cuanto a los factores para la prevención de la osteoporosis, las recomendaciones actuales son: mayor consumo de calcio, fósforo, magnesio y flúor; proporcionar vitamina D adecuada (incluso con alimentos enriquecidos si es necesario); consumo de alimentos ricos en ácidos omega-3; reducción de sal; una ingesta suficiente pero moderada de proteínas y, en ausencia de intolerancia, promover el consumo de leche y productos lácteos, especialmente yogur y productos lácteos fermentados», añade Ros.

Este profesor de la Universidad de Murcia concluye que «lo importante es seguir una dieta variada y equilibrada y ofrecer al consumidor la información práctica. No tenemos que prescindir de ningún alimento. No hay alimentos prohibidos. Todos, cada uno en su momento, tienen un lugar en nuestra dieta».

Más de una copa al día aumenta el riesgo de cáncer

Tomado de: www.larazon.es

El riesgo de mortalidad y de desarrollar algunos tipos de cánceres aumenta en aquellas personas que toman más de una bebida alcohólica al día a lo largo de su vida, según un estudio publicado en la revista especializada PLOS Medicine recogido por Efe.

Los investigadores analizaron si el peligro de mortalidad o de sufrir un cáncer difería entre las personas con diferentes cantidades de ingesta de alcohol a lo largo de toda su vida, utilizando datos de 99.654 personas de Estados Unidos.

El equipo liderado por Andrew Kunzmann, de la Universidad Queen’s de Belfast (Irlanda del Norte), estudió los casos de estas personas durante un promedio de 8,9 años, y el consumo de alcohol se midió a través de un cuestionario hecho entre 1998 y 2000.

Durante el estudio, se produjeron 9.559 muertes y 12.763 cánceres primarios entre los participantes.

Los analistas observaron la conocida como curva en J, muy habitual en medicina, que denota que la mesura y la prudencia es la opción óptima.

Así, en comparación con los bebedores ligeros (1-3 bebidas por semana), aquellos que consumían una bebida alcohólica a la semana (bebedores infrecuentes), además de los que tomaban entre 2 y 3 al día y más de 3 diarias registraron más fallecimientos durante el periodo estudiado.

Este hallazgo, sugiere, según los autores, algún tipo de efecto protector del consumo moderado alcohol, particularmente en muertes por enfermedades cardiovasculares.

Por el contrario, el riesgo de cáncer y de mortalidad relacionada con esa enfermedad sí aumentó de manera lineal con el consumo de alcohol durante toda la vida.

Además, los bebedores moderados de por vida tuvieron el menor riesgo combinado de mortalidad y desarrollo de cáncer.

"Este estudio proporciona una mayor comprensión de la compleja relación entre el consumo de alcohol, la incidencia del cáncer y la mortalidad por enfermedades y puede ayudar a informar las directrices de salud pública", concluyeron los autores.

Grasas y carbohidratos juntos causan una respuesta similar a las drogas


Hay momentos en los que se nos hace realmente difícil evitar echar mano a esa pieza de bollería con chocolate del supermercado, o a ese dónut que vemos expuesto en el bar, mientras tomamos el café. Ahora un estudio de la Universidad de Yale que se acaba de publicar en Cell Metabolism ha demostrado que hay una explicación científica a ese impulso.

Según la investigación, cuando se dan en un mismo alimento la grasa y los carbohidratos, nos resulta más gratificante que si el alimento solo contiene uno u otro elemento. “Cuando se combinan ambos nutrientes, el cerebro parece sobreestimar el valor energético de la comida”, ha apuntado Dana Small, directora del Centro de Investigación en Fisiología y Dietas Modernas de la Universidad de Yale, a The Independent.

Para entender el mecanismo hay que explicar que el proceso biológico que regula la asociación de alimentos con su valor nutricional ha ido evolucionando a lo largo de los años para que tomemos decisiones correctas. “Por ejemplo, un ratón no debería arriesgarse a exponerse a un depredador si un alimento proporciona poca energía”, comenta Small. “Sorprendentemente, los alimentos que contienen grasas e hidratos de carbono parecen indicar sus potenciales cargas calóricas al cerebro a través de mecanismos distintos”.

Junto con otros especialistas en Alemania, Suiza y Canadá, esta especialista ha evaluado las respuestas neuronales de los participantes en el estudio a las señales de los alimentos, sometiendo a estas personas a escáneres cerebrales mientras se les mostraban fotografías de alimentos con grasas (sobre todo azúcar) y otros con grasas y carbohidratos. Se ha demostrado que los conejillos de indias estaban dispuestos a pagar más por alimentos que combinaban los dos nutrientes, y además estas comidas iluminaban circuitos neuronales en el centro de recompensa del cerebro incluso más que los alimentos favoritos de cada uno, o los más dulces o con más energía.

La fisiología humana aún no ha evolucionado para poder controlar la activación simultánea de las vías de señalización de grasas y carbohidratos; y estos alimentos nos hacen reaccionar como las drogas, según los investigadores. Combinando estos dos nutrientes, la industria alimentaria estaría promoviendo comer en exceso. “Se potencia la recompensa y por lo tanto facilitar la transición a la respuesta habitual como se observa en las drogas de abuso”, dicen.

Esto puede estar dando lugar a las altísimas tasas de obesidad que tenemos hoy en día. “El entorno alimentario moderno está plagado de alimentos procesados con alto contenido de grasas y carbohidratos como dónuts, patatas fritas, barritas de chocolate… Esta potenciación de la recompensa puede ser contraproducente, promoviendo la sobrealimentación y la obesidad”, dice Dana Small.

15 de junio de 2018

Perder peso es más que restar calorías

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Vemos por todo lado tantos productos "light" o cero calorías, que no es de extrañar que terminemos pensando que entre menos calorías comamos es mejor si queremos perder peso. Me pasa en la consulta que a veces me dicen: "pero hasta estoy comiendo menos de lo que usted me mandó y no bajé". O también me han dicho: "pero yo como super poquito, no ceno ni como nada entre comidas, y en el desayuno y el almuerzo son muy poquitas las cantidades".

Lo cierto es, que si bien se necesita una reducción en el consumo de calorías, no es reducirlo hasta más no poder. A pesar de restringir las calorías, debemos procurar que el cuerpo reciba cierta cantidad de energía para poder efectuar sus funciones correctamente.

Pensemos por ejemplo en un carro: si se queda sin gasolina se apaga y listo. Nuestro cuerpo no puede hacer lo mismo, así que si le damos poca energía (tiene poca gasolina disponible) tiene que evitar a toda costa gastar, para poder sobrevivir con lo que se le está dando. O sea, como se dice popularmente, hacemos que el metabolismo "se ponga lento", y más bien no vamos a favorecer una pérdida de peso (y mucho menos vamos a favorecer una pérdida de grasa, si acaso será de agua y músculo).

Así que debemos tener como punto número 1, que el "hacer dieta" nunca debe ser sinónimo de pasar hambre y dejar de comer. Lo que debemos hacer es aprender a elegir mejor las comidas, quizás cambiar las proporciones en que comemos los distintos grupos de alimentos, seguir las porciones indicadas en el plan de alimentación, y no hacer cambios en el mismo solo porque creemos que es mejor. Debemos confiar en el conocimiento del profesional que nos atiende.

Otro punto que debemos tener en cuenta, es que el cambio en la dieta por sí solo no basta. Podemos iniciar con solo el cambio en la alimentación, pero llegará un punto en que el ejercicio se haga necesario (de por sí por salud debería serlo). 

Como les dije antes, no podemos reducir tantísimo las calorías. Y recordemos que nuestro cuerpo perdiendo peso o no, siempre necesita nutrirse, así que tampoco es que podemos llevar la situación hasta comer una cantidad mínima de alimento. Así que si no se puede reducir más el consumo de calorías, debemos aumentar el gasto, y eso lo haríamos a traves del ejercicio (además de los efectos positivos del ejercicio sobre el metabolismo).

Y el punto número 3 que debemos considerar, y probablemente el más importante, es que perder peso no es un asunto independiente y sin relación con la salud. No es algo que podemos hacer de la manera que sea, y no va a tener consecuencias. 

Así que dejemos de lado la idea de comer lo menos posible, de que comer no es compatible con perder peso, de que hay que pasar hambre para ver los resultados. Busquemos la asesoría adecuada, evitemos poner en riesgo nuestra salud (o caer en un ciclo de subir y bajar de peso, que a largo plazo tampoco es favorable). Y pensemos en un cambio de estilo de vida y no en algo que hay que hacer por unos días nada más.

Estos son los 10 mejores alimentos para nuestro corazón

Tomado de: as.com

En el acelerado mundo de hoy en día donde la conveniencia de la comida rápida supera a la cocina casera saludable (que requiere más tiempo y mano de obra), la batalla es proteger nuestro corazón para evitar en un futuro las enfermedades crónicas. Las elecciones que hagas pueden afectar drásticamente la salud de tu corazón, la energía y el control del apetito. Mantén tu corazón en plena forma con alimentos sabrosos, saludables y convenientes para toda la familia: estos son que mejor nos van ayudar.

Sandía: satisface tus ansias de comer con una buena rebanada, deliciosa, baja en calorías, con alto contenido de fibra y una gran fuente de antioxidantes. Ahora que se acerca el verano, será uno de los alimentos de moda. La sandía también suministra citrulina, que puede mejorar la salud de nuestros vasos sanguíneos e incluso puede tener beneficios para las personas con disfunción eréctil y diabetes. Asimismo, es una fuente de vitaminas C y A, así como de potasio y magnesio.

Yogur: El yogur protege contra la enfermedad de las encías (gingivitis), lo que puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca. Además, cuenta con poderosos antioxidantes, vitaminas, fibra y probióticos que son beneficiosos para la salud, digestión y bienestar en general. Además, podemos añadirle trozos de fruta o miel para hacerlo más saludable todavía.

Tomates:
Los tomates contienen una dosis muy sólida de vitamina C saludable para el corazón y, al igual que la sandía, es rico en licopeno, esencial para el corazón según la Universidad de Harvard. Una de las claves, para evitar el procesamiento de los tomates si queremos hacer gazpacho o salsas, es prepararlos directamente nosotros, recién comprados de la frutería.

Aguacates: Los aguacates están llenos de grasas monoinsaturadas saludables y son una fuente de potasio, un mineral también conocido por controlar la presión arterial. Si existe un superalimento, es éste. También son una gran fuente de vitamina C, fibra y carotenoides. Estos últimos se han asociado con un menor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

Frutas del bosque: Repletas de antioxidantes, son una excelente opción para mantener tu corazón saludable. Aumentan el colesterol bueno (HDL) y reducen el colesterol malo mientras disminuyen la presión arterial. Además, los frutos secos son bajos en calorías y no tienen grasa, contienen nutrientes que promueven el crecimiento óseo y la conversión de grasa en energía. Por si no es suficiente, contienen polifenoles, que han demostrado aumentar los niveles de óxido nítrico, una molécula que hace que los vasos sanguíneos se relajen.

Nueces: las nueces mejoran las funciones del corazón gracias a las grasas omega 3 y antioxidantes saludables que poseen. Se ha demostrado que comer unos 30 gramos al día mejora la función de los vasos sanguíneos entre las personas con diabetes y también protege a las personas con enfermedades cardíacas o que corren riesgo de padecerlas.

Quinoa: una fantástica fuente de proteína vegetal, por eso cada vez está más de moda. Es mejor para la salud del corazón, la salud del riñón y la presión arterial que la proteína de la carne roja, desde luego. Además, contiene casi el doble de fibra que otros granos, está repleta de antioxidantes y es una buena fuente de grasas monoinsaturadas saludables para el corazón, el mismo tipo de grasa que se encuentra en el aceite de oliva y los aguacates.

Salmón: los estudios demuestran que consumir pescado regularmente cada semana se asocia con un riesgo 30 por ciento menor de desarrollar enfermedad coronaria a largo plazo, quizá por eso los japoneses vivan más. Los omega 3 que poseen los pescados azules también disminuyen la presión arterial y pueden ayudar a prevenir los ritmos cardíacos irregulares, al tiempo que reducen la inflamación en todo el cuerpo.

Guisantes: cocina los guisantes en un plato de pasta o una ensalada, o úsalos solo como un acompañamiento. Los guisantes están cargados de fibra y proporcionan una dulce explosión de sabor y añaden colores brillantes a cualquier plato. También pueden ayudar con el control de peso, un ingrediente clave para mantener un corazón saludable. Una taza de guisantes tiene menos de 100 calorías con una gran cantidad de micronutrientes, fibra y proteínas.

Avena: los granos integrales mantendrán tu corazón saludable y te ayudarán además a mantener un peso ideal, lo que significa una acción saludable para el corazón, necesaria considerando que la obesidad es un factor de riesgo para la enfermedad cardíaca y las complicaciones relacionadas con el corazón.

Fumar y diabetes, vinculados a calcificaciones cerebrales

Tomado de: www.larazon.es

Las personas que fuman o tienen diabetes pueden estar en mayor riesgo de calcificaciones en una región del cerebro crucial para la memoria, según un nuevo estudio cuyas conclusiones se detallan en un artículo publicado en la edición digital de la revista ‘Radiology’.
La demencia es un importante problema de salud pública que afecta a decenas de millones de personas en todo el mundo y uno de los focos de investigación de la demencia ha sido el hipocampo, una estructura cerebral importante para el almacenamiento de recuerdos tanto a corto como a largo plazo. La enfermedad de Alzheimer, el tipo más común de demencia, está asociada con la atrofia del hipocampo.

Los investigadores han planteado la hipótesis de que las acumulaciones anormales de calcio o calcificaciones en el hipocampo pueden estar relacionadas con problemas vasculares que podrían contribuir a la atrofia del hipocampo y el posterior deterioro cognitivo. Sin embargo, la investigación publicada sobre la asociación entre la calcificación del hipocampo y el deterioro cognitivo es limitada. «Sabemos que las calcificaciones en el hipocampo son comunes, especialmente al aumentar la edad», dice la autora principal del estudio, Esther J.M. de Brouwer, geriatra en el Centro Médico de la Universidad de Utrecht, Países Bajos. «Sin embargo, no sabíamos si las calcificaciones en el hipocampo se relacionaban con la función cognitiva», añade.

Los avances en las imágenes han proporcionado oportunidades para explorar el papel de las calcificaciones del hipocampo en la demencia. El desarrollo de tomografías computarizadas cerebrales multiplanar ha permitido distinguir mejor entre las calcificaciones del hipocampo y las calcificaciones en las estructuras cerebrales cercanas, como el plexo coroideo. «Una tomografía computarizada multiplanar permite ver el hipocampo en diferentes planos anatómicos, por ejemplo, de arriba a abajo, de derecha a izquierda y de adelante hacia atrás --dice Brouwer--. Antes de las exploraciones de TC multiplanar, las calcificaciones del hipocampo a menudo se confundían con las calcificaciones del plexo coroideo. Por lo tanto, con las exploraciones de TC multiplanar, las calcificaciones del hipocampo se distinguen mejor de las calcificaciones en otras áreas».

El doctor Brouwer y sus colegas estudiaron la asociación entre los factores de riesgo vascular como la presión arterial alta, la diabetes y el tabaquismo, y las calcificaciones del hipocampo. El equipo también evaluó los efectos de las calcificaciones en la función cognitiva.

El grupo de estudio incluyó a 1.991 pacientes, con una edad promedio de 78 años, que habían visitado una clínica de memoria en un hospital holandés entre 2009 y 2015. Se había realizado a los pacientes un estudio de diagnóstico estándar que incluía pruebas cognitivas y tomografías computarizadas cerebrales. Los investigadores analizaron las tomografías computarizadas para determinar la presencia y la gravedad de las calcificaciones del hipocampo.

De los 1.991 pacientes, 380, o el 19,1 por ciento, presentaban calcificaciones del hipocampo. La edad avanzada, la diabetes y el tabaquismo se vincularon con mayor riesgo de calcificaciones del hipocampo en las tomografías computarizadas. Aunque el estudio no fue diseñado para determinar de manera concluyente si el tabaquismo y la diabetes aumentan el riesgo de calcificaciones del hipocampo, los resultados sugieren fuertemente un vínculo. «Creemos que fumar y la diabetes son factores de riesgo --apunta Brouwer--. En un estudio histopatológico reciente, se descubrió que las calcificaciones del hipocampo eran una manifestación de la enfermedad vascular. Se sabe bien que fumar y la diabetes son factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Por lo tanto, es probable que fumar y la diabetes sean factores de riesgo de calcificaciones del hipocampo».

No hubo un vínculo entre la presencia y la gravedad de las calcificaciones del hipocampo y la función cognitiva; un hallazgo sorprendente --según Brouwer-- con varias explicaciones posibles. «El hipocampo se compone de diferentes capas, y es posible que las calcificaciones no dañen la estructura del hipocampo que es importante para el almacenamiento de la memoria --afirma--. Otra explicación podría ser la selección de los participantes de nuestro estudio, todos provenientes de una clínica de memoria».

Los pediatras recomiendan 60 minutos diarios de actividad física a niños y jóvenes, preferiblemente en familia

Tomado de: www.abc.es

La Asociación Española de Pediatría (AEP) asegura que para que los niños y jóvenes obtengan el máximo beneficio en términos de salud, deben hacer, como mínimo, 60 minutos de actividad física intensa al día y, preferiblemente, en familia. De esta forma, los pediatras resaltan que es necesario «prescribir» la práctica de ejercicio regular, ya que «mejora la calidad de vida y previene la aparición de enfermedades no solo en niños y adolescentes sanos, sino también como parte del tratamiento en niños con enfermedades como la fibrosis quística o el cáncer».

Tal y como explica el doctor Gerardo Rodríguez, coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la AEP y experto en actividad física, la práctica de deporte en familia «refuerza los hábitos del menor». Por eso, «los padres deben dar ejemplo, planificando actividades en familia en las que ellos mismos participen», ha señalado.

Según recuerda la AEP, citando datos de la Encuesta de Salud de España, publicada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el 12 por ciento de los niños de entre 5 y 14 años no realizan ninguna actividad física, existiendo una gran diferencia entre los varones (8 por ciento) y las mujeres (16 por ciento).

«El sedentarismo es un grave problema de salud en niños y jóvenes, equiparable al provocado por otros factores como la hipertensión, hipercolesterolemia y tabaquismo. Sin embargo, socialmente no se le otorga la misma relevancia. Si ponemos tratamiento a un niño con hipertensión, ¿por qué no prescribir ejercicio a uno sedentario?», ha planteado la doctora Gloria Bueno Lozano, presidente de la Sociedad de Pediatría de Aragón, La Rioja y Soria (SPARS) y del 66 Congreso Nacional de Pediatría.

Y es que, como insisten los pediatras, «si la inactividad es causa de enfermedad, la actividad física es la cura». Por ello, piden la incorporación de ejercicio físico en la rutina diaria, que "ha demostrado mejorar la condición física del niño, su salud ósea y cardiovascular, disminuir el riesgo de obesidad, y aumentar el rendimiento escolar y el estado anímico».

Además, recuerdan que también reduce el riesgo de enfermar por cualquier causa en edades más avanzadas. «La osteoporosis es una de las patologías mas frecuentes entre los mayores que se empieza a gestar durante la edad pediátrica», ha puesto como ejemplo el doctor Rodríguez.

En contra de falsas creencias, el especialista ha afirmado que en pacientes con asma, «tal y como ha quedado demostrado», la práctica de actividad física disminuye la presencia de la enfermedad y la gravedad de las crisis. «Los niños con asma, que suponen ya más de un 10 por ciento en España, no solo puede y deben hacer actividad física, sino también practicar deporte de competición sin que eso suponga un problema», ha instado Rodríguez.

En el caso de los niños sometidos a tratamientos frente al cáncer, el doctor recomienda también el ejercicio físico regular, porque «aumenta la capacidad para llevar a cabo las tareas de la vida diaria con mayor facilidad y eficacia». «Las últimas investigaciones indican que el ejercicio regular moderado puede mejorar la función inmune. A ello contribuyen diversos mecanismos, como el aumento del número y la funcionalidad de las células NK, el aumento del número de las células dendríticas, o los efectos anti-inflamatorios del ejercicio regular. Con el ejercicio, se consigue atenuar las consecuencias del tratamiento (sobre todo, de la quimioterapia), y mejorar el bienestar de los niños con cáncer», ha explicado este experto.

Otra población pediátrica en la que los pediatras consideran fundamental el ejercicio para su desarrollo integral es en el caso de los niños con discapacidad física o psíquica, «siempre adaptando la intervención a las circunstancias personales de cada uno». Así, recomiendan actividades acuáticas, ya que además de los beneficios de este entorno por la ingravidez o la temperatura, permite «adaptar fácilmente la actividad a las características de cada niño»

Cómo mínimo, 60 minutos al día

Con el objetivo de obtener el máximo beneficio en términos de salud para los niños y jóvenes sanos, los pediatras aconsejan hacer, como mínimo, 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa, pudiendo repartirse en dos o más sesiones, en su mayor parte aeróbica e intercalando actividades vigorosas para el fortalecimiento muscular y óseo tres veces por semana.

Un aspecto que destacan es entender la práctica de ejercicio físico como «un momento de diversión y de juego». «Por ello son preferibles las actividades en grupo, divertidas y al aire libre que consigan un refuerzo positivo, haciendo posible que se incorporen como 'hábito divertido y saludable' a las actividades cotidianas», detallan.

Por último, creen que lo mejor es hacer deporte en familia. «La familia debe reconocer que es un hábito importante para la salud, ser proactivo, dar ejemplo e incorporarlo como un hábito diario. Hay que darle la importancia que se merece, porque de ello depende la salud futura de la familia», ha concluido el doctor Rodríguez.

8 de junio de 2018

¡No esperemos a que sea tarde para cuidarnos!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En los útimos días tuve la oportunidad de ver algunos pacientes que me hicieron reflexionar sobre la poca importancia que le damos a la prevención, y a un estilo de vida saludable. Tal vez porque normalmente no pensamos que nos vamos a enfermar, o tal vez porque a ciertas edades uno todavía no toma conciencia de la importancia de la salud, y no la cuida como debe ser.

Por ejemplo, ver un joven de alrededor de 25 años, con obesidad, con dificultad para respirar por el mismo exceso de peso, y ya recibiendo tratamiento farmacológico para el colesterol y los triglicéridos. Además tiene problemas de presión alta y está empezando a presentar también problemas para controlar los niveles de azúcar en la sangre. ¡Con solo 25 años!

Igualmente, otros jovenes de edades similiares, que nunca se han realizado un examen de sangre para conocer sus niveles de azúcar, colesterol, triglicéridos, entre otros. Al conversar con ellos me cuentan que son sumamente sedentarios, que consumen con frecuencia mucha comida rápida, dulces, golosinas, snacks; y lo mínimo de frutas y vegetales. Que toman una gran cantidad de bebidas azucaradas, y básicamente el agua no la prueban. 

Y al realizarles evaluaciones de la composición corporal, presentan altos porcentajes de grasa corporal. Esto inclusive en algunos cuyo peso es adecuado o que se ven delgados a primera vista. Y en el caso de la edad metabólica, para muchos el resultado fue ¡del doble de su edad cronológica!

O sea que con base en su estilo de vida, estas personas están "sumando puntos" para una enfermedad crónica, como diabetes o hipertensión (si no es que ya la están empezando a padecer y no se han dado cuenta).

Porque ese es el problema con este tipo de padecimientos: muchas veces no se manifiestan con síntomas claros, sino que para cuando se detectan, puede ser tarde y ya estar en un estado avanzado; en el que los medicamentos se vuelven el tratamiento base, además de requerir un cambio en el estilo de vida. 

Creo que no me equivoco al decir que a ninguno de nosotros nos gustaría tener que pasar tomando medicamentos, en ningún momento de la vida, pero mucho menos a edades tempranas como los 20's. 

Y pensemos aún más allá de la diabetes o la hipertensión. Nuestro estilo de vida es fundamental también en la prevención del cáncer, por lo que todos estos malos hábitos que tienen estos jovenes los están poniendo en un gran riesgo.

No es tan difícil cuidarnos. Se puede moderar el consumo de comida chatarra y bebidas azucaradas, tomar un poco de agua, comer frutas y vegetales que tenemos disponibles todo el año, y movernos un poco. No hace falta el ejercicio a diario por horas, pero sí evitar el sedentarismo (no pasar horas sentado frente a una computadora o el televisor).Y por supuesto también es fundamental hacernos chequeos médicos para actuar a tiempo si es el caso.

Es un ligero esfuerzo ahora, pensando en bienestar y una mejor salud dentro de unos años. Con pequeños cambios vamos a notar la diferencia y nuestro cuerpo lo va a agradecer. ¡Hay que empezar hoy mismo a cuidarnos y no cuando ya es tarde!

Alimentos con triptófano: el secreto para dormir mejor

Tomado de: as.com

Frutas, verduras, pescado azul, legumbres, cereales, frutos secos, alga espirulina, huevos lácteos... te ayudarán a dormir mejor y aportarán al cuerpo nutrientes de manera natural.

A la hora de dormir a muchos les cuesta conciliar el sueño. Bien por preocupaciones, bien por estrés, bien por no saber desconectar… y en muchas ocasiones la alimentación juega una mala pasada, influye y no tenemos en cuenta cómo sacar el máximo partido a los nutrientes.

Para dormir bien es importante introducir en la dieta, especialmente por la noche para relajar el cuerpo y descansar mejor, alimentos con triptófano. Mucho mejor una cesta de la compra saludable que pastillas con química que no es necesaria.

Los alimentos que más triptófano tienen:

-Carne, sobre todo el pavo y el pollo.
Son alimentos ligeros que cocinados con un buen aceite de oliva virgen extra, y pocas salsas para mejorar la digestión, harán buenas digestiones y te ayudarán a descansar.

-El pescado azul, sobre todo el salmón y el atún, son alimentos muy ricos en triptófano que facilitan el descanso. Las grasas que aportan son saludables y al cuerpo le dotan de energía.

-Huevos, han vuelto a ser protagonistas por el aporte de energía y proteína saludable. Vuelven a estar presentes en todas las dietas, ya sea fritos, pero si quieres cenar más sano, sin aceite, puedes comerlos duros, una manera de obtener toda la proteína con menos grasa.

-Lácteos, un clásico que se olvida en muchas ocasiones. Un vaso de leche caliente a la hora de acostarnos, y dormirás mejor. La leche contiene altas dosis de triptófano de manera natural, por eso no necesitarás las pastillas extra que pueden dañar tu estómago.

-Fruta, como el plátano, bananas, piña, aguacate, ciruela, son los alimentos que más ayudan al cuerpo a descansar. Además de aportar al organismo fibra y potasio.

-Verduras, como berros, espinacas, remolacha, zanahoria, apio, alfalfa, brócoli, dátiles, verduras que ayudan a limpiar el estómago y que llegan cargadas de vitaminas y minerales. Ahora para el verano, salteadas, serán una cena perfecta para aligerar digestiones y arrastrar lo que el cuerpo no necesita.

-Frutos secos, como almendras, nueces, pistachos, anacardos… Aportan cantidades de magnesio, omega 3, son saludables aunque en cantidades pequeñas si estás a dieta por el aporte calórico. Ayudan a la digestión y cuidan del organismo de manera natural, protegiendo especialmente el cerebro.

-Chocolate negro, el más puro que encuentres, relaja el cuerpo y éste entra en un estado de felicidad que le ayuda a descansar mejor.

-Cereales, aumentan la secreción de insulina que favorece la transformación de triptófano en serotonina. Favorecen el descanso y si son integrales ayudan también a la digestión.

-Semillas, un clásico para añadir a ensaladas, yogures, sésamo, calabaza, girasol…

-Legumbres, como garbanzos, lentejas, habas, soja… además aportan vitaminas del grupo B (1, 3, 6, 9) y magnesio. ¿Quién no se duerme después de comer una fabada?

-Alga espirulina, mejora el sistema nervioso, relaja. Su aporte de nutrientes, especialmente hierro la hace muy completa para nuestro organismo.

Por qué el deporte ayuda más que el reposo a vencer al cáncer

Tomado de: www.elmundo.es

Se ha demostrado que realizar actividad física durante la terapia mejora algunas poblaciones celulares
Fortalece el organismo para tolerar mejor los tratamientos y atacar al cáncer
El ejercicio consigue reducir algunos de los síntomas comunes de las terapias oncológicas, como la fatiga
En Chicago se acaba de presentar un estudio que relaciona el deporte con menor riesgo de muerte en los supervivientes adultos de cáncer infantil

Tras el último ciclo de quimio, a Juan Francisco (17 años) le flaquearon las fuerzas. Dos meses encamado en el hospital donde estaba ingresado. Sólo se levantaba para ir al aseo. "Me iba cayendo, las piernas no respondían", recuerda. Acostumbrado a recorrer kilómetros y kilómetros en bicicleta, los escasos metros que separaban la cama del aseo suponían un desafío mucho mayor que cualquiera de las competiciones en las que había participado.

Hasta ese momento, las sesiones de quimioterapia sí le habían permitido seguir dando pedales en la misma habitación del hospital. Sorprendentemente, cuando el adolescente le preguntó a su médico si podía ingresar acompañado de su bici, la respuesta fue contundente. No sólo le daba permiso, sino que, como receta, le prescribía mantenerse activo para una mejor recuperación y, efectivamente, a pesar de los dos meses que estuvo sin poder alejarse de la cama, comprobó que sus dosis de actividad física antes, durante y después le dieron algunos puntos de ventaja.

"Durante mucho tiempo se ha aconsejado reposar y apenas moverse para paliar la fatiga, un síntoma muy prevalente en el cáncer y, sin embargo, es todo lo contrario", explica Alejandro Lucía, médico e investigador en Fisiología del Ejercicio por la Universidad Europea de Madrid. "Hacer ejercicio durante el tratamiento ayuda a tolerarlo mejor".

Según este experto, considerado una eminencia en el estudio sobre el deporte y el cáncer infantil, "la quimio, la cirugía y la radio afectan al conjunto de órganos esenciales para movernos: al corazón, que bombea la sangre oxigenada; al pulmón, que la oxigena y a los músculos, que pierden fuerza". El resultado: fatiga y debilidad muscular, dos síntomas propios del tratamiento oncológico que lejos de desaparecer con descanso, se perpetúan en el tiempo y, de hecho, en ocasiones pueden persistir años.

Al contrario que el reposo, el ejercicio sí tiene los principios activos necesarios para contrarrestar esta condición física debilitada y así lo han ido demostrando todos y cada uno de los estudios que van engrosando la literatura científica en esta materia en los últimos 25 años. La población infantil no es una excepción. Tras un programa de entrenamiento físico (basado en ejercicios de fuerza y aeróbicos) instalado en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid y dirigido a pequeños con leucemia durante el tratamiento (como el caso de Juan Francisco), Alejandro Lucia y su equipo multidisciplinar comprobaron "un significativo aumento de fuerza muscular y mejor condición física; la respuesta del corazón y los pulmones era superior". 

Resultados que esperan replicar también en otro tipo de tumores, en los que se prevé seguir estudiando en profundidad la relación entre el deporte, la progresión del tumor (marcadores biológicos) y la respuesta inmune. Para ello cuentan con una beca de 63.000 euros de Unoentrecienmil. La idea, insiste Alejandro Lucia, Premio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte 2016, "es dar más fuerza a la necesidad de incorporar el ejercicio físico como terapia coadyuvante en el tratamiento integral del cáncer infantil. Es decir, llevar esta herramienta a más hospitales".

De momento, sólo el Hospital Niño Jesús cuenta con este servicio y Juan Francisco ha podido aprovecharlo. Salvo la última sesión de quimio, el resto pudo compaginarlas con rutina deportiva en el gimnasio y con su bicicleta. Como él mismo relata, "lo que yo he pasado y mi curación ha sido de libro... Ya me decían que hacer ejercicio venía muy bien para que la quimio no atacara tanto al cuerpo". Hace apenas seis meses le realizaron el trasplante de médula ósea que necesitaba y, en vista del ritmo con el que ha retomado su entrenamiento, tiene previsto retomar las competiciones de ciclismo este mes. 

Un sistema inmune mejor preparado

Todo suma. El entrenamiento físico se convierte en un aliado para paliar los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos (fatiga, pérdida de fuerza muscular), mejora el estado de ánimo y la motivación, ayuda a mitigar el insomnio, la ansiedad y el miedo, a recuperar un peso saludable, potencia el funcionamiento cardiaco y pulmonar y también tiene un efecto positivo en el sistema inmune. 

Hacer ejercicio en la fase de tratamiento quimioterápico "no sólo no perjudicaba como se creía, sino que algunas poblaciones celulares mejoraban", argumenta Carmen Fuiza, experta en Biomedicina que forma parte del equipo de investigación de la Universidad Europea de Madrid. Por ejemplo, "hemos visto que las células Natural Killer (NK), encargadas de destruir las cancerígenas, aumentan en número y actividad en los pacientes sometidos al programa de gimnasia, tenían mejor capacidad citotóxica, es decir, su sistema inmune está mejor preparado para enfrentarse y atacar al tumor". Por lo tanto, "el deporte suma beneficios a la acción del fármaco". Además, disminuye los efectos nocivos de la neutropenia, el bajo nivel de neutrófilos, un tipo de glóbulos blancos, cuya carencia puede acarrear infecciones graves.

En palabras de Irene Cantarero, fisioterapeuta e investigadora del grupo Cuídate de la Universidad de Granada, "el ejercicio controlado reduce sustancias relacionadas con el ambiente inflamatorio, disminuye el daño producido por el estrés oxidativo y también hay estudios que apuntan su repercusión en la expresión génica". En colaboración con el Hospital Virgen de las Nieves de Granada, "estamos estudiando, por ejemplo, cómo repercute el ejercicio aeróbico en las metástasis óseas o si puede prevenir la toxicidad que produce el tratamiento a nivel coronario y muscular".

El efectos del ejercicio, más allá del tratamiento

Los efectos del ejercicio no se ciñen al tratamiento, sino que se extienden al antes y al después de un cáncer. Se ha visto que esta herramienta "previene varios tipos de tumores, especialmente el de mama y el colorrectal, y también reduce el riesgo de recaída", relata Miguel Martín, presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam). 

Un estudio que se acaba de presentar en la reunión anual de la Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO, por sus siglas en inglés) que se celebra estos días en Chicago señala que el ejercicio regular reduce significativamente el riesgo de muerte en los supervivientes adultos de cáncer infantil (el trabajo incluye una muestra de 15.450 personas), cuyo riesgo es elevado por los efectos tardíos del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, se sabe que estos pacientes son más proclives a enfermedades cardiovasculares y a obesidad. En este sentido, la falta de ejercicio físico tiene mucho que decir. "Conocer los problemas futuros ayuda a mejorar los tratamientos presentes", apunta Fuiza, quien apuesta por continuar investigando. 

En la misma línea se encuentra el presidente de Geicam, quien mantiene en marcha un estudio para comprobar antes de operar si la proliferación del tumor de mama se reduce con el ejercicio. El problema, subraya Martín, es que "nadie quiere esponsorizar este tipo de trabajos, salvo las pocas fundaciones que hay. Las farmacéuticas pierden interés cuando no hay una molécula por medio que genere dinero y, por otro lado, nuestro país invierte muy poco en investigación clínica y académica y además tampoco hay una legislación que facilite el acceso a becas públicas a organizaciones sin ánimo de lucro como nosotros y tampoco existe una ley de mecenazgo como en los países anglosajones".

Evitar la comida chatarra apura la llegada de la cigüeña

Tomado de: www.nacion.com

Comer frutas, verduras, y menos grasas, mejora las probabilidades de embarazo. Es lo que concluye un nuevo estudio publicado en la revista Human Reproduction, que destaca la importancia de comer sano en aquellas parejas que deseen tener hijos en el corto plazo.

La investigación estudió durante un mes la dieta de más de cinco mil mujeres que buscaban ser madres y descubrió que aquellas que comían fruta de manera habitual tardaron casi dos semanas menos en lograr un embarazo que las que se alimentaban mal (consumir comida chatarra cuatro o más veces a la semana y escasa fruta).

Jessica Grieger, investigadora de la Universidad de Adelaida y quien lideró el estudio, explica a El Mercurio que la comida rápida contiene altos niveles de grasas saturadas, sodio y azúcar, componentes que tienen un efecto tóxico en los ovarios y alteran la calidad de los ovocitos, lo que finalmente retrasa la fecundación.

"En cambio, las frutas y los vegetales tienen antioxidantes y fotoquímicos que pueden beneficiar la fertilidad", destaca Grieger.

Un nuevo estilo de vida

La mejor forma de prepararse para ser padres es llevar un estilo de vida saludable. Así lo indica Néstor Lagos, ginecólogo experto en nutrición y metabolismo de la Clínica Alemana.

Y la dieta es solo uno de los factores para lograrlo."El consejo es que coman en forma ordenada y a su hora, y que gasten suficiente energía a través de la actividad física; tiene que ser algo más allá de la alimentación", explica Lagos.

La recomendación es igual de importante para ellos, porque las moléculas tóxicas de la comida rápida también deterioran la calidad de los espermios.

"Aunque son diferencias modestas, en hombres también hay estudios que muestran una mejor calidad seminal y fertilidad en quienes llevan una dieta sana", cuenta el doctor Reinaldo González, especialista de medicina reproductiva de la Clínica Monteblanco.

"Se recomienda a las parejas que mantengan una dieta equilibrada, que hagan deporte, que no fumen. En resumen, que modifiquen sus hábitos de vida", finaliza el especialista.

La investigación de la Universidad de Adelaida analizó la alimentación de 5.598 mujeres durante un período de tiempo. Entre las que consumieron menor cantidad de fruta, el riesgo de infertilidad aumentó de un 8% a un 12%, y entre las que optaron por comida chatarra cuatro o más veces a la semana, el riesgo de infertilidad pasó de un 8% a un 16%.

1 de junio de 2018

Amemos nuestro cuerpo

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En estos días leí esto (desconozco quién lo escribió): "Solo recibimos un cuerpo, puede que lo ames o lo odies, pero será tuyo para el resto de tu vida. Es tu vehículo, mientras estés aquí, vivirás en él".  Y a este tema quiero dedicar esta publicación.

Es cierto, nuestro cuerpo es el único lugar que tenemos para vivir. Y así como pensamos en tener una casa bonita y bien cuidada, de la misma manera deberíamos prestar atención a los cuidados que le damos al cuerpo, no solo externamente sino también desde el interior.

Cuidar nuestro cuerpo y quererlo no significa llegar a vernos como modelos de revista. Cuidar nuestro cuerpo es mantenerlo saludable: con una buena alimentación, hidratándonos bien, haciendo ejercicio, controlando el estrés. Querer nuestro cuerpo es, además de cuidarlo, aceptarlo. Sí, con sus imperfecciones, con esa llantita que tal vez no nos gusta mucho, o con esa celulitis que cuesta tanto quitar. 

Pero más allá del exterior, querer nuestro cuerpo también es decir: esta llantita que no me gusta, aunque la acepto, me puede llevar a largo plazo a tener problemas de salud. Ese exceso de grasa puede llegar a tener efectos en mi salud, y por eso voy a cambiarlo.

Lo importante es entender que aceptar no es lo mismo que conformarse. No se trata de pensar: estoy "gordo", así me acepto y así me quedo entonces. Sino pensar: ¿puedo hacer algo por cambiar y sentirme aún mejor? Algo así como, por ejemplo, cuando vemos una película y al final decimos que nos gustó pero...hubiera sido mejor el final de otra forma, o hubiera sido mejor con otro actor.

Como decía la frase del inicio, podemos odiar el cuerpo que tenemos (o el cuerpo que hemos construido con nuestro estilo de vida), pero ¿qué ganamos odiándolo? Sentirnos mal, tener inclusive dificultades para socializar, limitarnos en muchas actividades.... Podemos llegar a privarnos de disfrutar al máximo nuestro estilo de vida. 

No lo odiemos, aceptémoslo pero sin resignarnos o conformarnos (con una crítica positiva por decirlo de alguna manera, sin recriminarnos ni hacernos sentir mal nosotros mismos). Y demostremos ese amor por nuestro cuerpo cuidándolo, haciendo todo lo posible para evitar que enferme, y haciendo todo lo posible para sentirnos bien.

Descubrieron por qué se forma la "pancita" (y las claves para combatirla)

Tomado de: www.clarin.com

La "pancita", esa que forma la grasa acumulada en el abdomen, tiene una explicación científica. Según datos de una nueva investigación europea, es culpa de la interrelación entre las bacterias intestinales (microbiota), la dieta adoptada y las moléculas liberadas por las propias bacterias en respuesta al alimento digerido.

Estos datos abren un nuevo campo médico para combatir los tan molestos "rollitos". El estudio, publicado en "Nature Genetics", podría llevar en un plazo de no más de 10 años al desarrollo de dietas personalizadas que, teniendo en cuenta la composición de la flora bacteriana de cada uno, favorezcan una actividad intestinal que contraste con la acumulación de grasa en el abdomen.

Realizado en el King's College, de Londres, el trabajo está firmado por Cristina Menni, quien explicó a la agencia ANSA: "Nuestra investigación -que por primera vez analizó sustancias químicas producidas por bacterias en el intestino, las llamadas metabolitos, mensurables en muestras fecales de pacientes- permitió identificar cuáles de estas moléculas se asocian a una acumulación de grasa en la panza".

La experta identificó la combinación de moléculas producidas por las bacterias intestinales de 500 parejas de gemelos construyendo así un banco de datos enorme de todas estas sustancias. Y de su estudio, empezaron a surgir datos clave.

"Hemos visto que los compuestos químicos producidos por las bacterias intestinales regulan la acumulación de grasa abdominal", aclara la experta.

"Además hemos descubierto que las actividades de nuestros microbios intestinales son sólo mínimamente controladas por factores hereditarios. Un 80 por ciento depende de factores modificables, generalmente por la dieta", agrega.

Ello significa que modulando la dieta (por ejemplo mediante un mayor consuma de fibra y probióticos) de un individuo en función de la composición de su microbiota, se podrá reducir la acumulación de grasa abdominal.

También la prescripción de eventuales integradores (como por ejemplo, Omega 3) será personalizado en base al microbiota porque sólo algunas bacterias pueden aprovechar un integrador particular.

El profesor Tim Spector, cabeza del grupo de investigación del King College, dijo: 'Este trabajo muestra la importancia para nuestra salud y el peso de los miles de productos químicos que producen los microbios del intestino en respuesta a la alimentación. Saber que están controlados en gran medida por lo que comemos en lugar de por nuestros genes es una gran noticia, y abre muchas formas de utilizar los alimentos como medicina." En declaraciones publicadas por el sitio Science Daily, agregó: "En el futuro, estos productos químicos podrían incluso usarse en inodoros inteligentes o como papel higiénico inteligente ".

El doctor Jonas Zierer, primer autor del estudio, explicó que estos hallazgos representan que es posible "alterar el entorno intestinal y enfrentar el desafío de la obesidad desde un nuevo ángulo que está relacionado con factores modificables como la dieta y los microbios en el intestino. Esto es emocionante, porque a diferencia de nuestros genes y nuestro riesgo innato de desarrollar grasa alrededor del estómago, los microbios intestinales se pueden modificar con probióticos, con medicamentos o con dietas altas en fibra ".

El campo de estudio que abre esta investigación es mucho más amplio. Los datos recogidos en el biobanco de datos permitirán a otros investigadores comprender los mecanismos con los cuales las bacterias intestinales influyen en nuestra salud, por ejemplo, el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares, y también la obesidad.

Actividad física reduce en 31% las posibilidades de insuficiencia cardíaca

Tomado de: www.nacion.com

Desde hace varios años la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio la receta: hacer al menos 30 minutos de ejercicio, cinco veces por semana, mejora nuestra salud cardíaca.

Ahora, un nuevo estudio de Johns Hopkins Medicine, en Estados Unidos, da una razón más para aplicar este consejo. Seis años de actividad física constante disminuyen en un 31% el riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca.

Mientras que si las personas se mantienen sedentarias durante ese tiempo aumenta en más de un tercio las posibilidades de sufrir esta enfermedad.

Los mayores beneficios se ven en quienes se han ejercitado siempre de forma consistente.

Sin embargo, hay esperanzas para quienes comienzan a moverse más tarde, pues si se adquiere este hábito en la mediana edad (después de los 35 años) y la persona lo incorpora realmente a su vida, tienen un riesgo 23% menor de padecer dicho problema cardíaco.

La insuficiencia cardíaca se caracteriza por la incapacidad crónica y prolongada del corazón de bombear suficiente sangre, o con la fuerza necesaria, para surtir al cuerpo del oxígeno que requiere.

Dicha condición puede darse como consecuencia de otros males como la hipertensión, niveles altos de colesterol, fumado o diabetes mal controlada.

Uno de los principales problemas con esta enfermedad es que no existen medicamentos que la curen, pues estos lo que hacen, principalmente, es controlar los síntomas. Por ello, es vital tomar en cuenta prácticas que puedan prevenir esta patología.

En Costa Rica, la insuficiencia cardíaca no es tan común como el infarto al miocardio. No obstante, esta es una de las causas más comunes de hospitalización entre las personas mayores de 65 años.

El estudio

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores tomaron en cuenta a 11.351 personas que ya eran parte de un estudio mayor sobre el riesgo de enfermedades cardíacas. Los participantes tenían un promedio de edad de 60 años y no presentaban historia de eventos cardiovasculares al inicio de las pesquisas.

Los científicos dieron seguimiento a las individuos durante 19 años. Cada tres años se les hacían visitas, se les medía, pesaba y se les tomaban exámenes de sangre.

Además, cada paciente completaba un cuestionario en el cual se le pedía que evaluara el nivel de sus actividades físicas. Los científicos luego las clasificaron como "insuficientes", "intermedias" o en el "nivel recomendado", según las pautas establecidas por la Asociación Americana del Corazón.

La investigación, publicada en la más reciente edición de la revista Circulation, mostró que durante el período de estudio se dieron 1.750 casos de insuficiencia cardíaca.

Cuando se determinó el peso de la actividad física como protector del corazón, se vio que quienes sí realizaron ejercicio de manera constante durante seis años tenían 31% menos riesgo de este mal cardíaco, y en el caso de quienes comenzaron a mediana edad, igual tenían un 23% menos de riesgo que quienes llevaban seis años de sedentarismo.

También hay beneficios para quienes aumentan su intensidad de actividad física en ese período de seis años y perjuicios para quienes los disminuían.

Los factores de riesgo coronario disminuyeron en casi un 12% para los 2.702 participantes que aumentaron sus categorías de actividad física de insuficiente a intermedia, o de intermedia a recomendada, en comparación con aquellos con cifras consistentes de actividad física insuficiente o intermedia.

En cambio, entre 2.530 participantes que redujeron el ejercicio, sus factores de riesgo coronario aumentaron a un 18% en comparación con los que sistemáticamente mantuvieron activos.

¿Cuánto ejercicio hacer?

Los especialistas advierten que en cuanto antes se comience, mejores resultados se tendrán, aunque nunca es tarde para obtener los beneficios.

No obstante, antes de dar cualquier paso lo mejor es consultar con un médico para que determine si el paciente no tiene algún problema que le impida realizar determinados movimientos.

Además, si la persona en determinado momento tuvo algún tipo de lesión, es bueno que consulte qué tipo de actividad es la que le ofrecerá mayores beneficios, sin exponerse a nuevas lesiones.

La OMS generó una guía en la cual da recomendaciones de actividad física según la edad. En este documento no hay un tipo de deporte privilegiado y no es necesario pagar un gimnasio. Caminar, trotar, nadar o bailar son opciones válidas.

Niños 5-17 años. Deberán practicar al menos 60 minutos de ejercicio semanales, de moderado a vigoroso. La actividad debe ser aeróbica en su mayoría. Sin embargo, pueden hacer ejercicios específicos para los músculos tres veces por semana.

Adultos 18-64 años.
Se recomienda que hagan 150 minutos de actividad física a la semana. Podrán realizar hasta 300 minutos semanales. Cada sesión de ejercicios deberá durar al menos diez minutos. Tres veces por semana es recomendable realizar ejercicios para fortalecer grupos de músculos específicos.

Mayores de 65 años.
También deberán hacer 150 minutos semanales, pero tienen que concentrarse, de igual manera, en hacer ejercicios para aumentar la fuerza ósea y mejorar su equilibrio. Esto con el fin de evitar fracturas de caderas.

Entregarse a Morfeo durante el fin de semana sí compensa la falta de sueño y mejora salud

Tomado de: www.nacion.com

Es un hecho: dormir cinco horas o menos durante la semana supone un mayor riesgo de mortalidad prematura.

Sin embargo, un estudio que siguió durante 13 años a más de 38.000 personas en Suecia concluye que los adultos menores de 65 años que compensan esa deuda de sueño durmiendo un poco más los fines de semana, logran disminuir ese riesgo y equipararlo al de quienes duermen las recomendadas siete a ocho horas de forma habitual.

"Los resultados sugieren que se puede compensar el breve descanso entre semanas. La duración del sueño es importante para la longevidad", precisó Torbjörn Akerstedt, profesor de neurociencia de la Universidad de Estocolmo y el Instituto Karolinska, y autor principal del estudio publicado ayer en el Journal of Sleep Research.

Tras descartar factores como el sexo, el índice de masa corporal, el tabaquismo, la actividad física y el trabajo por turnos, el investigador halló que las personas menores de 65 años que dormían cinco horas al día, siete días a la semana, tenían un 65% de mayor tasa de mortalidad prematura respecto de aquellos que tenían seis o siete horas de sueño por día.

Lo que sorprendió al científico es que no había un aumento en el riesgo de muerte para quienes dormían cinco horas o menos en la semana, pero que luego se entregaban a Morfeo por ocho o más horas en los días de fin de semana.

Pese a que esto puede significar una buena noticia para quienes arrastran una deuda de sueño en la semana, solo podría ser útil cuando es por períodos cortos.

"Si esta privación crónica del sueño se mantiene a lo largo del tiempo, claramente, va a generar un trastorno mayor", advirtió Evelyn Benavides, neuróloga y especialista en Medicina del Sueño de la Clínica Universidad de los Andes.

"Lo ideal es mantener un horario similar de lunes a domingo. Recuperar sueño el fin de semana no es lo más adecuado, porque el cerebro demora varios días en retomar sus ritmos biológicos (similar a lo que ocurre con el jet lag ), y lo que se hace con eso es tratar de hacerlo funcionar bruscamente en otro horario", dijo.

Si bien hay gente que genéticamente no tiene problemas en hacer este cambio, la gran mayoría de la población sí lo resiente, enfatizó la especialista.

En el estudio también se observó que quienes duermen ocho o más horas, siete días a la semana, tienen una tasa de mortalidad 25% más alta, que los que duermen entre seis y ocho horas al día.

Aunque no se indagó en las razones de este vínculo, Akerstedt cree que mientras dormir poco tiene un efecto negativo en el cuerpo, "un sueño prolongado podría ser un signo de problemas de salud subyacentes".

Benavides agregó que reducir las horas de sueño genera una serie de cambios en el organismo, como procesos inflamatorios, que llevan a trastornos de la tiroides, aumento de peso y del colesterol, síndrome metabólico y un mayor riesgo cardiovascular, entre otros.

"En el sueño se restauran una serie de procesos biológicos necesarios para el buen funcionamiento del cuerpo", resaltó.

Siete a ocho horas de sueño nocturno al día es lo recomendable para la mayoría de los adultos sanos.

Apenas un 5% de la población requiere más de 10 horas (dormidores largos). Dormir en exceso eleva el riesgo cardiovascular, al igual que hacerlo menos de cinco horas.