8 de junio de 2018

Por qué el deporte ayuda más que el reposo a vencer al cáncer

Tomado de: www.elmundo.es

Se ha demostrado que realizar actividad física durante la terapia mejora algunas poblaciones celulares
Fortalece el organismo para tolerar mejor los tratamientos y atacar al cáncer
El ejercicio consigue reducir algunos de los síntomas comunes de las terapias oncológicas, como la fatiga
En Chicago se acaba de presentar un estudio que relaciona el deporte con menor riesgo de muerte en los supervivientes adultos de cáncer infantil

Tras el último ciclo de quimio, a Juan Francisco (17 años) le flaquearon las fuerzas. Dos meses encamado en el hospital donde estaba ingresado. Sólo se levantaba para ir al aseo. "Me iba cayendo, las piernas no respondían", recuerda. Acostumbrado a recorrer kilómetros y kilómetros en bicicleta, los escasos metros que separaban la cama del aseo suponían un desafío mucho mayor que cualquiera de las competiciones en las que había participado.

Hasta ese momento, las sesiones de quimioterapia sí le habían permitido seguir dando pedales en la misma habitación del hospital. Sorprendentemente, cuando el adolescente le preguntó a su médico si podía ingresar acompañado de su bici, la respuesta fue contundente. No sólo le daba permiso, sino que, como receta, le prescribía mantenerse activo para una mejor recuperación y, efectivamente, a pesar de los dos meses que estuvo sin poder alejarse de la cama, comprobó que sus dosis de actividad física antes, durante y después le dieron algunos puntos de ventaja.

"Durante mucho tiempo se ha aconsejado reposar y apenas moverse para paliar la fatiga, un síntoma muy prevalente en el cáncer y, sin embargo, es todo lo contrario", explica Alejandro Lucía, médico e investigador en Fisiología del Ejercicio por la Universidad Europea de Madrid. "Hacer ejercicio durante el tratamiento ayuda a tolerarlo mejor".

Según este experto, considerado una eminencia en el estudio sobre el deporte y el cáncer infantil, "la quimio, la cirugía y la radio afectan al conjunto de órganos esenciales para movernos: al corazón, que bombea la sangre oxigenada; al pulmón, que la oxigena y a los músculos, que pierden fuerza". El resultado: fatiga y debilidad muscular, dos síntomas propios del tratamiento oncológico que lejos de desaparecer con descanso, se perpetúan en el tiempo y, de hecho, en ocasiones pueden persistir años.

Al contrario que el reposo, el ejercicio sí tiene los principios activos necesarios para contrarrestar esta condición física debilitada y así lo han ido demostrando todos y cada uno de los estudios que van engrosando la literatura científica en esta materia en los últimos 25 años. La población infantil no es una excepción. Tras un programa de entrenamiento físico (basado en ejercicios de fuerza y aeróbicos) instalado en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid y dirigido a pequeños con leucemia durante el tratamiento (como el caso de Juan Francisco), Alejandro Lucia y su equipo multidisciplinar comprobaron "un significativo aumento de fuerza muscular y mejor condición física; la respuesta del corazón y los pulmones era superior". 

Resultados que esperan replicar también en otro tipo de tumores, en los que se prevé seguir estudiando en profundidad la relación entre el deporte, la progresión del tumor (marcadores biológicos) y la respuesta inmune. Para ello cuentan con una beca de 63.000 euros de Unoentrecienmil. La idea, insiste Alejandro Lucia, Premio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte 2016, "es dar más fuerza a la necesidad de incorporar el ejercicio físico como terapia coadyuvante en el tratamiento integral del cáncer infantil. Es decir, llevar esta herramienta a más hospitales".

De momento, sólo el Hospital Niño Jesús cuenta con este servicio y Juan Francisco ha podido aprovecharlo. Salvo la última sesión de quimio, el resto pudo compaginarlas con rutina deportiva en el gimnasio y con su bicicleta. Como él mismo relata, "lo que yo he pasado y mi curación ha sido de libro... Ya me decían que hacer ejercicio venía muy bien para que la quimio no atacara tanto al cuerpo". Hace apenas seis meses le realizaron el trasplante de médula ósea que necesitaba y, en vista del ritmo con el que ha retomado su entrenamiento, tiene previsto retomar las competiciones de ciclismo este mes. 

Un sistema inmune mejor preparado

Todo suma. El entrenamiento físico se convierte en un aliado para paliar los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos (fatiga, pérdida de fuerza muscular), mejora el estado de ánimo y la motivación, ayuda a mitigar el insomnio, la ansiedad y el miedo, a recuperar un peso saludable, potencia el funcionamiento cardiaco y pulmonar y también tiene un efecto positivo en el sistema inmune. 

Hacer ejercicio en la fase de tratamiento quimioterápico "no sólo no perjudicaba como se creía, sino que algunas poblaciones celulares mejoraban", argumenta Carmen Fuiza, experta en Biomedicina que forma parte del equipo de investigación de la Universidad Europea de Madrid. Por ejemplo, "hemos visto que las células Natural Killer (NK), encargadas de destruir las cancerígenas, aumentan en número y actividad en los pacientes sometidos al programa de gimnasia, tenían mejor capacidad citotóxica, es decir, su sistema inmune está mejor preparado para enfrentarse y atacar al tumor". Por lo tanto, "el deporte suma beneficios a la acción del fármaco". Además, disminuye los efectos nocivos de la neutropenia, el bajo nivel de neutrófilos, un tipo de glóbulos blancos, cuya carencia puede acarrear infecciones graves.

En palabras de Irene Cantarero, fisioterapeuta e investigadora del grupo Cuídate de la Universidad de Granada, "el ejercicio controlado reduce sustancias relacionadas con el ambiente inflamatorio, disminuye el daño producido por el estrés oxidativo y también hay estudios que apuntan su repercusión en la expresión génica". En colaboración con el Hospital Virgen de las Nieves de Granada, "estamos estudiando, por ejemplo, cómo repercute el ejercicio aeróbico en las metástasis óseas o si puede prevenir la toxicidad que produce el tratamiento a nivel coronario y muscular".

El efectos del ejercicio, más allá del tratamiento

Los efectos del ejercicio no se ciñen al tratamiento, sino que se extienden al antes y al después de un cáncer. Se ha visto que esta herramienta "previene varios tipos de tumores, especialmente el de mama y el colorrectal, y también reduce el riesgo de recaída", relata Miguel Martín, presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam). 

Un estudio que se acaba de presentar en la reunión anual de la Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO, por sus siglas en inglés) que se celebra estos días en Chicago señala que el ejercicio regular reduce significativamente el riesgo de muerte en los supervivientes adultos de cáncer infantil (el trabajo incluye una muestra de 15.450 personas), cuyo riesgo es elevado por los efectos tardíos del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, se sabe que estos pacientes son más proclives a enfermedades cardiovasculares y a obesidad. En este sentido, la falta de ejercicio físico tiene mucho que decir. "Conocer los problemas futuros ayuda a mejorar los tratamientos presentes", apunta Fuiza, quien apuesta por continuar investigando. 

En la misma línea se encuentra el presidente de Geicam, quien mantiene en marcha un estudio para comprobar antes de operar si la proliferación del tumor de mama se reduce con el ejercicio. El problema, subraya Martín, es que "nadie quiere esponsorizar este tipo de trabajos, salvo las pocas fundaciones que hay. Las farmacéuticas pierden interés cuando no hay una molécula por medio que genere dinero y, por otro lado, nuestro país invierte muy poco en investigación clínica y académica y además tampoco hay una legislación que facilite el acceso a becas públicas a organizaciones sin ánimo de lucro como nosotros y tampoco existe una ley de mecenazgo como en los países anglosajones".

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