31 de agosto de 2018

¿Cómo es una consulta nutricional?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Hace un tiempo asistí a una feria de la salud en una empresa, y tenía 15-20 minutos más o menos para cada persona. Por eso decidí que a cada uno le iba a dar recomendaciones generales. De pronto una de las encargadas de la feria se acercó y me dijo que la gente estaba esperando que yo les diera un plan de alimentación para cada uno. De inmediato le expliqué que eso no era posible por el tiempo, y ella me dijo: "pero no es tan difícil, yo he visto que ustedes rapidito nada más se sientan y en una hoja escriben las cantidades que uno tiene que comer y ya".

Además de que me indignó bastante el comentario, me puso a pensar que probablemente muchas personas creen eso: que uno como nutricionista, con solo ver a la persona ya sabe lo que tiene que comer, o que más bien a todos les recetamos lo mismo. Es por eso que hoy quiero dedicar esta publicación a contarles cómo es una consulta nutricional (al menos conmigo, porque cada profesional trabaja diferente).

Antes de entrar en la "temida" etapa de pesarlos, primero me gusta hacer toda una entrevista previa. Es importante conocer no solo datos básicos como la edad, sino también el lugar donde vive, con quién, si se hace cargo también de la alimentación de otras personas, si ha utilizado productos para perder peso o ya ha tenido otras experiencias con profesionales en Nutrición.

Además, es fundamental saber si hay antecedentes de ciertas enfermedades crónicas en la familia: diabetes, hipertensión, dislipidemias, problemas cardíacos, entre otros. Así como es sumamente importante y básico saber si la persona padece de alguna enfermedad o condición, inclusive problemas digestivos como estreñimiento o gastritis. Así como saber si se ha hecho exámenes de sangre recientemente (y si los hace periodicamente). De ser necesario yo misma les mido la presión arterial y la glicemia (nivel de azúcar en la sangre) para tener una referencia de momento.

Una vez conocido ese panorama general, procedo a investigar los hábitos de alimentación: lo que come usualmente cada día y a qué horas lo hace, qué bebidas incluye, si acostumbra comer golosinas o dulces, qué usa para endulzar las bebidas, cómo varía su rutina de alimentación entre semana y el fin de semana, si come comidas rápidas con frecuencia, si consume licor, etc.  Sumado a esto, les consulto por alimentos que les gusten o no, que les produzcan malestar, alimentos a los que sean alérgicos, entre otros.

También les consulto por los hábitos de ejercicio y actividad: si hacen ejercicio o no, cuántos días y cuánto tiempo, qué tipo de ejercicio, si el resto del tiempo es activo o sedentario, qué tipo de trabajo hace. Y además me interesan sus hábitos de sueño: a qué hora se acuestan y cuántas horas duermen.

Después de toda esa entrevista, entonces sí se realizan las mediciones de estatura, peso, circunferencias y todo el proceso de valoración, para pasar a la siguiente etapa. La etapa de cálculos y prescripción de la dieta, que se hace de manera individualizada. Yo no utilizo dietas ya hechas, sino que en el momento determino lo que requiere la persona.

La última parte de la cita consiste en explicarle al paciente en qué consiste el plan, y cómo ponerlo en práctica. Así como hacer un ejemplo de menú de un día para que termine de quedar todo claro. Y además indicar algunas recomendaciones que sean necesarias en cada caso.

En las citas de seguimiento, se evalua el progreso, se hacen ajustes en el plan de alimentación si es necesario, y siempre les ofrezco una mini charla sobre temas asociados a su situación específica, y temas generales de Nutrición. Esto con el fin de que tengan herramientas para tomar mejores decisiones y mejorar sus hábitos, y no que hagan las cosas en automático solo porque yo lo digo.

No es mi estilo el regañar o que las personas lleguen asustadas a mi consulta, sino más bien procuro motivarles, y trabajar en equipo para lograr los resultados y resolver situaciones que se vayan presentando. Y además considero fundamental el apoyo durante todo el proceso, por lo que siempre les insisto en que pregunten todo lo que necesiten, ya sea por teléfono o correo, pero siempre me gusta que sepan que estoy disponible todo el tiempo para resolver sus inquietudes.

Como ven, no se puede hacer todo eso en 15 minutos, como querían que hiciera en la feria de salud, ¿cierto?

Por supuesto tal vez ustedes hayan tenido otras experiencias si han visitado a otros colegas. Cada uno le imprime su estilo a su trabajo. Lo importante es que ustedes busquen a alguien con quien tengan "química", que los haga sentir a gusto y que ustedes sientan que, además de darles un trato profesional y dedicarles el tiempo necesario, les va ayudar a lograr sus metas.

Seis factores que te hacen engordar


Existen ciertas circunstancias en la vida que pueden contribuir a un aumento del peso corporal, independientemente la alimentación y actividad física. A continuación, una lista de seis factores clave que puede estar atravesando cada persona que influyen en el organismo y favorecen que engorde.

1. Estrés: cuando se está bajo una situación de estrés se produce un aumento en la secreción de cortisol, una hormona que generalmente aumenta el apetito y favorece el depósito de grasa en la región abdominal.

2. Sueño insuficiente: al dormirse tarde, los niveles de algunas hormonas reguladoras del apetito se incrementan, con lo cual es más probable que se realice una ingesta extra, luego de la cena, que implica un ingreso de calorías adicionales innecesarias.

3. Abandono del cigarrillo:
es natural que al dejar de fumar el apetito se incremente, pero esta situación debería ser transitoria y durar unas pocas semanas. La práctica de ejercicio contribuye a combatir la ansiedad.

4. La toma de corticoides: puede causar un aumento de grasa corporal y que se redistribuya en el cuerpo hacia la zona abdominal, nuca o cara. Sin embargo, nunca se deben suspender el tratamiento abruptamente por decisión propia.

5. Desbalance de las hormonas tiroideas: el hipotiroidismo determina un enlentecimiento del metabolismo, que luego de comenzado el tratamiento se normaliza.

6. Menopausia: es un proceso biológico normal de las mujeres que naturalmente enlentece el metabolismo y, en algunos casos, trae consigo una disminución en la práctica de actividad física. En esta etapa se produce, generalmente, una redistribución de la grasa corporal desde las regiones glúteas y caderas hacia el abdomen. Por eso es importante mantenerse activo.

Las dietas bajas en carbohidratos no son seguras y plantean riesgos para la salud

Tomado de: as.com

Cuidado. Las dietas para perder peso con un reducido contenido en carbohidratos no son seguras y plantean serios riesgos para la salud. Esa es la conclusión a la que han llegado los investigadores, que abogan por evitarlas en la medida de lo posible. Los resultados del estudio, presentados en el marco de la reunión de la Sociedad Europea de Cardiología, que se celebra en Mucich (Alemania), no dejan lugar a la duda.

"Hemos encontrado que la gente que consumió una dieta baja en carbohidratos presentaron un mayor riesgo de muerte prematura. También aumentó el riesgo en causas individuales de muerte, incluidas enfermedades coronarias, infartos fulminantes y cáncer", asegura el profesor Maciej Banach de la Universidad Médica de Lodz, en Polonia.

Los datos no dejan lugar a la duda

"Estas dietas tienen que evitarse", añadió el profesor Banach con todos los resultados en su poder depués de que estudiaran a 24.825 sujetos entre los años 1999 y 2010 dentro de la Encuesta Nacional de Salud y Examen Nutricional de los Estados Unidos. Y es que, en comparación a aquellos que habían consumido dietas con más carbohidratos, los que siguieron una dieta con menos carbohidratos presentaron un 32 % de mayor riesgo en todos los casos de muerte durante un período de seguimiento de 6,4 años. De igual forma, los riesgos de muerte por enfermedades coronarias, cerebrovasculares y cáncer aumentaron en un 51 %, un 50 % y un 35 %, respectivamente.

Útiles a corto plazo, perjudiciales a largo plazo

“Las dietas bajas en carbohidratos pueden ser útiles para perder peso a corto plazo, bajar la presión arterial y mejorar el control de la glucosa en sangre, pero nuestro estudio sugiere que a largo plazo están relacionadas con un aumento del riesgo de muerte por cualquier causa y de las muertes por enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y cáncer", remarca el experto polaco.

Tomar leche en el desayuno puede beneficiar a los diabéticos

Tomado de: www.nacion.com

Beber leche en el desayuno puede ayudar a los personas con diabetes tipo 2 a controlar la enfermedad, según un estudio publicado en la revista médica Journal of Dairy Science.

Un grupo de científicos de la Universidad de Guelph (Canadá) midió los efectos de desayunar 250 ml de leche en los niveles de glicemia y la sensación de saciedad de 32 adultos sanos.

Los resultados arrojaron que el consumo redujo el valor de la glicemia pospandrial (glucosa en sangre de dos a cuatro horas después de haber ingerido alimentos) de todos los participantes a lo largo del día.

Además, el efecto se intensificó en quienes consumieron leche fortificada con proteínas.

El hallazgo podría ser clave, si se toma en cuenta que mantener los niveles de glicemia es fundamental para los pacientes de diabetes tipo 2.

El estudio también comprobó que la leche favoreció la sensación de saciedad, lo que condujo a la población estudiada a comer menos en el almuerzo y, por lo tanto, redujo su riesgo de obesidad, otro factor importante para la aparición y el manejo de la diabetes tipo 2.

Con el aumento de esta enfermedad en el mundo, como una de las principales preocupaciones de la salud humana, estos resultados son de gran relevancia, dijo el profesor Douglas Goff, de la Universidad de Guelph, quien lideró el trabajo.

Según Goff y sus colegas, las proteínas presentes de forma natural en la leche, como la caseína, liberan hormonas gástricas que ralentizan la digestión, lo que aumenta la sensación de saciedad.

También se sabe que las proteínas, en general, disminuyen la absorción de los hidratos de carbono, explica Aníbal Donoso, nutriólogo y diabetólogo de la Clínica de la Universidad de los Andes.

24 de agosto de 2018

Diga usted también: ¡Yo puedo comer vegetales!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Hace unos días inicié un reto en mi página en Facebook (Consultorías en Nutrición Lic. Diana Mora Ramírez). El reto se llama YO PUEDO COMER VEGETALES. La idea surgió porque en mi consulta veo que es uno de los mayores problemas para muchas personas: adoptar el hábito de consumirlos, dedicar el tiempo a prepararlos, pensar formas de cocinarlos que no se vuelvan monótonas y aburridas.

Por eso decidí organizar el reto. Para la primera edición, que es la que está por concluir actualmente, se inscribieron 15 personas que quisieron hacer el compromiso de empezar a comer más vegetales, y yo me dispuse a ayudarles a instaurar ese hábito.

Para eso, antes de iniciar oficialmente el reto, recibieron una serie de consejos para ahorrar tiempo al preparar los vegetales, para almacenarlos, así como otros detalles de logística para que les fuera más sencillo organizarse para cumplir el reto.

Durante la semana anterior y esta han recibido un correo diario con consejos, motivación y recetas, y además en cada correo una tarea sencilla pero que les ayuda en la construcción de su nuevo hábito. 

Debo decir que me siento muy orgullosa de los resultados que he visto. Los participantes realmente hicieron el compromiso, hasta buscaron recetas por su cuenta. Recibir correos un sábado o un domingo con sus fotos o contándome los vegetales que han probado me confirma que de verdad están trabajando por su meta.

Les comparto un par de ejemplos de la retroalimentación recibida:

"Yo ayer almorcé un Chile relleno (nunca lo había comido así y me encantó)"

"Yo salgo seguido con mi bebé al hospital,  y siempre como fuera , ya compré mi almuerzo con otra mentalidad ! Antes siempre buscaba harinas. "


Y eso me hizo pensar que muchas veces no es tan complicado cambiar un hábito, aunque nosotros mismos nos hagamos creer que sí lo es. Necesitamos el primer paso que es decidir que lo queremos hacer, pero una vez hecho eso, todo es más simple.

Puede ser necesario hacer un compromiso con alguien más que solo con uno mismo (en este caso el compromiso de los participantes es con ellos mismos y conmigo). Eso de tener a alguien que esté recordándonos a diario que cumplamos, saber que debo enviar fotos de mi progreso, que me dejan ciertas tareas qué hacer... Toda esa "presión" positiva nos ayuda al cambio.

Y a veces puede ser ese el empuje que necesitamos.

Si usted está pensando en hacer un cambio en sus hábitos (comer más vegetales, tomar más agua, hacer ejercicio, etc), busque una persona que le pueda ayudar presionándole positivamente. El cambio es posible, pero no siempre lo logramos solos por nuestra cuenta. Decídase a hacer un cambio y si necesita apoyo, ¡búsquelo! Para que usted también pueda decir, como los participantes del reto, ¡YO PUEDO!

Alimentos para mejorar tu cerebro

Tomado de: www.larazon.es

Aguacate

Tu cerebro es un 60 por ciento grasa, y eso quiere decir que para mantenerlo en forma la grasa saludable tiene que ser parte de tu dieta. Los aguacates contienen ácidos grasos monoinsaturados, los mismos que el aceite de oliva, con lo que tienen propiedades antiinflamatorias. Además, aportan una gran cantidad de fibra. Por si fuera poco, el aguacate proporciona triptofano, que es un precursor de la serotonina, el neurotransmisor que produce sentimientos de bienestar en el cerebro. Para terminar el cóctel de nutrientes, contiene ácido fólico y ácidos grasos omega-3, esenciales para la función mental.
 
Sardinas

No todos los ácidos grasos omega-3 son iguales, aunque muchos contenidos publicitarios lo den a entender. Los que proceden de fuentes vegetales contienen ALA, un ácido que debe transformarse en el cuerpo para poder utilizarlo, y este es un proceso poco eficiente. Sin embargo, las sardinas proporcionan grandes cantidades de EPA y DHA, los ácidos grasos omega-3 que tu organismo puede asimilar directamente, que son imprescindibles para el funcionamiento del cerebro y previenen la depresión. Además, como son peces pequeños, no hay riesgo de acumulación de metales pesados o toxinas. Es uno de los pescados más recomendables.
 
Chocolate

Esto sí que son buenas noticias: el chocolate es un alimento para el cerebro. En un estudio en el que se daba chocolate con un 70 por ciento de contenido de cacao a los sujetos implicados se comprobó que aumentaba la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro de adaptarse, aprender y regenerarse. Así mismo el cacao contiene antioxidantes con propiedades antiinflamatorias. Estos beneficios desaparecen si tomas chocolate con leche, ya que el alto contenido en azúcar y muy bajo contenido en cacao tiene los efectos contrarios. Si comes chocolate, que sea en poca cantidad y amargo.

Huevos

Los huevos son una buena fuente de vitaminas B6 y B12, esenciales para el funcionamiento del cerebro, además de ácido fólico y omega-3, si están enriquecidos con este ácido graso. Pero lo más importante es que los huevos son una de las mayores fuentes de colina, un nutriente esencial poco conocido, pero fundamental para el correcto funcionamiento de tu cerebro. La colina es el ingrediente que el cuerpo utiliza para sintetizar acetilcolina, uno de los principales neurotransmisores del cerebro y que regula nada menos que los movimientos musculares, también el estado de ánimo y la formación de recuerdos.

La 'glutamina' de los deportistas: ¿Realmente sirve para algo?

Tomado de: www.elmundo.es

Al hablar de glutamina, uno de los aminoácidos de nuestro cuerpo, seguramente se nos venga a la cabeza de forma casi instintiva el mundo del deporte y el de muchos aficionados. Pero ¿por qué la toman tantos deportistas? ¿Sirve de algo, realmente, su uso cuando la glutamina es una sustancia que produce nuestro cuerpo por sí solo? En general, suele ser un tema muy debatido, casi controvertido, ya que existen muy pocos datos y ninguna evidencia científica publicada en las conocidas revistas médicas de reputación mundial.

"La glutamina es un aminoácido que se procuce en el propio organismo y, salvo circunstancias extremas como desnutriciones, cirugías importantes o politraumatismos, no es necesaria su administración a través de medicamentos o de ayudas nutricionales externas", afirma a EL MUNDO Pedro Manonelles, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED/FEMEDE) y cátedra internacional de Medicina del Deporte de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM).

Las proteínas se componen de 20 aminoácidos, algunos de los cuales los puede producir el organismo y otros no. "A los que puede producir el organismo, se les llama aminoácidos no esenciales y la glutamina es uno de ellos", explica la nutricionista Elena Pérez Montero, del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid. Es un elemento que encontramos, fundamentalmente, en alimentos proteicos como la carne, pescado, huevos, lácteos y sus derivados. Aunque también está presente en granos, frutos secos, col, perejil, rúcula, soja y en algunas frutas como la piña y las grosellas negras. La proporción de proteínas que el organismo necesita está entre el 10-15% de los nutrientes. 

Innecesaria si la dieta es variada

Según explica esta profesional, el organismo es capaz de sintetizar glutamina y por eso es de los aminoácidos con los que menos problemas de deficiencia vamos a tener (salvo en algunos casos, por ejemplo, en ciertas patologías oncológicas o en quemaduras graves) si tenemos y mantenemos una alimentación variada y saludable.

Además, es importante tener en cuenta las consecuencias que puede tener una 'sobredosis' de glutamina, tomando los productos que se venden. "Ésta es un componente de las proteínas e ingerirlas en exceso puede tener efectos negativos en los riñones, corazón e hígado", comenta Pérez Montero. Tener una alimentación variada, saludable y sana aporta las necesidades de glutamina al organismo", explica la nutricionista. "Hasta ahora, los estudios no han logrado demostrar que la glutamina mejore la respuesta al entrenamiento de resistencia mediante la reducción de la degradación de proteínas". 

Un caso relevante de esta falta de evidencia es el ejemplo de Australia, un país que tiene una regulación muy completa en cuanto a este tema. La regulación australiana, explica esta profesional, se divide en cuatro grupos (A,B,C y D) y es el B donde se engloba o se etiqueta los suplementos de glutamina: "'Bajo consideración, sin evidencia sustancial, pero son de interés, requieren más estudio o la información inicial es prometedora".

Los deportistas que compran y toman glutamina, explica este profesional, lo hacen porque se le ha atribuido una serie de propiedades que están directamente relacionadas con el rendimiento y con la recuperación muscular. Sin embargo, "muchos la toman sin saber muy bien qué beneficios o efectos puede tener", sostiene haciendo hincapié en el marketing que hay tras su consumo. Los motivos de su uso se dan, sobre todo, por dos factores: por su efecto mimético (lo hago porque lo hace mi ídolo o referente) y por la creencia de que una pequeña ventaja frente a un rival, a través de un suplemento nutricional o de una mejor forma de entrenamiento, te va a permitir ganar.

Pero donde realmente tiene efecto la glutamina es "en las células intestinales y en el sistema inmunitario. Es decir, mejora la función intestinal y la función inmunitaria. Cosas que, de forma directa, no tienen nada que ver con la práctica deportiva", afirma Manonelles. De ahí que la indicación más clara que puede tener esta sustancia dentro del deporte sea la disminución del riesgo de infecciones. Como efecto preventivo. "Pero no se ha demostrado científicamente nada sobre la mejora del rendimiento y sobre la recuperación del músculo de larga o corta duración", asegura.

Es cierto, indica por su parte Pérez Montero, que al participar la glutamina en la síntesis de proteínas y ser una fuente de energía celular, ayuda a recuperar la musculatura, a no perder masa muscular y a tener más resistencia en el ejercicio. Sin embargo, aclara que "el que la glutamina actúe en esas reacciones, no significa que añadir un aporte externo adicional, aparte de en los alimentos, vaya a potenciar esos efectos. Si hubiera una evidencia científica, estaría publicado en revistas de prestigio, sería la pauta habitual y habría una dosis con la que obtener el efecto", afirma.

En general, concluye Mannonelles, "la dieta equilibrada y normal que consumimos cubre perfectamente las necesidades de todo tipo de sustancias como la glutamina y otros elementos de utilización muy amplia en el deporte, sin que sea necesario que se consuman en forma de tabletas o de preparados comerciales".

Riesgos, alergias e intolerancias 

En la actualidad, el uso de la glutamina o ayudas nutricionales externas de glutamina se da fundamentalmente en dos ámbitos: en el ambiente hospitalario, donde tiene unas indicaciones clínicas muy precisas, y de forma muy importante, en el mundo del deporte. Es importante comentar que la glutamina que toman muchos deportistas no tiene efectos secundarios, «pero sí que hay que tener cuidado en las personas que tienen intolerancia al glutamato porque pueden desarrollar síntomas gastrointestinales como diarreas, vómitos o dolor abdominal; y también las personas alérgicas a este tipo de sustancias», comenta Manonelles, quien aclara que la glutamina se vende como un producto puro. En este sentido, el profesional reitera que «no se ha demostrado que la glutamina ayude a recuperar la musculatura o a tener más resistencia».

Lo que sí puede hacer un zumo detox por ti

Por LAURA CAORSI  / Tomado de: www.consumer.es

Los zumos detox están de moda desde hace tiempo. Los encontramos en libros de recetas y en páginas web, en la prensa diaria, en la publicidad, en manos de personajes famosos que se fotografían con ellos, en las redes sociales, en formato guía para hacerlos en casa y hasta en formato listo para consumir. Contienen verduras (a veces frutas) y agua. Estos batidos verdes son un éxito del mercado -y un negocio multimillonario- que ha sabido leer bien el creciente interés de las personas por comer de manera saludable y cuidarse a través de la alimentación. Pero, ¿son sanos? ¿Cumplen lo que prometen? En este artículo reseñamos cinco efectos de incorporarlos a la dieta.

Un zumo detox es, según sus promotores, una bebida natural capaz de "purificar" y "eliminar toxinas" de nuestro organismo. De ahí viene su nombre: detox, apócope de desintoxicar. Se presenta, en ocasiones, como una opción dietética diaria (para tomar a media mañana, de tarde o en lugar de la cena); muchas veces, como una rutina mensual combinada con ayunos; y, casi siempre, como una terapia de choque para compensar los excesos con la comida (por ejemplo, después de Navidad).

Antes de continuar, hay que dejar algo bien claro: la función de eliminar toxinas ya la cumple nuestro cuerpo de manera natural. Venimos con la "depuradora" incorporada desde el nacimiento. Está formada por unos órganos muy importantes -tanto que se llaman vitales-, como el hígado o los riñones, y son ellos los que trabajan para mantener las cosas en su sitio. También son ellos los que hacen horas extra hasta el agotamiento cuando nos pasamos con la comida, los refrescos o las copas.

No hay ningún batido que reemplace el trabajo de un riñón. Si fuera así, las personas con afecciones renales lo beberían en lugar de asistir a largas sesiones de diálisis. Tampoco hay zumo detox que sustituya a un hígado o cualquier otro órgano vital. Y (¡atención, spoiler!) no hay pócima, jugo o brebaje, por muy natural que sea, que sustituya los beneficios de una buena dieta. Las siguientes son cinco cosas que un zumo detox sí puede hacer por ti.

1. Dañarte los riñones y causarte malnutrición

Estas bebidas se preparan con agua, verduras y, a veces, también con frutas. Es decir, contienen ingredientes sanos, de origen vegetal y recomendados por todas las sociedades de referencia en el ámbito de la salud y la nutrición. Esa es la base de su éxito social. El razonamiento se podría resumir de este modo: si debemos comer frutas y verduras, ¿qué mal pueden hacer unos zumos que contienen, precisamente, frutas y verduras? La mejor respuesta existe desde hace 500 años y se le atribuye a un médico suizo conocido como Paracelso: "La dosis hace el veneno".

Algunas verduras que consumimos con frecuencia, como las espinacas o las acelgas, contienen ácido oxálico. Este ácido, en pequeñas dosis, no supone un riesgo para la salud, como cuando comemos una ensalada con hojas crudas de espinacas o unas acelgas cocidas. Otra cosa es ingerir importantes cantidades de estas verduras, como las que se necesitan para elaborar un zumo detox. La concentración de ácido oxálico en estas bebidas supera, por mucho, la que tomaríamos en una dieta normal (¿cuántas acelgas, perejiles y espinacas hay que triturar y licuar para obtener un vaso de zumo?).

Esto aumenta de manera notable el riesgo de que se formen cálculos renales (piedras) y de provocar daños en los riñones. Puede causar irritación en el esófago y el estómago y, además, entorpecer la correcta absorción de minerales tan esenciales como el calcio, el hierro, el potasio, el magnesio o el sodio. En otras palabras, puede provocar cuadros de anemia y malnutrición. El peligro es tan cierto y tan serio que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) define a estos batidos verdes como uno de los 13 riesgos emergentes para la salud.

2. Adelgazar... tu bolsillo

Los zumos detox que se comercializan ya embotellados y listos para consumir no son baratos. Aunque los tamaños de los envases y los precios varían según las marcas, basta observar las propuestas más conocidas para hacerse una idea del coste. Una botella de medio litro (o un poco menos) cuesta entre 4,40 euros y 8,30 euros. Y eso es solo el principio, porque los distintos planes detox no se solventan con una sola botella. La propuesta, en general, consiste en sustituir la comida de (al menos) un día entero por estos batidos: entre 5 y 6 botellas, según las marcas. En muchos casos, supone, por tanto, unos 50 euros al día. Los propios fabricantes señalan que se dirigen a un público principalmente femenino y de poder adquisitivo medio-alto.

3. Aumentar tu apetito y causarte malestar

Por supuesto, los zumos detox se pueden hacer en casa. Pero, aunque sea mucho más económico que comprarlos hechos, seguiremos tirando el dinero y, muy probablemente, sintiéndonos mal. Además del ácido oxálico -del que tendremos más que suficiente en un solo vaso-, puede haber otros problemas cuando los vasos se acumulen y el plan detox se convierta en rutina. La reducción drástica de alimentos y nutrientes, así como una dieta líquida, sin masticación, puede generar dolor de cabeza, debilidad, alteraciones intestinales (como diarrea o estreñimiento)... y dejarnos con hambre.

4. Hacerte engordar

Esto va ligado con lo anterior. No es lo mismo beber un zumo -por mucha fruta o verdura que tenga- que comer esos mismos alimentos a bocados.

Por un lado, los vegetales pierden fibra en el proceso y su capacidad para saciarnos es menor, con lo que tendremos apetito al cabo de un rato. Eso significa que, o bien lo pasaremos mal (y, casi con toda seguridad, nos pondremos de mal humor), o bien acabaremos picando algo para matar el gusanillo.

Por otro lado, el cuerpo no recibe igual los alimentos cuando están enteros que cuando están exprimidos o licuados. Esto se nota, sobre todo, con el azúcar y los niveles de glucemia, que se elevan de manera brusca cuando tomamos un zumo. De ahí que los batidos detox estén desaconsejados de forma específica por sus propios fabricantes para las personas con diabetes (que, en cambio, sí pueden comer fruta entera).

Además, cuando bebemos la comida, ingerimos más cantidad de la que lo haríamos masticando. Podemos hacer la prueba en casa. Es más fácil tomar un zumo de naranja y un cruasán con mantequilla que comer masticando las dos piezas de naranja necesarias para hacer el zumo y, además, comer ese mismo cruasán.

5. Alejarte de una dieta saludable

Los zumos detox entrañan unos cuantos problemas, a corto y a largo plazo. Pero, más allá de los riesgos específicos, el problema de base es que nos mantienen alejados de una dieta saludable. Pensémoslo un momento: si la propuesta es depurar, limpiar y purificar es porque se parte del supuesto de que nuestro cuerpo está sucio, intoxicado y lleno de impurezas.

Como hemos recordado antes, ya tenemos unos órganos que se encargan de la limpieza. Pero imaginemos que no. Imaginemos que estos batidos cumplen con su promesa: nos depuran y desintoxican. Si eso fuera así, deberíamos estar intoxicados en primer lugar. Estaríamos atiborrados de comida de mala calidad, con más bebidas y picoteos de la cuenta; es decir, con un patrón dietético alejado de lo que se considera una dieta saludable. Si no, no tendría sentido tomarlos. ¿No es más sencillo (y sano y barato) hacer una dieta notox que compensar los excesos con un batido detox?

17 de agosto de 2018

3 pasos para iniciar un estilo de vida saludable

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Muchas veces pensamos que es muy complicado comer sano o mantener un estilo de vida saludable. Lo cierto es que no tiene por qué ser así. Y por eso hoy les cuento 3 pasos básicos para lograrlo.

1. Sea paciente, trátese bien y no se exija más de la cuenta

El cambio lleva tiempo. Eso es una realidad. Y si hemos tenido malos hábitos por mucho tiempo (años quizás), es muy poco probable que los logremos cambiar en unos cuántos días. Lo mejor es que pensemos en hacer un cambio en etapas.

Por ejemplo si el plan es llegar a hacer ejercicio, puede comenzar por ser más activo diariamente (evitar el sedentarismo), luego puede pensar en hacer ejercicio una vez a la semana, y posteriormente ir incrementando el tiempo o la cantidad de días. 

Sí, puede llevar más tiempo. Pero es mejor ir poco a poco pero haciendo un cambio constante, que intentar de una sola vez empezar con ejercicio a diario, y en el primer momento que no se logra aparece la frustración y nos rendimos. No piense que tiene que hacer cambios contra el tiempo. 

2. Concéntrese en lo que va a incorporar, y no en lo que va a dejar

Sabemos que hay que reducir el consumo de golosinas, bebidas azucaradas, comidas rápidas, etc. Y que es importante incorporar agua, frutas, vegetales, grasas saludables, entre otros.

No empiece pensando "ya no voy a poder comer más X alimento". O por hacer ejercicio "ya no voy a poder ver X programa". Si necesita comer más vegetales, simplemente póngalos en el plato. No importa si a la par puso muchas harinas o una carne muy grasosa.  Coma de primero los vegetales eso sí (haga ese compromiso), y luego siga con el resto. Eventualmente esos alimentos nuevos que está incorporando van a ir ocupando el espacio de otros alimentos menos saludables. Porque se va a llenar un poco con los vegetales y va a comer menos de lo demás, y también porque va a hacer una inversión económica en adquirir vegetales, entonces puede mantener su presupuesto de comidas comprando menos de otros productos menos saludables.

Igual sucede por ejemplo con bebidas. No piense en lo que debe dejar de tomar, sino concéntrese por ejemplo en tomar agua. Ya luego analiza si todavía tiene sed para tomar una bebida azucarada.

Y en el caso del ejercicio, piense que va a tener un rato con usted mismo y lo puede hacer tan divertido como quiera. Puede buscar compañía de su agrado, puede escuchar su música favorita, etc. Va a ser un rato con usted y para usted, al igual que puede ser sentarse una hora a ver una serie en teleisión.

3. Lleve un registro de sus logros

Tenemos tendencia a pensar en todo o nada. O sentimos que ya estamos siendo saludables, o entonces pensamos que ya estamos fracasando. Lo cierto es que todo paso cuenta. Empiece a anotar cada cosa buena o saludable que hace. Desde que comió un dulce menos, hasta que tomó un vaso más de agua.

Conforme empiece a ver que tiene al menos 2 o 3 cosas positivas cada día, va a ir tomando conciencia de que con esos pequeños pasos ya se está encaminando a su meta, y no va a sentir las ganas de renunciar por (según usted) no estar logrando nada.

Incluso puede compartir sus logros en redes sociales. El apoyo de sus amigos le va a ayudar a motivarse.


No piense que es complicado, ni se complique usted solo más de la cuenta. Cambiar hábitos no es tan sencillo como un abrir y cerrar de ojos, pero paso a paso y con constancia ¡se logra!

Seis causas que nos llevan a comer en exceso

Tomado de: www.clarin.com

En nuestro país seis de cada diez argentinos tienen kilos de más, y hasta el momento no hay señales que indiquen que esto vaya a cambiar. Este alarmante panorama es uno de los principales desafíos que se nos presenta a los profesionales de la salud del siglo XXI, para ayudar a nuestros pacientes a reducir la carga de enfermedades crónicas relacionadas con el exceso de peso y los malos hábitos alimentarios, como la enfermedad coronaria, la diabetes mellitus, los elevados niveles de grasas en sangre, las artrosis y ciertos tipos de cáncer, entre otras dolencias.

A continuación, los principales motivos que escucho decir a mis pacientes que los llevan a comer de más.

Por habernos acostumbrado a comer así, mucho

El acto de comer en particular tiende a ser un comportamiento más automático que otros, ya que es una necesidad básica para sobrevivir. Una vez aprendido resulta difícil de desarmar, debido a que es un circuito memorizado en el tallo cerebral, que encuentra su asiento neurológico en los ganglios basales, unas estructuras muy antiguas de nuestro cerebro. De este modo funcionan los hábitos, que son aquellas conductas reiteradas y conocidas que se vuelven frecuentes. Una de las pistas para a empezar a considerar es sintonizar más con el cuerpo; muchas personas les resulta extraño reconocer las sensaciones corporales de hambre y saciedad apenas están apareciendo. Es que la mayoría «viven» en su cabeza, atenta a sus preocupaciones, pensamientos, estados de ansiedad, como si el cuerpo solo fuese un vehículo que sostiene al cerebro. Viviendo de esta forma nos desregulamos. Si pretendemos y tenemos la intención de comer con mas atención deberemos considerar mas las señales de nuestro cuerpo para detectar cuando necesitamos alimentarnos y cuando ya ha sido suficiente.

Por estrés

Desafortunadamente los desórdenes de ansiedad ligados a la comida son cada vez más frecuentes, y el estrés se ha naturalizado como algo normal para muchos de nosotros. Se sabe que ante situaciones estresantes las personas pueden comportarse de manera diferente; algunas refieren que «se les cierra el estómago», con pérdida del apetito, mientras que en muchas otras aumentan las ganas de comer, en especial alimentos con alto contenido de azúcares y grasas. Esto último sucede cuando el estrés se torna crónico, causando desajustes hormonales con aumento de la secreción de cortisol, lo cual inhibe la producción de leptina ( hormona producida en el tejido adiposo que avisa cuando las reservas de energía están cargadas), y aumenta la liberación de grelina e insulina, lo cual causa un aumento de la sensación de hambre, que lleva finalmente a aumentar la ingesta, e incrementar la formación de tejido adiposo en el organismo.

Por un trauma emocional

Uno de los recursos más utilizados para distraer estados emocionales intensos es la comida, lo que puede derivar en un trastorno de la conducta alimentaria si no es advertido a tiempo. Los eventos traumáticos son aquellos sucesos que tienen el potencial de provocar sufrimientos humano significativo (abuso, violencia doméstica, muerte de un ser querido, etc), que sobrepasan los mecanismos naturales de resolución. Un trauma, sin importar su origen, puede lastimar de un modo profundo la salud mental y física de la persona. Al estar la comida tan disponible y a la vez no tan mal considerada como otros habituales reguladores del estado de ánimo (alcohol, cigarrillos), la utilizamos muchas veces a pesar de las sabidas consecuencias. Uno de los desordenes alimentarios más frecuentes es el “trastorno por atracón”, el cual tiene por definición uno o más episodios por semana, que tienen lugar durante los últimos tres meses previos a la consulta, en los que se come fuera de control, en su mayoría alimentos ricos en grasas, harinas y azúcares. Este trastorno se presenta en situaciones de estrés, depresión y frente a grandes cantidades de comida. Hay estudios que indican que lo padecen el 30% de los pacientes que concurren a las consultas de nutrición buscando bajar de peso. Los actuales abordajes enseñan a los pacientes a regular los estados emocionales tomando acciones más creativas y adecuadas, que no sean solo reaccionar ante las mismas comiendo.

Por placer y acceso a tanta comida tentadora

La industria alimentaria trabaja a todo trapo para despertar nuestros instintos más profundos con todas sus elaboraciones a través de publicidades invasivas, ejerciendo mensajes que no pasan inadvertidos, del estilo «destapá felicidad» o «llená tu vacío existencial», con la foto de una impresionante hamburguesa completa. Hoy en día son esas sensaciones placenteras que tantas comidas y nuevos diseños de alimentos grelina generan las que hacen que eso que más nos gusta pueda transformarse en un problema. Según un informe elaborado en conjunto por la OPS y la FAO publicado a principios de 2017, Argentina es el tercer país de América Latina en consumo de alimentos ultraprocesados, como galletitas u otros productos a base de harinas refinadas y grasas, los cuales nos desregulan por no provocarnos saciedad, llevándonos a comer de más. Cada argentino compra por año 185 kilos de este tipo de alimentos poco saludables. El consumo desmedido de alimentos procesados industrialmente (bebidas azucaradas, comidas rápidas y alimentos ricos en grasas y sal) está reemplazando a las comidas tradicionales caseras más nutritivas. Lo aconsejable sería poder optar por una variedad de comidas caseras, de la mayor calidad que se pueda, abundantes en verduras y frutas, reduciendo el consumo de alimentos ultraprocesados y productos industrializados.

Por comer con otras personas que nos llevan a comer de más

Muchos de nosotros demostramos cariño cocinando: a más cantidad, mayor es la supuesta demostración de amor que hacemos. Sin duda, la comida tiene una representación afectiva evidente, que desde pequeños hemos asociado a la distracción y disfrute. Muchos de nosotros tenemos la tradición familiar de comer “de lo lindo” cuando estamos reunidos en familia, y festejando con amigos. En mi caso la abuela de mi esposa se llama Virginia y está por cumplir 103 años. Ella es hija de italianos y, aún hoy, para las fiestas de fin de año prepara hasta cinco exquisitos platos diferentes. ¿Cómo es que algo tan significativo como la comida de la abuela podría enfermarnos? ¿Y si esta abuela cocinara así todos los días de la semana? Es difícil ir en contra de las tradiciones familiares. El panorama de hacer cambios no es sencillo, pero tampoco imposible.

Porque hacer dieta no sirve

Muchas personas renuevan sus sueños con “la dieta del momento” con real entusiasmo y disciplina, y a los pocos días se dan cuenta que la comida es más fuerte y no pueden parar de comer.

En las últimas décadas estudios especializados han demostrado que los tratamientos para adelgazar centrados exclusivamente en la pérdida de peso no son eficaces para la mayoría de las personas debido a altas tasas de recuperación de peso perdido, con oscilaciones entre descensos y aumentos constantes que se vinculan a su vez con efectos adversos en la salud y el bienestar. La propuesta de «hacer dieta» ha fracasado porque comer es un comportamiento humano de lo más complejo en el que se deben considerar integralmente todos sus aspectos: desde los sociales y culturales hasta los psicológicos y emocionales. 

La actual epidemia de obesidad no esta dando señales de detenerse. Sé que cambiar es un proceso nada fácil, que nos llevará tiempo y esfuerzo. Algo útil que he aprendido es que para poder modificar aquellas conductas que nos perjudican, nuestras expectativas de lo que haremos deberían ser pequeñas y posibles, para que de esta manera la suma de cambios que nos propongamos hacer sean realizables (por ejemplo, “cuando esté ansioso haré respiraciones profundas en lugar de ir a la heladera”; “de colación intentaré comer fruta en lugar de galletitas”, etc). Así, poco a poco y con mucha paciencia, comenzaremos a construir nuevos hábitos para toda la vida.

Naranja: propiedades, beneficios y valor nutricional


“La naranja es una fruta de escaso valor calórico, con un aporte interesante de fibra soluble (pectinas), cuyas principales propiedades se relacionan con la disminución del colesterol y la glucosa en sangre, así como con el desarrollo de la flora intestinal”, recoge la Fundación Española de la Nutrición (FEN) y la mejor forma de aprovechar sus propiedades no es en zumo, sino entera.

A pesar de las costumbres y los mitos, dietistas y nutricionistas llevan unos años insistiendo en que los zumos no son tan saludables como creíamos: son una fuente de azúcares y carecen de la fibra que ofrecen las piezas completas. Así que la naranja, mejor a gajos.

Valor nutricional (por 100 gramos):
- Calorías: 42 kcal
- Grasas totales: 0 g
- Colesterol: 0 mg
- Fibra: 2 g
- Vitamina C: 50 mg
- Calcio: 36 mg
- Hidratos de carbono: 8,6 mg

Como es sabido, es rica en vitamina C, que interviene en la formación de colágeno, huesos y dientes, glóbulos rojos y favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones. También contiene ácido cítrico, “capaz de potenciar la acción de la vitamina C, favorecer la absorción intestinal del calcio y facilitar la eliminación de residuos tóxicos del organismo, como el ácido úrico”, explica la FEN.

La presencia de carotenoides con actividad provitamínica A sugiere, según numerosos estudios epidemiológicos, que la naranja previene distintos tipos de cáncer y protege ante enfermedades cardiovasculares. Y sus flavonoides colaboran con las vitaminas en el refuerzo del sistema inmunitario.

Las personas con tendencia a formar cálculos renales deben ser prudentes con el consumo de naranja, puesto que su contenido en oxalatos facilita su creación.

Las frutas con menos azúcar

Por LAURA CAORSI  / Tomado de: www.consumer.es

Todas las frutas contienen azúcar, incluso las que no nos parecen frutas ni son dulces, como el aguacate, el tomate o la berenjena. Pero no todas contienen la misma cantidad, y en este artículo recopilaremos las que tienen menos. El dato puede resultar de interés para las personas con diabetes, a pesar de que incluso con esta patología, se puede comer fruta. Y es que la fruta (una víctima frecuente de las dietas milagrosas y los mitos alimentarios) es un alimento muy sano y completo que, además del azúcar, nos aporta vitaminas, minerales y fibra, imprescindibles para cuidar la salud.

Antes de pasar a la lista, otro dato de interés: no es lo mismo el azúcar naturalmente presente en los alimentos que el azúcar añadido. Puede haber alimentos procesados con menos azúcar que una nectarina (unas patatas fritas de bolsa, por ejemplo), pero con un perfil nutricional peor. Además, tampoco es lo mismo el azúcar de la fruta cuando la comemos a bocados (masticando), que cuando la bebemos en zumo. El pediatra Carlos Casabona explica en este artículo por qué. En suma, si queremos comer algo dulce, la mejor opción siempre será una pieza de fruta fresca, al natural y de temporada.

Frutas con menos de 5 g de azúcar por cada 100 g de peso

En este grupo están las más ácidas, como la lima o el limón. Resultan difíciles de comer solas, pero se pueden utilizar como aliños en ensaladas vegetales (en lugar del vinagre), para macerar alimentos (carne de pollo, marisco o pescado) o para evitar la oxidación de otras frutas (como la manzana y el plátano) en contacto con el aire. Si hacemos una macedonia, verter un poco de zumo de lima o limón evitará que estas frutas se pongan negras.

También encontramos las fresas y los llamados frutos rojos o frutos del bosque, como las frambuesas o las moras. Un cuenco con 100 gramos de estas frutas contiene entre 4,2 y 4,9 gramos de azúcares totales: un poco menos que el pan blanco y casi tres veces menos que un cruasán. Además, nos aportan muchos más nutrientes saludables, como los antioxidantes y la fibra.

Frutas con menos de 8 g de azúcar por cada 100 g de peso

En este grupo, que va de los 5 a los 8 gramos de azúcares totales, hay unas cuantas veraniegas, como la sandía y el melón (que son frutas muy hidratantes) o las nectarinas. Si las dos primeras nos aportan mucha agua y sensación de frescor, estas últimas son un dulce manjar que podemos disfrutar bien frío, tanto en casa como en la playa.

Además de estas frutas de verano está el pomelo, cuyo sabor amargo puede hacernos pensar que no tiene azúcar, a pesar de que tiene casi la misma cantidad que las nectarinas. El pomelo posee muchas propiedades saludables, aunque puede interferir con la acción de algunos medicamentos (impidiendo o disminuyendo su absorción). Si tomamos ansiolíticos, fármacos para reducir el colesterol, antihistamínicos o medicamentos para regular la tensión arterial, conviene consultar con el médico.

Frutas con menos de 10 g de azúcar por cada 100 g de peso

En este grupo, que va de los 8 a los 10 gramos de azúcar, hay un número importante de frutas conocidas. Están los melocotones amarillos, la piña y algunos tipos de cerezas (no todas, ya que las hay más y menos dulces). También encontramos albaricoques, peras, algunas variedades de manzana (como la Granny Smith) y arándanos, que son los que contienen más azúcar de todo el grupo. Hay también cítricos, como las naranjas, las mandarinas y las clementinas, que nos aportan vitamina C, ácido fólico, fibra y potasio.

¿Y qué frutas están por encima de los 10 gramos de azúcar? Entre las más conocidas -y consumidas- en nuestro país, hallamos los higos, las uvas, la granada y el plátano. ¿Significa esto que tienen un peor perfil nutricional o que debemos evitarlas? En absoluto. Las frutas son alimentos saludables que nos aportan diversos nutrientes que cuidan nuestro organismo. Los expertos hacen hincapié en que los alimentos, sean del tipo que sean, deben considerarse como un todo; no basta un nutriente para definirlos.

10 de agosto de 2018

¡No se olvide de la proteína!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Veo en mi consulta casos de personas que no son amantes de las carnes. No son precisamente vegetarianos, porque siempre consumen alimentos de origen animal, solo que lo hacen en porciones pequeñas. Esto no debería representar un problema, si consumimos otros alimentos fuente de proteína.

Recordemos que un adecuado consumo de proteínas es fundamental ya que son parte de nuestro sistema de defensas (los anticuerpos son proteínas), intervienen en diversos procesos que ocurren en nuestro cuerpo, como la coagualación de la sangre, y la función que quizás conocemos más tiene que ver con los tejidos. Las proteínas son necesarias para el crecimiento, mantenimiento y reparación de los tejidos. Probablemente lo asociamos más con la formación del músculo, pero en general intervienen en todos los tejidos corporales incluida la piel. Así que las proteínas son un nutriente fundamental para nuestro cuerpo.

Una de las fuentes más comunes son los alimentos de origen animal: leche y derivados, las carnes y el huevo. Si no consumimos suficientes alimentos de este tipo, entonces debemos procurar que hayan fuentes de proteína vegetal. Y este es el detalle que muchas veces dejan de lado las personas que les menciono que comen poca carne. No siempre piensan en los nutrientes que están dejando de consumir, y por tanto no buscan la manera de suplirlos.

Podemos encontrar proteína en alimentos como las leguminosas (frijoles, garbanzos, lentejas), en algunos cereales o granos, en los vegetales, y en las semillas como el maní, nueces, chía, entre otras. La proteína que aportan estos alimentos no es exactamente igual a la de origen animal (de hecho a la proteína animal se le llama completa o de alta calidad), pero si mantenemos una alimentación variada y consumimos las cantidades adecuadas de estos alimentos vegetales, podemos llegar a cumplir los requerimientos de proteína de la misma manera que lo haríamos si comiéramos carne por ejemplo.

Además de la proteína, al consumir pocos alimentos de origen animal (o pocas cantidades), podemos tener también otra situación: un bajo consumo de vitamina B12. Esta vitamina es importante para el metabolismo, para la formación de glóbulos rojos, y para el mantenimiento del sistema nervioso central (incluido el cerebro). 

En este caso, es importante revisar cuánto se está consumiendo y valorar el uso de alimentos fortificados o suplementos de esta vitamina.

Tanto por el consumo de proteína como de vitamina B12, es fundamental buscar la asesoría profesional adecuada, para que el consumo reducido de un grupo de alimentos no llegue a tener un impacto importante en su salud.

Cada grupo de alimentos tiene su función e importancia, de ahí que no es recomendable simplemente eliminarlo, sino que hay que informarse de las posibles consecuencias que puede tener para nuestro organismo, y tomar las acciones del caso.

Cómo adelgazar según la edad


Lucía se puso a dieta por primera vez a los 17 años, luego la actividad social la hizo descuidarse y volvió a hacerlo a los 22. Con el correr de los años probó con diferentes dietas mágicas pero no obtuvo resultado por el conocido efecto rebote. Llegados los 50, dejó de intentarlo y ahora tiene problemas de sobrepeso. ¿Por qué cada vez se le hace más difícil?

Sin importar el género, la edad y el nivel socioeconómico, la clave para disminuir de peso está en generar un balance energético entre lo que la persona come y lo que gasta. Según dijo la nutricionista Florencia Ceriani –docente de la Escuela de Nutrición–, si bien solo se necesita de esta ecuación para bajar de peso, "las necesidades de energía van variando en la vida, en general por la edad y por la actividad física". Es decir, las diferentes etapas requieren distintos esfuerzos y planes para lograrlo.

Por su parte, Any Rodríguez, licenciada en nutrición e instructora en fitness, sostuvo que el descenso de peso puede ser cuesta arriba a cualquier edad si la persona no es consciente de lo que genera tener kilos de más. "Más allá del combo del metabolismo y gasto energético que pueda venir por parte del organismo, lo principal es tener voluntad y para tenerla hay que ser consciente de lo que ocasionan esos kilos", dijo. Solo con actividad física o solo con dieta, no es posible obtener el resultado deseado. Se necesita una combinación.

Problema sanitario

La comida chatarra y el sedentarismo no colaboran con el bienestar físico de las personas. Lo que muchos no entienden es que estar en forma y no tener sobrepeso va más allá de lo estético, ya que es un asunto de salud. En Uruguay, según datos de la 2ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles, el 64,5% de los de los adultos de entre 24 y 65 años tienen sobrepeso y/o obesidad.

La obesidad prácticamente se duplicó entre 1980 y el 2008 en todo el mundo. En el caso de las Américas la prevalencia del sobrepeso y obesidad es la más alta: 62% de sobrepeso para ambos sexos y 26% de obesidad en mayores de 20 años.

Se entiende por obesidad y sobrepeso a la "acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud", según indica la Organización Mundial de la Salud. Para medirla, debe observarse el índice de masa corporal (IMC), es decir, el peso de una persona en kilogramos divididos por el cuadrado de la talla en metros. Si la persona tiene un IMC igual o superior a 30 es considerada obesa y con un IMC igual o superior a 25 está con sobrepeso.

Tener obesidad o sobrepeso puede ser un factor de riesgo para ciertas enfermedades crónicas, como la diabetes, enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Hoy en día es una de las mayores preocupaciones para los expertos de salud, pero es prevenible y tratable si se atiende en el momento correspondiente.

Adolescente y jóvenes

Durante la adolescencia y la adultez temprana –antes de llegar a los 30 años– es el momento más sencillo para bajar de peso, siempre y cuando el individuo se proponga un cambio de hábitos: una dieta adecuada y ejercicios.

Rodríguez explicó que hay mayor probabilidad de generar un gasto calórico mayor a lo que aporta la ingesta. Esto repercute en un balance energético negativo y, por consecuencia, hay un descenso de peso.

En esta etapa, el organismo tiene un proceso mucho más acelerado. Una serie de reacciones que están en el cuerpo aún siguen en crecimiento y ayudan a que el gasto energético sea cada vez mayor. "Si tenemos una alimentación saludable, hacemos ejercicio y encima tenemos ese gasto energético, el bajar de peso es mucho más fácil", indicó.

La única desventaja de ese momento es que los jóvenes suelen tener un gran desorden alimenticio. Muchas veces tienen poco tiempo entre el trabajo, el estudio y la actividad social, lo que hace más difícil cocinarse y organizarse.

Para Cecilia del Campo, deportóloga de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular, en la adolescencia y juventud es fundamental el rol de los compañeros, tanto los que critican como los que estimulan. Cada ejercicio físico tiene diferentes resultados, pero para esta edad puede ser más entretenido hacer baile, zumba, fitness, entre otras.

"A los 20 y a los 30 es más sencillo adelgazar, después puede ser más complicado por un tema hormonal", indicó Florencia Ceriani.

Entre los 30 y los 40

Los individuos no hacen las mismas actividades a medida que van pasando los años. Entre los 30 y 40 años se comienza a tomar un poco más de consciencia de los malos hábitos de la juventud. En general, las personas intentan moverse un poco más o mejorar su alimentación. Sin embargo, el metabolismo empieza a enlentecerse y bajar de peso ya no es tan sencillo. "Se enlentece el organismo porque hay cambios hormonales y ya no nos acompaña todo el gasto energético que teníamos antes. Tenemos un poco un poco más de voluntad, pero el gasto no es el mismo", opinó Ceriani.

También es una etapa en la que se acude a todo tipo de dietas mágicas, pero el efecto rebote termina destruyendo los resultados en cuestión de días.

La experta sostuvo que, en general, las mujeres se vuelven "dietantes". Es decir, desde la adolescencia empiezan a hacer diferentes dietas y cuando llegan a esta edad, el acostumbramiento conlleva a que la resistencia sea mayor y sea más difícil comprometerse a largo plazo. "Todos esos factores hacen que no sea lo mismo adelgazar a edades tempranas a cuando sos más grande", indicó la nutricionista.
Una vez que las obligaciones familiares empiezan a ser parte de la rutina, disminuir de peso puede convertirse en algo tedioso. Según Del Campo, la persona tiene que disponer de al menos 30 minutos de ejercicio al día.
Si a alguien no le gusta caminar, concurrir a clases de baile puede ser una buena idea. "Hay que hacer ejercicios que realmente muevan los músculos", apuntó.

Después de los 40

Entrar en los 40 no es sencillo para nadie, tanto porque cambia el físico como porque, además, afecta lo psicológico. Sin embargo, con dieta y ejercicio se puede disminuir de peso.

Con el paso de los años, aumenta la masa grasa y disminuye la magra, lo que provoca que el gasto energético y el bajar de peso cueste más.

Además, las mujeres corren con la desventaja de la menopausia, la que genera un cambio hormonal con el descenso de los estrógenos. Por tanto, "la localización de la grasa comienza a ser visceral y no queda tanto en las caderas como antes", recordó Ceriani.

Es un momento en el que suele ser común que el cuidado del peso se vaya de las manos y luego, a los 60 años, haya ganado la frustración por exceso de peso.

Llegaron los 60

Para el adulto mayor puede ser más dificultoso bajar de peso. Ceriani sostuvo que lo importante a esta edad es alcanzar un peso posible e intentar mantenerlo en el tiempo.

Aquí ya no hay que esperar llegar a un peso ideal, sino reducir lo metabólicamente necesario. Una persona que es obesa puede prevenir el impacto de enfermedades asociadas reduciendo entre un 5% y un 10%. "A veces no es necesario plantearse una reducción de 40 kilos, sino que con tener menos peso ya es positivo", agregó.

Al mismo tiempo, para Del Campo, el adulto mayor arrastra un componente social muy fuerte. Por ello, juntarse con personas de su edad o en lugares específicos los ayuda.

"Siempre buscamos soluciones mágicas a la hora de perder peso pero no las hay. La base siempre va a estar en una alimentación saludable, pero que a su vez se mantenga en equilibrio con una actividad física y que logre equilibrar la balanza de ingesta de gastos. De esta forma, la cuenta debe dar negativa y se puede bajar de peso a la vez que se genera masa muscular que es metabólicamente más activa", concluyó Ceriani.

El azúcar presente en el zumo de fruta 100% natural no es perjudicial para la salud

Tomado de: as.com

Un estudio publicado en el Journal of Nutritional Science asegura que el zumo de fruta 100% natural no produce efectos significativos en los niveles de glucemia y por lo tanto no tienen ninguna relación en el desarrollo de la diabetes tipo 2. Y es que el zumo de fruta ha demostrado no tener ni un Índice Glucémico (IG) ni una Carga Glucémica (CG) altos.

La guerra al azúcar, declarada hace tiempo, ha provocado la proliferación de investigaciones científicas que arrojen un mínimo de luz sobre su verdadera incidencia en la salud y en determinadas enfermedades. Lo que parece claro a estas alturas es que los azúcares libres, principalmente aquellos añadidos de manera artificial por la industria, hostelería o el propio consumidor, suponen un factor de riesgo independiente para muchas enfermedades no transmisibles.

Los azúcares libres incluyen los monosacáridos y los disacáridos añadidos a los alimentos y las bebidas, más los azúcares naturalmente presentes en la miel, los jarabes, los jugos de frutas y los concentrados de jugos de frutas, aunque no hay pruebas de que el consumo de azúcares intrínsecos tenga efectos adversos para la salud.

Así pues, la investigación no hace sino refrendar lo que ya ha venido advirtiendo la Organización Mundial de la Salud en los últimos tiempos: no hay evidencias científicas que indiquen que el consumo de zumos de frutas 100% natural sea perjudicial en general, ni en lo que respecta a la diabetes de tipo 2 en particular. Al contrario. Los zumos de frutas, fuente de fibra, minerales y vitaminas, con propiedades antioxidantes pueden incluso favorecer la regulación de los niveles de glucosa e insulina, al activar los receptores de insulina y captación de glucosa por las células.

Soporte científico

“En los últimos años, muchos de los datos científicos que hay sobre el zumo de fruta y sus beneficios para la salud han sido tergiversados u omitidos del debate sobre la salud, lo que ha creado confusión entre los consumidores y profesionales del sector de la salud”, aseguran desde la Asociación Europea de Zumos de Frutas (AIJN) y Asociación Española de Fabricantes de Zumos (Asozumos).

Por ello han puesto en marcha la campaña ‘Zumo de Fruta, en Serio’ para evitar dicha confusión, ofreciendo para ello “información científica clara basada en las evidencias existentes sobre los zumos”. Se trata de una campaña europea con base científica que se desarrolla en 14 países y tiene por objeto “dar a conocer trabajos de investigación representativos y fiables sobre el zumo de fruta”.

“Queremos compartir toda la información objetiva e imparcial sobre los beneficios de beber con moderación zumo de fruta, dentro de un estilo de vida saludable. No apoyamos ni promovemos marcas ni productos específicos. Simplemente nos limitamos a presentar pruebas científicas fiables que demuestran cómo el zumo de fruta, con sus vitaminas y minerales, puede ayudar a mejorar la salud y bienestar del consumidor”, concluyen.

La obesidad puede incrementar la transmisión de la influenza

Tomado de: www.nacion.com

La obesidad aumenta el riesgo de sufrir complicaciones a causa de la influenza. Ahora, un nuevo estudio indica que el peso no solo puede afectar la gravedad de la enfermedad, sino también su propagación.

La investigación, realizada por académicos de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos arrojó que los adultos obesos infectados con influenza eliminan la enfermedad de su cuerpo en 42% más de tiempo que los adultos sin sobrepeso, lo que aumenta la posibilidad de que la infección se disemine a otros en ese período.

Se estima que una persona expulsa el virus en una semana, pero el hallazgo indica que los obesos tardarían, aproximadamente, tres días más en hacerlo.

Estos resultados se publicaron en la revista médica The Journal of Infectious Diseases.

Las diferencias se encontraron en la influenza A, uno de los dos tipos de virus de gripe que pueden causar epidemias en humanos y cuya cepa A-H3N2 golpeó este año a Estados Unidos, donde había causado más de 10 mil muertes hasta marzo.

“Incluso en personas obesas sin síntomas, o con uno solo y menor, observamos un mayor tiempo de desprendimiento del virus, algo que nos sorprendió muchísimo, porque indica que el problema no se debe a la gravedad de los casos”, explicó a “El Mercurio” Aubree Gordon, profesora de epidemiología y autora principal del estudio.

Junto a su equipo, Gordon analizó el efecto de la obesidad sobre la duración del virus en 1.800 personas y durante tres temporadas de influenza desde 2015 a 2017.

Según explica, el estudio también analizó a un grupo de niños, pero los resultados indicaron que la obesidad parece no afectar la duración de la diseminación viral entre ellos.

Para todos los participantes, el tiempo de eliminación de la enfermedad se determinó mediante pruebas de muestras de nariz y garganta que detectaron la presencia de genoma del virus en el cuerpo.

“Creemos que es increíblemente importante invertir recursos y esfuerzos sustanciales para luchar contra la epidemia de obesidad, porque además de la enorme carga que causa en las enfermedades crónicas, ahora también sabemos que puede afectar la transmisión de enfermedades infecciosas”, comentó Gordon.

Causa-efecto

La académica dijo que su trabajo es la primera evidencia que sugiere una relación de causa y efecto entre la obesidad y un desprendimiento más lento de la gripe, y asegura que existen varios mecanismos para explicarlo.

Una posibilidad es que el organismo de los obesos tenga problemas para controlar la enfermedad, lo que podría conducir a tiempos de infección más largos.

“Es posible que la inflamación crónica, típica de la obesidad, entorpezca la capacidad del sistema inmune para combatir la infección”, explicó. Otra, agrega, es que las personas no se infecten más, sino que la inflamación ralentice la eliminación de los restos virales.

La doctora Jeanette Dabanch, miembro de la Sociedad Chilena de Infectología, concordó con la primera hipótesis. “Está comprobado que los obesos tienen una respuesta inmune alterada y normalmente son inmunodeprimidos, por lo tanto, se enferman más frecuentemente, además de que tienen problemas para respirar”.

La doctora Carmen Venegas, especialista broncopulmonar de la Red de Salud UC, explicó que la influenza produce un efecto tóxico en el cuerpo, que se mantiene incluso cuando el virus se ha ido.

“Ahora sería muy importante estudiar los efectos en la salud que experimentarían los obesos, si es que ese efecto tóxico perdura más tiempo en ellos”, dijo.

Para Vivian Luchsinger, viróloga y académica de la Universidad de Chile, el hallazgo es una evidencia más de que la obesidad es un problema de salud pública.

Con los datos que indican que un 31,2% de los chilenos es obeso, dice, los hallazgos sugieren que esto puede desempeñar un papel importante en la transmisión de la gripe a nivel nacional.

“Si alguien demora más tiempo con el virus puede sufrir consecuencias personales, como que la enfermedad termine en neumonía, que además va a requerir hospitalización, pero también tiene más días para infectar a otros”. Y agregó: “Si las personas obesas no están controlando su infección, podríamos tener enfermos más graves y mayores contagios”.

Prioridad

“Nuestros hallazgos sobre la transmisión respaldan que las personas obesas deben ser objetivo prioritario de vacunación y tratamiento oral”, dijo Aubree Gordon, de la Universidad de Michigan.

La doctora Jeanette Dabanch, miembro de la Sociedad Chilena de Infectología, cree que el estudio de Gordon avala la importancia de vacunarse y tomar medidas de precaución, independientemente del grado de obesidad. Esto significa lavarse las manos y ventilar las casas, así como evitar el cigarro y estar en lugares cerrados.

3 de agosto de 2018

Los 4 pilares de la salud

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

El fin de semana anterior tuve la oportunidad de escuchar una grabación hecha por el Dr. Rangan Chatterjee (médico británico, autor de diversos libros y presentador del programa Doctor in the House). El título de dicha grabación es, tal como el nombre de esta publicación, los 4 pilares de la salud. Me pareció muy interesante e importante su análisis, y por eso quise compartir un poco con ustedes esta semana.

El planteamiento básico es que para cuidar nuestra salud debemos pensar siempre en 4 aspectos básicos:
  • Alimentación
  • Ejercicio / Movimiento
  • Manejo del estrés
  • Horas y calidad del sueño

En cuanto a la alimentación, lo escuchamos por todo lado y yo también he hecho varias publicaciones al respecto: necesitamos una alimentación balanceada. Incluir suficientes vegetales y frutas, tomar agua, incluir todos los grupos de alimentos, limitar las grasas saturadas, limitar las comidas rápidas y bebidas azúcaradas, etc. Probablemente todos conocemos al menos unas 5 recomendaciones que deberíamos seguir (aún cuando no siempre se pongan en práctica).

Respecto al ejercicio, sabemos también que es importante, pero a veces pasamos por alto que además de hacer ejercicio por 30 minutos o 1 hora, debemos evitar el sedentarismo el resto del día. Y estudios recientes lo confirman: el beneficio de hacer ejercicio no es de la misma magnitud, si pasamos el resto del día sentados. Y lamentablemente muchos de los trabajos actuales implican pasar sentad@ muchas horas, y la misma tecnología que "facilita" tanto, nos hace a la vez evitar movernos a toda costa.

Sí es importante hacer la actividad física programada (correr, caminar, ir al gimnasio, andar en bicicleta, etc), pero también debemos poner atención a cuántas horas estamos pasando sentados o acostados el resto del día. Podemos poner alarmas en el celular para recordar levantarnos cada cierto tiempo y caminar unos minutos. Podemos tratar de no hacer todos los mandados en carro. Podemos usar escaleras en casa para hacer unos minutos de actividad, buscar actividades que relajen pero impliquen movimiento (sacar a pasear al perro, bailar, hacer labores en el jardín, etc).  ¡La clave es recordar que debemos movernos! Aunque suene duro, el sedentarismo mata.

El siguiente punto a cuidar es el estrés. Todos lo hemos experimentado y más de una vez. Es una situación que podemos considerar normal, pero que debemos aprender a controlar. El estrés, además del efecto mental, puede tener efectos físicos y fisiológicos en nuestro cuerpo. Puede favorecer enfermedades y puede afectar nuestro bienestar. Es importante que aprendamos a tener espacios para nosotros mismos (escuchar música, ejercicios de respiración o meditación, leer un libro, o inclusive el mismo ejercicio). 

Debemos aprender a organizar nuestro tiempo de manera que nos incluyamos también en la agenda. Hay que priorizar, y recordar que nosotros y nuestro bienestar somos prioridad número 1.

En cuanto a las horas de sueño, al igual que con el estrés, debemos aprender a organizar el tiempo y dedicar el necesario a dormir. Nuestro cuerpo necesita descanso, no somos máquinas. Vamos a funcionar mejor y sentirnos mejor si hemos dormido bien (¿quién no ha estado de malas alguna vez por haber dormido poco?). Además, cuando no dormimos lo suficiente, ocurren desbalances hormonales en nuestro cuerpo que nos hacen buscar alimentos ricos en grasa y azúcar. Si eso se vuelve una constante, sabemos que esos alimentos van a tener un impacto en nuestra salud.

Podemos procurar una buena calidad de sueño si evitamos distractores en el cuarto, si evitamos el uso de aparatos tecnológicos antes de acostarnos (el doctor recomienda al menos 90 minutos antes) y tratar de que el cuarto no tenga luces o que sean de mínima intensidad si es necesario.


A veces pasa que nos concentramos solo en uno o dos de estos aspectos, y dejamos los otros de lado. Es importante que procuremos que todos estén bajo control.

Cuando estamos tratando de perder peso o tenemos otros objetivos en mente con nuestra dieta, y no obtenemos los resultados deseados, debemos detenernos a analizar cómo están estos 4 pilares en nuestra vida. Obviamente pueden haber condiciones de salud u otras que afecten. Pero como punto de partida hay que asegurarnos que estamos poniendo atención a dichas bases.

Nuestro cuerpo es un sistema complejo, ninguna parte funciona aislada del resto. Es por eso que debemos pensar en todo un estilo de vida saludable, y no solamente en comer bien por unos días, o hacer ejercicio de vez en cuando.

Harvard confirma el beneficio de las nueces para el corazón

Tomado de: as.com

Las nueces son buenas. Buenísimas. Tanto por su sabor como por la cantidad de beneficios que aporta al organismo y que, de vez en cuando, merece la pena recordar. O que nos lo recuerden. Porque más allá de que en el imaginario colectivo esté alojada la idea de que las nueces son buenas, conviene saber cuáles son los beneficios que le otorga la ciencia a través de entidades tan prestigiosas como la Universidad de Harvard (Massachusetts), concretamente del Departamento de Nutrición, al que pertenece Marta Guasch Ferré, investigadora asociada.

Y la conclusión, después de una profunda revisión de 26 ensayos clínicos y que podemos encontrar publicada en 'The American Journal of Clinical Nutrition', es que las dietas que incorporan nueces podrían reducir significativamente el colesterol total, el colesterol 'malo', los triglicéridos y la apolipoproteína B. Y todo ello sin tener ningún tipo de incidencia sobre nuestro peso o sobre la presión arterial. Son todo ventajas.

"Esta revisión actualizada refuerza aún más el hecho de que disfrutar de las nueces como 'snack' o en nuestros platos es una gran forma de agregar nutrientes esenciales a nuestra dieta, mientras que ayudamos a nuestra salud cardiovascular. Además, a pesar de la creencia popular de que los frutos secos se relacionan con un incremento en el peso corporal por ser altos en calorías, nuestro estudio demuestra, una vez más, que incluir nueces en el contexto de una dieta equilibrada no tiene efectos adversos en el peso corporal", asegura la principal autora del estudio, Marta Guasch Ferré.

Las enfermedades cardiovasculares suponen una de las principales causas de muerte en España y la ingesta de nueces podría repercutir en algunos factores de riesgo que las causan, como los enumerados con anterioridad. En la investigación, que ha analizado 25 años de evidencias al respecto, participaron 1.059 personas entre 22-75 años, entre las que se encontraban casos con condiciones concretas como colesterol alto, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, sobrepeso u obesidad; y otras sin ninguna de estas dolencias.

Mejor con nueces

En comparación con las dietas de control, que no contenían nueces, incluida la dieta mediterránea, baja en grasas, estadounidense o japonesa, una dieta con nueces redujo en un porcentaje significativamente mayor el colesterol total (3,25%), el colesterol LDL (3,73%), los triglicéridos (5,52%) y la apolipoproteína B (4,19%).

Y si sus beneficios en lo referente a la salud cardiovascular no terminan de convencerte para incluir la nuez en tu dieta, cosa poco probable, te diremos además que su consumo puede prevenir el cáncer de próstata o de mama, contiene antioxidante, vitamina E, ácido fólico, melatonina o grasas omega 3, entre otros. Tú decides, pero parece que está todo bastante claro. Y bien explicado. Por la Universidad de Harvard.

La grasa abdominal podría ser una antesala del cáncer

Tomado de: www.nacion.com

Se sabe que existe una fuerte asociación entre el tejido adiposo que se acumula en el abdomen y la posibilidad de desarrollar diabetes y problemas cardiovasculares. Pero las consecuencias no terminan allí. Recientes investigaciones científicas han arrojado evidencias sobre una relación entre altos niveles de grasa abdominal y un mayor riesgo de padecer otras enfermedades, como el cáncer.

“Una línea nueva que aún es desconocida por los pacientes es la del cáncer”, dice la doctora Loreto Moreira, nutrióloga de la Fundación Arturo López Pérez. “Los nuevos estudios apuntan a que uno debe mantener cierto límite de circunferencia abdominal porque de lo contrario ya hay riesgo de cáncer”, agrega.

Y así lo establece un trabajo publicado recientemente y realizado por el Centro Médico Universitario de Utrecht, en los Países Bajos, el cual encontró que tanto la grasa total como la abdominal elevan el riesgo de cáncer de mama.

Cuando las mujeres del estudio perdieron peso (seis kilos en promedio) los cambios en los biomarcadores de este tipo de cáncer, como el estrógeno, la leptina y las proteínas inflamatorias, indicaron una reducción en el riesgo.

Los cánceres de próstata, colon y riñón también se han asociado recientemente a la obesidad abdominal, indica la doctora Moreira.

Sobre los posibles mecanismos, explica: “La grasa visceral (la que llega a los órganos desde el abdomen) libera citoquinas, unas sustancias que favorecen un ambiente inflamatorio en el cuerpo, lo cual se cree que hace proliferar células cancerosas”.

La especialista también advierte que no solo las personas obesas deben estar atentas. Incluso quienes tienen un peso normal pueden acumular cantidades nocivas de grasa debajo de la pared abdominal, asegura.

El cerebro es otro afectado

Otro vínculo importante es el de este tejido con el cerebro. Una de las investigaciones más extensas publicadas hasta ahora fue realizada en 6.583 estadounidenses que fueron seguidos durante 36 años. Esta encontró que aquellos con mayor grasa abdominal en la mediana edad (entre 55 y 69 años) tenían casi tres veces más probabilidades de desarrollar demencia tres décadas más tarde.

Según explica el doctor Nibaldo Inestrosa, neurobiólogo y director del Centro de Envejecimiento y Regeneración CARE, la grasa abdominal que entra a las vísceras genera un estado de estrés oxidativo y produce compuestos químicos que parecen afectar a las neuronas al punto de que estas mueran.

“Sabemos bien que hay una relación entre el tejido adiposo de la cintura y su efecto en la demencia, principalmente en el alzhéimer, pero los mecanismos están menos claros”, dice el médico.

Otra explicación potencial, indica Rodrigo Muñoz, jefe del Centro de Obesidad de la Red de Salud UC Christus, tiene que ver con que la demencia también está asociada a enfermedades cardiovasculares.

“Al unir las piezas, te das cuenta de que pequeños infartos o hipertensiones ocasionadas por la grasa también pudieron haber favorecido el origen de ciertas demencias”, dice Muñoz.

Lo positivo, aseguran los médicos, es que todo apunta a que la mayoría de estos efectos en el cerebro se revierten si es que se reducen los niveles de grasa."Hoy podríamos decir que, en un 90% de los casos, si eliminas la grasa, eliminas el riesgo de demencia", puntualiza el médico. GDA