26 de octubre de 2018

¡No tengo fuerza de voluntad!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Todos tenemos nuestras tentaciones con la comida: para mí son los chocolates. Para otros tal vez sean los confites, o la comida rápida, o pueden ser incluso bebidas como las gaseosas. Pero cuando llega la hora de seguir un plan de alimentación (por el motivo que sea), esas tentaciones nos pueden hacer difícil el camino. Y entonces debemos apelar a nuestra fuerza de voluntad o la autodisciplina. 

Para algunos es fácil lograrlo, pero otros podrán decir: ¡yo no tengo eso! Pero lo bueno es que la fuerza de voluntad o la autodisciplina se puede entrenar (así como entrenamos los músculos). Y hoy les quiero compartir algunos de los consejos que leí en el libro "Cómo construir la autodisciplina", de Martin Meadows.

1. Meditación:

La meditación nos entrena a concentrarnos en una sola cosa, que es la respiración. Aún si se realiza por unos pocos minutos, el mantenerse quieto y el enfocarse solo en la respiración y no en otras distracciones, hace que pongamos a trabajar la fuerza de voluntad. Se puede iniciar con sesiones cortas de 5 minutos, y con la práctica se puede aumentar el tiempo.

2. Bañarse con agua fría

Es un consejo poco convencional, pero el autor asegura que da resultado. Se requiere fuerza de voluntad para no salirse del agua o cambiar al agua caliente. No necesariamente hay que tomar todo el baño con agua fría, pero al menos puede proponerse estar unos minutos bajo el agua fría, y cumplirlo. Poco a poco va a estar trabajando la autodisciplina. Tampoco hace falta hacerlo por el resto de la vida, sino que puede hacerlo por un par de semana, y así notará que sí puede lograr lo que se propone.

3. Controlar pequeñas cosas, aunque no tengan que ver con la comida

Lo importante es trabajar el auto control. Ya después será aplicable a otras áreas. Entonces por ejemplo, si usted sabe que tiende a encorvar la espalda cuando se sienta, haga el reto un día de ponerle atención a su postura y tratar de mantener la espalda recta. O si hay alguna palabra que usa con mucha frecuencia, procure un día evitar usarla o usarla menos veces. 


También es importante que recordemos que las personas que nos rodean tienen influencia en nosotros. Podemos adquirir hábitos poco saludables de amigos o familiares, pero también funciona al contrario: podemos aprender conductas saludables y podemos mejorar nuestra disciplina si nos rodeamos de personas que nos generen energía positiva y nos motiven a buscar el éxito.

Así que la próxima vez que se diga a usted mismo: "no puedo hacerlo", "me cuesta mucho controlarme" o "no tengo fuerza de voluntad", ¡empiece a entrenar! El ejercicio es bueno para la salud, y ahora sabemos que también tenemos que ejercitar la autodisciplina. Es parte del trabajo que debemos hacer para lograr las metas. 

"Cuando la voluntad está lista, los pies son livianos" (autor anónimo). Así que hagamos más fácil el camino empezando hoy mismo a trabajar en fortalecer nuestra fuerza de voluntad.

Alimentos con más vitamina C que la


La naranja ha sido siempre, en nuestro imaginario, la reina de la vitamina C, ese alimento milagroso que nos aporta una vitamina “necesaria para el desarrollo de huesos y articulaciones, para aumentar las defensas, la absorción de hierro y aportar antioxidantes al organismo”, explica la nutricionista Fátima Branco, que destaca también el papel fundamental de esta vitamina en la salud cardiovascular, ya que mejora, además, la fuerza y elasticidad de los vasos sanguíneos.

Pese a que existen numerosos alimentos de consumo habitual con más vitamina C que una naranja, esta fruta sigue siendo la reina porque, en palabras de Branco, “es fácil de consumir, se puede tomar a diario, y solo el zumo de dos naranjas ya aporta la cantidad necesaria para el organismo”, que son unos 60 mg en adultos y 55 mg en el caso de los niños.

Según la técnica superior en dietética y coach nutricional Susana León, “los fumadores y las personas en situación de estrés, en este caso debido al exceso de adrenalina liberada, deben aumentar las dosis de esta vitamina necesaria para la síntesis del colágeno y para la prevención de la aparición de cataratas y de algunos tipos de cáncer”, entre otras funciones. Al ser una vitamina hidrosoluble no se almacena en el organismo, sino que hay que reponerla asiduamente, ya que una carencia de aproximadamente seis meses podría dar lugar a una enfermedad poco frecuente en la actualidad: el escorbuto, típica de otras épocas en que los marineros pasaban largas temporadas en el mar sin tomar fruta y verdura.

León afirma, sin embargo, que entre los numerosos beneficios de la vitamina C no se encuentra aquel por el que suele ser más popular: la prevención de resfriados. “Aunque puede aumentar la proliferación de linfocitos MK, que mejoran la respuesta del sistema inmunológico, no existen evidencias científicas de que la vitamina C evite los resfriados”, explica León, antes de derribar otro mito: “pese a que es la más frágil de todo el grupo vitamínico, ya que es sensible a la luz y la oxidación e inestable al calor, puede perdurar hasta doce horas tras exprimir una fruta”.

No es cierto, pues, aquello de que debemos tomar los zumos de inmediato para que no pierdan sus vitaminas. Y tampoco lo es, por supuesto, y León insiste en este punto, “que por tomar una sobredosis de vitamina C vayamos a mejorar y mucho menos curar un cáncer”. De hecho, en palabras de Branco, “hay que tener cuidado con los suplementos, pues una sobredosis de esta vitamina puede dar lugar a la aparición de cálculos de oxalato en los riñones. Con una alimentación equilibrada no son necesarios suplementos”.

Además de la naranja, que sin ser la reina de la vitamina C sigue siendo socorrida por su versatilidad y eficacia, existen alimentos habituales de nuestra despensa que superan con creces el aporte de este cítrico. Estos son algunos de ellos.

Pimiento rojo

Con 139 mg de vitamina C (hablamos siempre cada 100 g), presenta más del doble que una naranja, con 51 mg. Branco recomienda incluirlo en la alimentación de forma habitual, aunque admite que “al usarse, en líneas generales, para hacer salteados o como guarnición, es más complicado alcanzar las cantidades recomendadas, mientras que en el caso de la naranja se aprovecha todo”. Pese a que considera que los zumos son una solución práctica para garantizar el consumo diario de vitamina C, recomienda, en la medida de lo posible, “consumir las naranjas enteras, para aprovechar la fibra”.

Brócoli

Con 100 mg, más del doble que la naranja, el brócoli es uno de los reyes de la vitamina C, que permite, además, múltiples elaboraciones. Branco recomienda optar siempre por cocciones al vapor o incluso al horno, evitando hervir las verduras, “ya que buena parte de los nutrientes se quedará en el agua de cocción”. Una buena idea es elaborar cremas y sopas, que permiten aprovechar todos los nutrientes de los alimentos y múltiples combinaciones de ingredientes.

Coliflor

Con 59 mg de vitamina C, una simple ración de esta verdura garantiza el aporte total diario. León recomienda, en la medida de lo posible, optar por alimentos procedentes de la agricultura ecológica, “que suelen ser más ricos en vitamina C, no solo porque a veces las cámaras frigoríficas afectan a su conservación, sino también porque muchas veces los productos han sido recolectados antes de su completa maduración, cosa que disminuye la biodisponibilidad de esta vitamina”.

Coles de Bruselas

Aportan 112 mg de vitamina C, una cifra que se reduce a 60 mg cuando se hierven, de manera que “incluso hervidas, su aporte el altísimo”, afirma León. Consciente de que estas verduras suelen ser complicadas, ya que no gustan a todo el mundo, la nutricionista recomienda optar también por otras de consumo habitual cuyo aporte es similar al de la naranja: desde las espinacas (40 mg) al repollo o el berro.

Fresa

Tiene más vitamina C que la naranja, concretamente 54 mg, por lo que se convierte en la fruta estrella. El kiwi , por su parte, también es interesante ya que no solo aporta 40 mg de esta vitamina, sino también mucha fibra, potasio y diversas vitaminas del grupo B. También las grosellas o las frambuesas son, según León, “fuentes cómodas de vitamina C”, con mayor aporte que las naranjas. Aunque las frutas que se llevan la palma en la materia son el camu camu, procedente de un arbusto peruano y que contiene nada menos que 2.780 mg de vitamina C, seguida de las acerolas, con 1.678 mg.

Perejil

Esta hierba que apenas altera el sabor de los platos contiene 133 g de vitamina C. Pese a que es complicado alcanzar las dosis recomendadas comiendo solo perejil, Branco recomienda convertirlo en un básico de la cocina y acostumbrarnos a añadirlo a nuestras recetas.

Dos casos interesantes: la patata y el tomate

Las patatas nuevas o tempranas, de piel fina y lisa, son también ricas en vitamina C. Para cocinarlas, León recomienda elaborarlas siempre “al vapor o cocidas con piel, sin pelar”. Pese a que su aporte de esta vitamina es ligeramente inferior al de la naranja, a menudo son más socorridas por el consumidor medio que algunas verduras más difíciles de cocinar. Branco, por su parte, apuesta por el tomate como “el equivalente a la naranja en el huerto, ya que pese a que solo tiene 27 mg de vitamina C es versátil, se puede consumir crudo y con las más diversas cocciones, en salsas y es muy fácil de incluir en la alimentación”.

Comer nueces a diario no influye en el peso de los mayores

Tomado de: www.abc.es

Las nueces (hasta alrededor de 300 calorías) pueden incorporarse a la dieta diaria de las personas mayores sanas sin tener un impacto negativo en el aumento de peso o la composición corporal, según el estudio «WAHA. Walnuts and healthy aging» (Las nueces y el envejecimiento saludable), publicado en la revista «Nutrients». Estos resultados podrían servir de guía para la planificación de la dieta de este colectivo en España, donde se estima que 4 de cada 10 personas mayores de 60 años sufren obesidad, según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

El autor principal del estudio y profesor asistente de la Facultad de Profesiones Aliadas de la Salud de Loma Linda University, el Dr. Edward Bitok, afirma que existe la falacia generalizada de que las grasas de los frutos secos causan aumento de peso y, por lo tanto, podrían conducir a problemas de salud como la obesidad, la enfermedad cardíaca o la diabetes. «Queríamos proporcionar evidencia que refutara la idea de que las grasas en las nueces no son saludables y causan aumento de peso», dice el Dr. Bitok, quien afirma que la razón principal de su sub-estudio era determinar si los sujetos que comían nueces tenían un mayor riesgo de aumento de peso en comparación con los que no consumían nueces. La investigación, al contrario, demuestra que las nueces son un snack saludable que podría ayudar a controlar el peso.

Por su parte, el investigador principal del estudio WAHA y coautor del subestudio, el Dr. Joan Sabaté, director ejecutivo del Centro de nutrición, vida saludable y prevención de enfermedades en la Escuela de Salud Pública, hace énfasis en que, aunque existen estudios previos sobre el consumo de nueces y el peso corporal, se centran en individuos más jóvenes y duraciones más cortas. «Lo que esperábamos era probar que las personas mayores pudieran incluir nueces en su dieta sin preocuparse por el aumento de peso y esta investigación lo demuestra», afirma el Dr. Sabaté.

Los beneficios de las nueces

El WAHA es un ensayo clínico de 2 años de duración realizado por investigadores del Hospital Clínic de Barcelona, el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn) y la Universidad de Loma Linda, y está centrado en analizar el rol beneficioso del consumo diario de nueces en el deterioro cognitivo relacionado con la edad y la degeneración macular en adultos mayores. Esto lo convierte en el primer estudio en investigar cómo las nueces pueden afectar a los mayores sanos y autónomos.

El hallazgo del subestudio titulado «Effects of Long-Term Walnut Supplementation on Body Weight in Free-Living Elderly: Results of a Randomized Controlled Trial», es tan solo una de las conclusiones obtenidas a partir del WAHA, un estudio cuyos resultados podrían proporcionar evidencia de alto nivel del beneficio del consumo regular de nueces para retrasar el inicio del deterioro cognitivo relacionado con la edad y la degeneración macular, dos enfermedades que también generan gran preocupación de salud pública en nuestro país.

5 formas (divertidas) de mejorar tu salud intestinal

Por EVA SAN MARTÍN / Tomado de: www.consumer.es

El cuerpo humano tiene billones de microorganismos. Es lo que conocemos como microbiota. El 98 % de estos inquilinos diminutos son bacterias, mientras que el 2 % restante lo constituyen levaduras, protozoos y virus. Pero estos importantes bichitos, que viven sobre todo en el intestino grueso, resultan esenciales para la salud y también para no tener problemas de tránsito intestinal. Por eso, la clave para cuidar de la salud intestinal, dicen los científicos, está en mantener a esas bacterias contentas con ideas como las que describimos en las líneas siguientes.

1. Comer más prebióticos

El cuerpo humano contiene billones de microorganismos que constituyen lo que conocemos como microbiota. "De hecho, nuestro cuerpo tiene diez veces más células procedentes de microorganismos que células humanas propias", explica Ana María Mateos, del grupo de Nutrición y Digestivo de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (SEFAC). Y la mayoría de estos microorganismos habitan en distintos compartimentos del tracto intestinal.

Un 98 % de ellos son bacterias y el 2 % restante, sobre todo, levaduras, protozoos y virus. Estos diminutos aunque importantes inquilinos habitan a lo largo de la mucosa gastrointestinal, una capa que se extiende por todo el tubo digestivo. Pero donde hay mayor concentración, con diferencia, es en el intestino grueso.

Los científicos saben que algunas de estas especies de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo juegan un papel fundamental en la salud intestinal, además de que ayudan a mantener el equilibrio en el sistema inmunitario, que protege contra las enfermedades. Y la dieta resulta esencial para permitir que estos seres microbianos crezcan y eviten desequilibrios que pueden dar al traste con la salud del intestino.

Los llamados alimentos prebióticos constituyen una buena fuente de alimento para ciertos grupos de estas bacterias intestinales saludables. Las alcachofas, el puerro y los espárragos son ricos en ingredientes prebióticos, como la inulina, los fructooligosacáridos o los galactooligosacáridos, entre otros. También el plátano y el ajo son alimentos ricos en prebióticos.

"Aunque estos prebióticos no pueden ser digeridos de forma directa por el organismo, sí contribuyen a aumentar el tránsito intestinal y serán aprovechados por los microorganismos del intestino", apunta Mateos. En otras palabras: los prebióticos son el "alimento" de los bichos saludables que viven en el intestino.

2. Escoger fibra y granos enteros

Si lo que queremos es cuidar el intestino, lo conveniente es optar por una dieta rica en fibra, presente en verduras, legumbres y frutas. Algunos alimentos con alta cantidad de fibra son la manzana, los arándanos, la alcachofa, las lentejas, las judías y los garbanzos. Los expertos afirman que estos alimentos, además, pueden reducir el crecimiento de bacterias perjudiciales para el intestino y, por el contrario, estimular el crecimiento de microorganismos que cuidan la salud intestinal, como las bifidobacterias, lactobacillus y otras especies saludables llamadas bacteroidetes.

Para asegurarse de que uno come suficientes alimentos ricos en fibra, la experta de SEFAC recomienda incluir vegetales en todas las comidas y todas las cenas, además de escoger alimentos en su forma integral, procurando disminuir las harinas refinadas.

3. Tomar más productos fermentados

Los beneficios de los alimentos fermentados como el kéfir, el yogur natural y la leche de soja para la salud intestinal también son de sobra conocidos. Eso sí: evite los yogures aromatizados, de sabores o edulcorados, ya que contienen una cantidad de azúcar por encima de lo recomendable.

4. Hidratarse

Además de alimentarse bien, y seguir las pautas de la dieta mediterránea (con preferencia por los cereales de grano entero), no hay que descuidar la hidratación, un hábito esencial para mantener la salud del intestino. "Para cuidar la salud intestinal, no debemos olvidarnos de mantener un adecuado aporte de líquidos, en forma de agua y alimentos con alto contenido en la misma", dice Mateos.

5. Dar paseos vigorosos

A pesar de seguir una dieta rica en prebióticos y fibra, algunas personas siguen teniendo problemas con el tránsito intestinal. Pero es que el ejercicio físico es otra de las claves para cuidar de la salud.

No es necesario preparar maratones. Una caminata a paso rápido de media hora aumentará el ritmo cardiaco, lo que ayuda a la sangre del aparato digestivo a moverse y activar las hormonas que regulan la digestión, según una investigación de la Universidad de Míchigan (EE.UU.). La clave consiste en practicar ejercicio a diario, ya que el deporte acelera el tránsito del colon y mejora la función del intestino.

19 de octubre de 2018

Que el estrés no le impida quitarse algunos kilos

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Todos alguna vez (o a veces con más frecuencia) hemos experimentado estrés, ya sea por el trabajo, los estudios, situaciones personales, etc. Pueden ser muchos los motivos que nos causen estrés. Inclusive el mismo deseo de perder peso.

El estrés es, a grandes rasgos, un sentimiento de tensión (física y/o emocional) ante determinada situación. Y muchas veces este estrés se puede manifestar como ansiedad. Entonces podemos sentir preocupación constante, temor, inseguridad, náuseas, mareos, palpitaciones, o la que más asociamos con ansiedad: la ingesta excesiva de alimentos (pueden ser alimentos específicos, o simplemente "se come lo que encuentre").

Probablemente ya hemos escuchado que el estrés puede tener consecuencias en nuestra salud. Pues también puede tener un impacto en nuestro peso. No solo por el hecho de que la ansiedad nos puede llevar a comer de más. Sino porque puede suceder que nuestras horas de descanso no sean suficientes o no sean de buena calidad, y esto produce alteraciones hormonales que reducen la sensación de saciedad, a la vez que aumenta el deseo de alimentos calóricos (ya sea por su contenido de grasa, azúcar o ambos).

Sumado a lo anterior, se ha visto que el estrés produce también cambios en nuestro cuerpo, haciendo que se liberen sustancias que favorecen la acumulación de grasa, particularmente en la zona del abdomen, que puede llegar a ser muy perjudicial para nuestra salud.

Entonces, si estamos buscando perder peso, debemos procurar que esto no sea también una causa de estrés, ya que más bien nos va a jugar en contra. Es cierto que puede ser importante, y que podemos tener un gran deseo de ver resultados, pero estresarnos no va a ayudar a que lo logremos más rápido. 

¿Qué podemos hacer para combatir el estrés?

Específicamente en cuanto al estrés por perder peso, lo primero es no estar pesándonos frecuentemente. Esto porque el peso puede variar por muchos factores, y ver las fluctuaciones de un día a otro (o inclusive en un mismo día) puede generar preocupación de que no se está logrando el resultado. Además, debemos evitar estar comparándonos con otras personas. Y lo más importante es que tengamos en mente metas realistas. Si espero que en cuestión de un mes ya me quede la ropa que tengo por lo menos un año de no poder usar porque subí de peso, entonces va a aparecer la frustración y la preocupación.

En relación con el estrés en general, es importante que aprendamos a establecer prioridades, a organizar el tiempo, y a decir NO si es necesario, para no sumarnos cargas extra que al menos en ese momento no somos capaces de afrontar. 

Hacer ejercicio también puede ser una gran ayuda, así como procurar mantener una alimentación saludable.

Además, es importante que aprendamos a no reprimir las emociones, en especial cuando estamos estresados. Hablar con algún amigo o familiar, o si no desea compartirlo con otros al menos puede mantener una especie de diario para esas épocas. Lo importante es que de alguna manera deje salir lo que está sintiendo y así alivie un poco la tensión.

Busque además actividades que lo relajen, como leer o escuchar música, y dedíqueles por lo menos unos minutos cada día. En especial en la noche o cerca de la hora de dormir, para que le ayude a lograr un mejor descanso. Evite el celular antes de dormir, o el acostarse con el televisor prendido. Todo esto puede afectar la calidad de sus horas de sueño. Puede probar también con ejercicios de respiración o con la meditación (no solo para dormir, en general a cualquier hora del día le pueden ayudar).


Para todos es importante trabajar, procurar que la familia esté bien, que los amigos estén bien, sacar buenas calificaciones... Todo eso está bien. Pero recordemos que la salud también debe estar en nuestra lista de prioridades.

Por qué no debes obligar a tu hijo a comer

Tomado de: elpais.com

La maternidad y la paternidad marcan un antes y un después en la vida de todo ser humano. Desde el nacimiento de nuestro hijo, defendemos nuestras expectativas y nuestros deseos casi con ferocidad. Lo tenemos muy claro: queremos que duerman como creemos que deben dormir, queremos que se comporten como consideramos que deben comportarse y, por supuesto, queremos que coman cómo, cuándo y cuánto estimamos que deben comer. Luego, la realidad. Y es que, sobre todo en el tema de la alimentación, padres y madres nos pasamos los primeros años de crianza angustiados por la supervivencia de esos niños que tan injustamente etiquetamos de “malcomedores”, por lo poco que pensamos que comen o por los “nadas” que parecen servirles de sustento. Tanto nos preocupamos que es un motivo recurrente de consulta en nuestras citas con el pediatra. Pero la respuesta no está en el ambulatorio sino que, casi siempre, se halla en nuestras expectativas. Obligarles a comer lo que esperamos que coman no debería ser nunca una posibilidad razonable. Una situación muy común y que merece una mención en este Día Mundial de la Alimentación.

Por qué no hay que obligar nunca a comer a un niño

“No obligue a comer a su hijo. No le obligue jamás, por ningún método, en ninguna circunstancia, por ningún motivo”. En 1999, el pediatra Carlos González ya explicaba en Mi niño no me come por qué nunca hay que obligar a un niño a comer. El dietista-nutricionista Julio Basulto confirmaba en Se me hace bola, publicado en 2013, que no existía justificación nutricional alguna para obligar. También insiste en ello a menudo en sus perfiles de redes sociales y lo reafirma al otro lado del teléfono a EL PAÍS: “Obligar a un niño a comer no es ético, ni educativo y es contraproducente. El objetivo no es que el niño coma sino que quiera comer, y que quiera comer saludable, y eso no se consigue con la coacción, con la presión, con la insistencia ni con premios y castigos. El niño es el único que sabe cuánto tiene que comer, eso no lo sabemos los nutricionistas, ni los médicos ni lo saben los padres. Solo lo sabe el cerebro del niño”.

Comparte su postura María Manera Bassols, dietista-nutricionista y autora de diversas publicaciones en torno a la alimentación infantil, quien destaca que en nuestro medio la preocupación debería ser que más del 40% de los niños y niñas tiene un problema de exceso de peso. También insiste en que obligar a comer a la fuerza, cuando se ha manifestado que no se desea o no se necesita, además de una falta de respeto hacia el niño, no es efectivo. “Habitualmente se insiste para que el niño coma más cantidad o con la voluntad de que aumente la variedad de alimentos que toma, o de que consuma determinados alimentos supuestamente saludables y que “hay que comer”. Si el niño no los quiere y le forzamos a que los coma, difícilmente los elegirá motu proprio en futuras ocasiones ya que precisamente forzar a comer suele provocar aversión y rechazo hacia los alimentos a los que se ha obligado a comer”, explica.

Recuerda Carlos Casabona, pediatra especializado en alimentación infantil, que la Academia Americana de Pediatría ya advertía a finales de los 70 en el Pediatric Nutrition Handbook, que el apetito del niño “es errático e impredecible”, y señala que no se debe forzar a comer en casa pero tampoco en el colegio. “Solo el niño sabe lo que necesita a través de un experimentadísimo mecanismo que lleva milenios funcionando a las mil maravillas: el hambre”.

Sobre las consecuencias de obligar a los niños a comer, María Vallejo Guardiola, psicóloga experta en obesidad y trastornos de la conducta alimentaria (TCA), explica que con esta acción alteramos la relación de los pequeños con la comida en el presente, pero también en el futuro, un hecho que influye también en la construcción del apego. “Si la acción de comer se fuerza, se altera su función natural. Un niño obligado a comer desconecta de su cuerpo, no disfruta de la experiencia y ven la hora de las comidas como algo aversivo. Además, el adulto que fuerza a comer no está siendo empático y perjudica el establecimiento de un apego seguro basado en la mutualidad. Un niño al que en su crianza se le ha forzado a comer tiene muchas más probabilidades de convertirse en un adulto con problemas con la comida”, cuenta. Detrás de pacientes con sobrepeso y obesidad, Vallejo ha observado que suele haber “historias de horas interminables en la mesa, donde nadie se levantaba sin el plato totalmente vacío”, algo que provoca desajustes como llegar a la edad adulta con problemas para parar de comer cuando ya se está saciado.

El soborno, la forma más habitual

Según la Academia Americana de Pediatría la forma más habitual que emplean los padres para obligar a sus hijos a comer es el soborno. Pero no es la única. En Se me hace bola, Basulto lo resume en ocho acciones: amenazas, chantaje emocional, hostilidad y despotismo, humillación, mentira, presión y/o coacción, terror, violencia y/o maltrato psicológico. Y pone ejemplos de frases como “Si no te lo comes, te llevaré al hospital y tendrán que dártelo por sonda”, “No te levantas de la mesa hasta que no te lo comas” o “Te tapo la nariz por tu bien, para que te lo tragues”.

Sobre esa acción precisamente, Gloria Colli, pediatra y autora de Tu lactancia de principio a fin, advierte que hay que tener en cuenta que obligar a comer no es solo tapar la nariz al niño y “meterle la cuchara cuando la abra para respirar”, también recurrir a frases aparentemente inocentes como “Si no comes, mamá se va a poner triste”, “Si te lo comes todo te pondrás grande y fuerte” o “Si no te comes la verdura no hay postre”. “Son recursos igualmente desafortunados porque implican además una manipulación emocional. Incluso recurrir al típico avioncito puede ser una forma de obligar si deja de ser un juego y una de las partes ya no lo encuentra divertido”, declara.

Carlos Casabona añade otras maneras encubiertas como "teatritos", alabar las virtudes de lo que se ofrece para comer o el empleo de pantallas (móvil con vídeos o la tablet con dibujos animados). No obstante, también añade algo de optimismo: lo encuentra en los sistemas del Baby Led Weaning (BLW) o aprender a comer solo (ACS) que han llegado para quedarse. “Muchas madres jóvenes están muy bien informadas y adoptan este sistema que respeta los signos de saciedad del bebé”, dice.

Pero no solo el hogar se convierte en el escenario habitual de las presiones por la comida. Los comedores escolares también lo son. María Manera Bassols ha participado en diversas guías acerca del rol de los adultos en las comidas que comparten con niños. Hace un par de años la Agencia de Salud Pública de Catalunya publicaba el documento Acompañar las comidas de los niños. Consejos para comedores escolares y familias, que precisamente aborda este tema, tanto desde el ámbito escolar como del hogar. El texto surgía de la necesidad expresada desde el colectivo de comedores escolares (AMPAs, monitores y coordinadores de los comedores) sobre cómo posicionarse ante situaciones como la negativa a comer o a probar determinados alimentos. “El simple hecho de que se genere debate sobre cuál tiene que ser la actitud del adulto, que surjan dudas, que se pregunte a la administración que trabaja con los comedores cuál es su opinión y posicionamiento, que salga en los medios, etcétera, evidencia que algunas prácticas “tradicionales” de imposición, obligación o coerción están siendo cuestionadas”, plantea Manera.

Actualmente muchos comedores escolares están vinculados de forma directa a los proyectos pedagógicos de los centros, lo que fomenta la implicación, la participación y el aprendizaje de los niños con respecto a la alimentación. “Es verdad que un comedor colectivo es más difícil de gestionar que un hogar, y que hay determinadas prácticas, como el permitir que no se coma algo que no apetece, requiere de un trabajo coordinado y profundo con los adultos responsables del comedor y también con los niños y niñas; pero si existe la voluntad de trabajar desde esta mirada, la experiencia de muchos comedores nos dice que es posible acompañar las comidas de los niños desde este prisma”, explica María Manera.

Los niños que no comen

La alimentación es una de las mayores preocupaciones de los padres durante los tres primeros años de vida de sus hijos. Lo ve Carlos Casabona en su consulta, a la que acuden padres preocupados no solo por la cantidad sino también por el qué y cuándo dar de comer a sus hijos. “El entorno ha cambiado de manera espectacular y lo que dábamos antes con cuatro meses, ahora no se recomienda hasta los seis o siete meses. Lo que antes recomendábamos a los doce meses, ahora decimos que se puede ofertar a los seis. Esto desorienta bastante a muchas familias, pero procuramos dar los consejos nutricionales más actuales y siempre en relación con la evidencia científica que exista, por encima de intereses comerciales que siempre han estado presentes. Lo que sucede es que ahora estamos más atentos y la información corre más deprisa”, cuenta Casabona.

Considera “paradójico” el pediatra que nos preocupemos porque los niños de entre dos y cuatro años coman "poco" en la época de la humanidad en la que más sobrepeso y obesidad infantil hay: “Estamos "fabricando" los que serán adultos con obesidad, con todas las repercusiones que esto conlleva”. Insiste Casabona en que los padres “no deben preocuparse por lo que come su hijo, sino por si es feliz, corre y juega, sin coger excesivas enfermedades o cogerlas banales”, ya que no existe la desnutrición en España sino “malnutrición por exceso y por mala alimentación con calorías vacías y consumo exagerado de bollería”. No obstante, también añade que hay ocasiones en las que el pediatra deberá estudiar casos puntuales en los que haya síntomas asociados a la verdadera falta de apetito como apatía, debilidad, palidez o diarreas.

Gloria Colli considera que la preocupación por la alimentación de los niños es inherente a la maternidad y a la paternidad: “Siempre hay algo que nos preocupa. Si no toma suficiente leche o si toma demasiada, si come poca verdura, si no prueba la fruta, si no conseguimos que coma más sano... Y es bueno que los padres se preocupen, porque conseguimos que se informen y que se impliquen en la tarea de hacer que toda la familia haga una dieta más saludable, pero hay que tener cuidado de que no se transforme en una obsesión que les impida disfrutar de agradables momentos en torno a la comida”.

¿Qué hacer para que la hora de la comida sea un momento agradable? Colli recomienda que lo primero que debemos hacer es apagar la televisión y así aprovechar ese tiempo para charlar en familia, evitando que el tema central sea la comida. “De la comida solo se habla para felicitar al cocinero. Si a tu hijo no le gusta la verdura, por más que tú le digas 20 veces que está muy rica, seguirá sin gustarle. Si queremos que la comida sea un momento agradable, evitemos situaciones conflictivas. Y demos ejemplo. Los niños aprenden por imitación por lo que si nosotros comemos bien, al final ellos también lo harán”.

Y cuando un niño no quiere comer, ¿qué podemos hacer? Responde María Manera Bassols que debemos respetarle, igual que haríamos con una persona adulta. “Las señales de autorregulación de hambre y saciedad son innatas y, en los niños sanos son efectivas a la hora de cubrir sus requerimientos energéticos y nutricionales. En nuestro entorno, con una disponibilidad abundante de alimentos a cualquier hora y en cualquier sitio, no existe justificación nutricional para forzar a comer a alguien que no tiene hambre o no quiere comer”, concluye.

'No existe ninguna dieta anticancer'

Tomado de: www.elmundo.es

Las cifras apuntan a que una de cada ocho mujeres tendrá un cáncer de mama. Sin embargo, pese a lo abultado del dato, la esperanza en la curación es cada vez mayor: se ha pasado de una supervivencia del 75% en los años noventa a una supervivencia del 95% en la actualidad. 

"Ojalá llegue un día en que podamos cronificar el cáncer de mama o mejor, que no exista nunca más". Con estas palabras la doctora Laura García Estévez, jefa de la Unidad de Mama del MD Anderson Cancer Center Madrid ha inaugurado las IX Jornadas 'Viaje a través del cáncer de mama', organizadas por EL MUNDO y YoDona.

Pero no sólo el avance de la medicina es clave para hacer frente al tumor, también la mayor sensibilización que existe por parte de la sociedad es clave para plantar cara al cáncer. "Las mujeres con cáncer de mama no estáis solas. Los profesionales médicos, los medios de comunicación y la sociedad está con vosotras. De todos los temas que se publican en la revista, el cáncer de mama es el que más mensajes y solidaridad genera", ha asegurado Marta Michel, directora de YoDona. 

Sin duda, las redes sociales son herramientas que han servido para acercarnos más al conocimiento y concienciación del cáncer de mama y por ende, a ser más sensibles ante un diagnóstico cercano. Sin embargo, es importante el manejo que se hace de ellas. "Las redes sociales son herramientas inmensas para hacer labores de prevención o para hacer comunidad", afirma Silvano Guillamet, experto en Media Marketing y Comunicación Digital. En cambio, añade que "si queremos usar las redes para buscar información, la confusión será casi inevitable". 

Uno de las mitos que circulan no sólo en Internet sino también fuera del mundo virtual, con respecto al cáncer de mama, es todo lo referente a la alimentación. Que si tomas algún alimento en exceso produce cáncer, que si tomar tal otro te previene de tener una recaída... Todo falso. "No existe ninguna dieta anticancer", ha afirmado Yolanda Fernández, oncóloga del Hospital Universitario Central de Asturias. Ni tampoco "hay ningún alimento que por sí produzca cáncer", ha añadido por su parte Ricardo Cubedo, oncólogo del Hospital Puerta de Hierro (Madrid). 

Lo importante es llevar una dieta sana y equilibrada y adherirnos lo más posible a dieta mediterránea propia de nuestro entorno. 

Reducir y evitar la obesidad 

En España, casi un 40% de las personas tiene sobrepeso y más del 20% tiene obesidad. Diversos estudios científicos han asegurado que la obesidad es un factor de riesgo para desarrollar un cáncer. Por ello, para eliminar este factor de riesgo es clave el ejercicio físico y llevar una alimentación sana y equilibrada. Pero: ¿cómo podemos cumplir este requisito?

El doctor Cubedo expone tres claves muy sencillas y que todos podemos cumplir. Primero, mira en tu plato: "Cuanto más se parezcan a los platos que te cocinaban cuando eras pequeño, mejor". Segundo, mira en tu nevera, "cuantos más colores tenga dentro, mucho mejor" Y por último, mira en tu basura: "cuantos menos envases haya en ella, mejor". Y si después de todo esto, añade el oncólogo, "te quedas con un poco de hambre, perfecto". El problema, dicen los expertos, es que comemos demasiado. 

Para la empresaria y chef televisiva Samantha Vallejo-Nágera, es fundamental para tener una dieta sana, incluir las verduras en la dieta, el máximo posible de verduras. "Para que estén ricas hay que saber cocinarlas. No debemos obsesionarnos con los ingredientes, tenemos que comer de todo y tener una alimentación muy variada que sea rica en frutas y sobre todo en verduras", aconseja la chef.

Por su parte, Iñaki Irastorza. Gastroenterólogo y nutricionista pediátrico del Hospital Universitario Cruces (Vizcaya) ha indicado que hay que comer más alimentos de origen vegetal y que dentro de los de origen animal, tener más preferencias por las aves y los peces que por los mamíferos. "Los alimentos procesados son por definición nocivos", ha afirmado. 

Sin embargo, no sólo la sociedad ha de concienciarse de esto sino los responsables políticos. Según el doctor Irastorza, "son las autoridades las que tienen que estar concienciadas, las que tienen que invertir en prevención". En este caso, en la prevención de la obesidad. "La administración debe de dotar de herramientas a los médicos para que enseñemos hábitos de prevención a nuestros pacientes", ha concluido este experto, haciendo hincapié en que esa prevención ha de empezar desde la infancia: educando desde casa y desde la escuela.

El peligro de las dietas antigrasa

Por EVA SAN MARTÍN / Tomado de: www.consumer.es

Intentar perder kilos eliminando -o con una reducción drástica- los lípidos de su alimentación puede implicar nefastas consecuencias para su salud. Como veremos a continuación, olvidarse de las grasas implica peligros para el corazón, además de que puede aumentar el riesgo de sufrir depresión y hasta afectar a la menstruación, en el caso de las mujeres.

Un exhaustivo trabajo presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología en Barcelona, el estudio PURE, compara las dietas de 135.000 personas en 18 países durante más de siete años para saber su incidencia sobre la salud. Y concluye que las dietas muy bajas en grasa aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, puesto que las personas con menor ingesta de grasa tenían un riesgo un 13 % mayor de muerte temprana.

Aunque la investigación no establece una relación causa-efecto, ya que se trata de un estudio observacional, sí sirve para poner en duda algunos mitos repetidos hasta la saciedad, entre ellos, el mantra de que "las grasas en la dieta provocan infartos". Los resultados del estudio PURE, al contrario, indican que las grasas saturadas de origen animal no incrementan necesariamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares. De hecho, los consumos de grasas redujeron el riesgo de muerte temprana hasta un 23 %. Eso sí: con ingestas excesivas el riesgo volvía a aumentar ligeramente. Según los investigadores, el punto justo está en tomar un 35 % de las calorías diarias de grasa. Sus conclusiones han sido publicadas en la prestigiosa revista médica The Lancet.

Aunque el peligro de olvidarse de las grasas no se reduce al corazón. Decenas de estudios han identificado la relación existente entre la falta de alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados con un mayor riesgo de sufrir depresión. El motivo, según un trabajo del neurobiólogo Gary Wenk en Phycology Today, es que los ácidos grasos poliinsaturados abundan en el cerebro. Y, en concreto, son importantes los ácidos grasos omega 3, ya que, por lo general, se les atribuye una mayor capacidad antidepresiva (al menos, potencial).

Falta de menstruación en deportistas

Una restricción severa de la cantidad de calorías y grasa en la alimentación puede detener la producción de las hormonas que el cuerpo necesita para la ovulación. La amenorrea o pérdida de menstruación es un problema frecuente en deportistas, ya que el ejercicio intenso, el estrés, el bajo porcentaje graso y una mala alimentación aumentan el riesgo de que desaparezca la regla.

La amenorrea es más frecuente en mujeres que practican deportes de fondo, como las carreras de maratón, y tienen baja grasa corporal, ya que suele implicar bajos niveles de estrógenos y progesterona. No es un tema menor: la falta prolongada de menstruación en una mujer en edad fértil puede provocar pérdida ósea e incrementar el riesgo de osteoporosis.

Ante la duda, sentido común

Lo conveniente para guiarse con acierto entre los distintos tipos de grasas es el sentido común: optar por alimentos frescos, naturales y de cercanía, y evitar atiborrarse de pizzas congeladas o de donuts. La clave consiste en seguir una dieta basada en materias primas vegetales, proteína y grasas sanas y acompañarla de un estilo de vida igual de saludable.

El problema no reside tanto en consumir de vez en cuando un producto con grasas saturadas, sino en desatender los hábitos saludables de forma continuada o no hacer distinciones entre la calidad de los alimentos y de sus grasas. Puestos a sucumbir, siempre será mejor hacerlo con un dulce artesanal elaborado en un convento con buenas materias primas, que con una chuchería hidrogenada de precio excesivamente económico. También en este caso, lo barato puede salir caro.

12 de octubre de 2018

¡Cada cuerpo es diferente!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

"Es que mi hermano bajó más y sin hacer ejercicio", "es que la vecina hizo una dieta y bajó un montón y me la pasó y a mí no me sirvió" o "es que yo hace unos años había bajado muy fácil y ahora me cuesta más". ¿Le suena conocida alguna de esas frases? Yo las he escuchado en mi consulta, y por eso hoy dedico a este tema la publicación.

Creo que otras veces les he mencionado que el cuerpo humano, por muy maravilloso que sea su funcionamiento, no es una máquina. No lo podemos programar para que en automático pierda peso en cierto tiempo y listo. Hay muchos factores que tienen que ver con la pérdida de peso: la alimentación, la actividad física, el género, la edad (no es lo mismo perder peso a los 20, que a los 40 o más), si hay alguna condición de salud particular, como ha sido su alimentación a lo largo de su vida (si ha vivido haciendo dietas extremas o de moda), la genética, el entorno en el que vive, etc.

Por eso es que también muchas veces pasa que usted ve un anuncio en que le dicen que un producto o un método de pérdida de peso lo va a hacer perder X cantidad de peso, y luego no obtiene ese resultado. Porque debido a todos los factores que influyen en la pérdida de peso, es difícil que un mismo método logre el mismo resultado en todas las personas que lo utilicen o lo practiquen (y que además lo haga de una manera segura y saludable).

Cuando piense en perder peso, asegúrese primero de que la persona que le va a asesorar tome en cuenta todos esos factores que les mecioné más arriba, para que de verdad les estén dando un trato individualizado, y adaptado a su situación. De lo contrario es mejor que desconfíe y sospeche que está cayendo en algún "método milagro" de esos que a largo plazo no el van a dejar resultados positivos.

También es importante que le den un seguimiento adecuado, y que usted continúe el seguimiento, no que se quede solo con la primera cita. Porque tal como les mencioné, nuestro cuerpo no es una máquina, así que puede ser necesario hacer adaptaciones o modificaciones al plan inicial para que funcione mejor.

Otro aspecto fundamental es que tengamos siempre presente esto de que cada cuerpo es diferente, para que no afecte nuestra motivación. Si no obtuvimos el resultado que tuvo la vecina, no perdamos las ganas ni dejemos hasta ahí el esfuerzo. 

Con quien debemos compararnos es con nosotros mismos y la versión de nosotros que está empezando a perder peso en este momento (no con la versión de hace 10 o 15 años). Si pensamos: "pero solo bajé medio kilo", sigamos adelante y trabajemos para que para la próxima vez sea más, pero no porque otra persona pudo, sino porque ¡usted puede!

Cada cuerpo es diferente, cada persona obtiene resultados diferentes. Olvidemos las comparaciones y concentrémonos en nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y nuestros objetivos.

Cereales integrales frente a la diabetes

Tomado de: www.larazon.es

En la lucha contra la diabetes existe un potente arma que está al alcance de todos. Se trata de la alimentación, una pieza clave del puzle que logra mantener a raya los niveles de glucosa en sangre. «La dieta, junto con el tratamiento farmacológico y la actividad física son los tres pilares fundamentales en el manejo del paciente con diabetes mellitus de tipo 2, de hecho, se ha demostrado que el tratamiento nutricional puede reducir la hemoglobina A1c (una forma de medir el grado de control de la diabetes) en torno a dos puntos al inicio de la enfermedad, y en un punto en aquellos pacientes con una evolución media de cuatro años», confirman Miguel Ángel Olmos, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, SEEN, en colaboración con María González Rodríguez, dietista-nutricionista de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela.

En este sentido, los últimos avances científicos trabajan con el objetivo de limitar cuáles son los alimentos más adecuados para prevenir y controlar la diabetes. Lo último ha sido una investigación realizada por expertos de la Universidad Tecnológica Chalmers (Suecia) y publicada el pasado mes de septiembre que ha encontrado «una asociación consistente entre la ingesta elevada de productos integrales y un menor riesgo de diabetes tipo 2», tal y como asegura Javier Escalada, director de Endocrinología de la Clínica Universidad de Navarra. Los resultados de este estudio demostraron que lo que realmente importa es la cantidad que se consume y su regularidad, y no tanto el tipo de grano que se toma, ya que diferentes alimentos elaborados con distintos tipos de cereal integral ejercían el mismo papel preventivo y grado de protección frente a la diabetes tipo 2.

Prevención desde el plato

Adelantarse a esta patología endocrina es posible a través de unos hábitos de vida saludables y una dieta variada y equilibrada. «La prevención se puede resumir con un par de frases muy sencillas y fáciles de entender: “menos plato y más zapato” y “más mercado y menos supermercado”», aseguran los expertos de la SEEN, quienes confirman que «siguiendo estas sencillas indicaciones es probable que evitemos el sobrepeso y la obesidad, así como las comorbilidades que eso conlleva, entre las cuales se encuentra la diabetes mellitus tipo 2».

Una vez diagnosticada la enfermedad, el objetivo es mantener los niveles de glucemia y de hemoglobina A1c a raya, así como unas correctas cifras de presión arterial y un peso adecuado. «Se trata de individualizar la dieta según las circunstancias (tipo de diabetes, control glucémico, presencia de obesidad, tratamiento farmacológico, edad, etc.) y preferencias de cada paciente. En nuestro medio la dieta mediterránea es un patrón que puede servir como guía», apunta Escalada, quien recuerda que en estos pacientes lo más recomendable es llevar a cabo un patrón dietético de entre tres y cinco comidas al día y realizar un mínimo de actividad física de 2,5 horas a la semana.

Según los especialistas de la SEEN, en la despensa de una persona diabética deben primar «los vegetales (siempre intentando que sean de temporada, procurar que haya variedad de colores en el plato), las frutas (tratando de variar el tipo, y dando prioridad a las de temporada), los cereales enteros (integrales, no refinados) los frutos secos y aumentando la ingesta de pescados, lácteos desnatados, huevos y no abusar de la carne... Y siempre tratando de evitar alimentos procesados, aunque no hay ningún alimento que se tenga que prohibir de una manera rotunda, así como tampoco hay que caer en la creencia de que los «superalimentos» sean la panacea. Lo mejor es seguir la dieta mediterránea o la atlántica».

Dos tazas de café al día mejoran la salud

Tomado de: www.larazon.es

Es una de las bebidas más consumidas del mundo y, quizá por ello, la investigación sobre las consecuencias que tiene en la salud son constantes. Los expertos coinciden en romper el mito de que la cafeína es mala. Al contrario, pues «esta bebida también contiene otras sustancias como polifenoles con efecto antioxidante, que en los últimos años se están estudiando por su potencial efecto para la salud», advierte Juan José López Gómez, miembro del Comité Gestor del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

El aval científico es prolífero. Un estudio de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y el «Imperial College» de Londres publicado en 2017 en la revista «Annals of Internal Medicine» confirma que tomar café «está asociado a un menor riesgo de muerte por cualquier causa, en especial por enfermedades circulatorias y del tracto digestivo». «Este metanálisis muestra que el café parece ser beneficioso en la prevención de algunos cánceres incidentales (no familiares) como el colorrectal, el de próstata, cáncer de mama (especialmente en mujeres postmenopáusicas) y endometrio. Por otra parte, se ha observado una mejoría en enfermedades neurológicas como el párkinson y distintos tipos de deterioros cognitivos (alzhéimer, demencia vascular...), así como una disminución de enfermedades relacionadas con la obesidad, con la incidencia de diabetes mellitus tipo 2 asociada al consumo moderado de café, además de una reducción de la incidencia de esteatosis hepática no alcohólica (hígado graso) y de la incidencia de hepatocarcinoma», afirma López Gómez.

La clave de estos beneficios está en la moderación, y eso se traduce en el consumo diario de entre una y tres tazas al día, sin olvidar que lo ideal es iniciarse en el hábito cafetero «a partir de la pubertad, por la capacidad excitante que tiene y que en algunos casos puede favorecer una menor atención. Además, es importante educar en el consumo de agua», advierte Marta Villarino, miembro del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comuniad de Madrid.

Contraindicación

A pesar de sus beneficios contrastados, «clásicamente se ha recomendado la reducción del consumo de café en personas con hipertensión o riesgo de padecerla, debido al contenido en cafeína del mismo», explica López Gómez, quien recuerda que «se aconseja el descenso del consumo de cafeína durante el embarazo dado el aumento del riesgo bajo peso al nacer, parto prematuro y, ocasionalmente, aborto, así como en enfermedades que puedan aumentar el reflujo gastroesofágico, por el efecto negativo de la cafeína sobre la tonicidad del esfínter esofágico inferior y el aumento del reflujo y de la acidez».

Cuando la cafeína no es buena compañera de viaje, debido a su efecto estimulante, sobre todo a nivel del sistema nervioso central, es necesario consumir café con mayor moderación y optar por la versión descafeinada. «Esta alternativa está indicada en personas con determinadas patologías psiquiátricas, hipertensión, enfermedades cardíacas o enfermedades relacionadas con el reflujo gastroesofágico o la dispepsia», detalla el experto de la SEEN.

Acidez estomacal: 5 remedios caseros que sí funcionan

Por LAURA CAORSI / Tomado de: www.consumer.es

La acidez estomacal, también llamada ardor estomacal o pirosis, es un problema de salud recurrente en nuestro país. Se calcula que la cuarta parte de la población sufre o ha sufrido sus síntomas. Unos síntomas muy desagradables que se caracterizan por la sensación de ardor (una especie de quemazón interior que recorre el aparato digestivo desde el estómago hasta la garganta) y que, además de dolor, pueden provocar lesiones en el esófago cuando no se tratan de manera adecuada. Hay ciertos alimentos y bebidas que la favorecen. En este artículo desvelamos cuáles son y qué hacer para aliviarla.

Existen muchos desencadenantes para un episodio puntual de acidez estomacal. Un pico de estrés, unas copas de más, una comida abundante o un plato demasiado condimentado bastan para poner a prueba nuestro estómago. Estos excesos están entre las causas más frecuentes, junto con la ingesta de ciertos medicamentos (como el ibuprofeno) o etapas concretas de la vida, como el embarazo. Durante la gestación, este ardor es un problema bastante habitual y tiene una explicación muy sencilla: a medida que crece el vientre, aumenta la presión sobre el estómago, lo que favorece el reflujo.

Qué alimentos causan acidez

No todas las personas somos sensibles a los mismos alimentos. Es importante tener esto presente. Con todo, sí que hay algunos alimentos y bebidas que dan más problemas que otros.
  • Preparaciones: los alimentos y platos más grasos (como los fritos, estofados o guisos pesados), las salsas densas o el chocolate retrasan el vaciado gástrico y pueden ser problemáticos.
  • Bebidas: el café, el té, los refrescos carbonatados y el alcohol favorecen la acidez.
  • Frutas, hortalizas, condimentos y especias: el ajo, el pimiento, el vinagre, la pimienta de Cayena y otros picantes causan muchas veces ardor de estómago. También sucede con los cítricos y sus zumos (naranja, pomelo, limón...) y con los tomates y sus salsas.

Remedios caseros para aliviar la acidez: no todo vale

Dado que la acidez estomacal es un problema tan frecuente (y fácil de provocar), también es sencillo encontrar sugerencias de todo tipo para intentar solucionarlo. Ejemplos hay muchos, como beber un té de lechuga, tomar una cucharada de mostaza, masticar semillas de anís, comer una mezcla de piña y papaya o ingerir un zumo de patata cruda, entre otros. Algunas de estas propuestas pueden tener algo de sentido (la papaya y la piña contienen enzimas que facilitan la digestión de la carne), mientras que otras, como la patata cruda, son una idea pésima.

Los siguientes son cinco remedios caseros para aliviar la acidez estomacal que sí funcionan y no suponen ningún riesgo para la salud:

1. No comer justo antes de hacer ejercicio. Saltar, correr, hacer abdominales o adoptar posturas extrañas no favorece la digestión y, en cambio, puede provocar el reflujo ácido y el ardor de estómago. Dar un paseo ligero sí puede ser beneficioso.
2. No comer justo antes de acostarse. Es recomendable darle tiempo al estómago para que haga la digestión, y lo mejor para ello es permanecer sentados o estar de pie. Es decir, mantener el esófago en posición vertical. Los expertos aconsejan cenar ligero y dejar pasar un par de horas entre la cena y el momento en que nos vamos a la cama.
3. Dormir con cierta inclinación. Cuando nos acostamos, nuestro esófago queda en posición horizontal. Si tenemos problemas en la conexión con el estómago y esta se relaja, es más fácil que los jugos gástricos se desplacen. Elevar el cabecero de la cama o el colchón en la zona del torso es bastante útil para evitar la acidez por las noches.
4. Huir de las comidas copiosas. Comer de más, llenarse demasiado o elegir alimentos de difícil digestión está directamente relacionado con la acidez estomacal. Es recomendable optar siempre por recetas saludables, más frugales y moderadas. Si nuestra intención es comer platos grasos, procuremos que sean poco abundantes y hacerlo de manera ocasional.
5. Evitar la ropa muy ajustada en la cintura. Las prendas muy prietas, sobre todo en la zona de la cintura, ejercen presión en el estómago, entorpecen la digestión y pueden propiciar la sensación de acidez.

Estas medidas (muchas de ellas, preventivas) son eficaces para un momento puntual de acidez. Si padecemos de ardor de estómago de manera recurrente, será necesario consultar con el médico para determinar la causa, establecer el mejor tratamiento y evitar lesiones de gravedad en el esófago.

5 de octubre de 2018

¡Ser constantes nos llevará al éxito!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Cuando tenemos un objetivo en mente, ya sea perder peso o ganar peso o ganar músculo o cualquier otra meta, pensamos en lo que debemos comer, en el ejercicio que debemos hacer y tal vez pensamos en lo que nos motiva realmente (no siempre lo hacemos y es importante, no nos quedemos solo con decir: quiero lograrlo). Pero además debemos pensar en algo más: la constancia.

No se trata de hacer las cosas unos días sí y unos días no: una semana hago ejercicio todos los días, y la siguiente no hago nada. O cuido la alimentación de lunes a jueves, pero de viernes a domingo no cumplo lo establecido. 

No podemos esperar los mejores resultados si no hacemos nuestro mejor esfuerzo.

Ahora bien, también pasa que uno quiere ver los resultados rápido. Que después de una semana ya la ropa quede mejor, por ejemplo. Es perfectamente normal ese deseo, a todos nos pasa con cualquier meta: queremos lograrla lo más rápido posible. Pero eso no debe hacer que nos olvidemos de ser realistas ni tampoco debe acelerarnos la frustración.

Porque a veces sucede que como no vemos resultados rápido, entonces decimos: ya mejor no hago nada. Y luego cuando ya pasan unos días, nos sentimos mal de que no estamos logrando la meta, entonces arrancamos de nuevo a ver si ahora sí lo logramos. Les suena conocido?

Ahora bien, hay cosas que podemos hacer para ayudarnos a ser constantes y no abandonar en el intento:
  • Desde el inicio póngase metas realistas: no espere por ejemplo en 1 semana perder el peso que ha ganado en los últimos 5 años, o en cuestión de 15 días ya ver el abdomen y todos los músculos marcados.
  • Divida su meta principal en metas más pequeñas, así va a ir viendo logros cada cierto tiempo, y no va a sentir que tiene que esperar mucho tiempo para ver el avance.
  • Evite la mentalidad de todo o nada: no piense que si un día ya no hizo bien las cosas, entonces ya no vale la pena seguir. O que si en una semana los resultados no fueron los mejores, entonces mejor abandona.
  • Haga un "examen de conciencia" sobre su esfuerzo: a veces decimos "esto no me está dando resultado", y antes de rendirnos pensemos si de verdad hemos dado nuestro máximo esfuerzo. A veces esperamos que las cosas lleguen solas, y no es así. 
  • No se concentre solo en su objetivo principal, amplíe su visión: por ejemplo si quiere perder peso, no piense solo en el número en la balanza. Vea como le queda la ropa, vea si ha reducido su colesterol o sus triglicéridos, valore si ha mejorado su condición física, etc. Todo eso también son resultados.
  • Lleve un registro de estos otros logros adicionales que obtiene, ya que le ayudaran a motivarse cuando sienta que no está obteniendo resultados.
Todas las metas se pueden lograr, pero se hace más largo el camino si lo abandonamos a cada rato. Procure seguir adelante, aunque sea solo un paso por día, pero al final va a llegar a su objetivo.

El truco para perder peso con un diario de alimentación

Tomado de: elcomercio.pe

Si intenta perder peso, llevar un diario de alimentación puede ser un instrumento valioso. Anotar qué y cuánto come puede revelar calorías olvidadas y patrones escondidos que tal vez entorpezcan sus esfuerzos por bajar esos kilos de más.

Si se lo va a comer, anótelo en el diario de alimentación.

“(El diario) es su mejor instrumento”, dice la doctora Karen Grothe, psicóloga de Mayo Clinic. 

“Puede ser tan simple como anotar cuándo come y qué come; aunque, en realidad, un diario de alimentación más completo también incluiría el tamaño de la porción y la cantidad de calorías”.

La doctora Grothe dice que el total de calorías probablemente le sorprenda. “Cuando realmente no medimos ni anotamos lo que comemos, tendemos a subestimarlo en un 50 por ciento”.

Un diario de alimentación puede descubrir ese 50 por ciento adicional y revelar los patrones que producen esos kilos de más.

“Tal vez no consumo suficiente calorías temprano en el día y las reúno todas al final de la tarde, o quizás consumo demasiadas calorías en la cena o después de cenar”, dice la doctora Grothe.

Puede empezar a hacer un lista sencilla con papel y lápiz, o usar alta tecnología con una nueva aplicación. Cualquiera que sea el método, la Grothe dice que intente hacer las anotaciones en el diario lo más cerca posible de las comidas.

“Hágalo al menos 3 días por semana, si intenta perder peso”, dice.

Después de alcanzar su objetivo, de vez en cuando responsabilícese por lo que realmente compone el menú de su vida.

Qué son las grasas trans y por qué deberías eliminarlas de tu dieta


El pasado 15 de septiembre Canadá dio luz verde a una ley que incluye las grasas trans en la llamada Lista de contaminantes y otras sustancias adulterantes, lo que significa que queda prohibida su venta y comercialización, tanto en tiendas como supermercados, bares y restaurantes. De momento, sin embargo, no han sido retirados del mercado todos los productos que contienen este tipo de grasa, ya que los fabricados antes del 15 de septiembre se podrán ir retirando progresivamente durante los próximos dos años.

Pero Canadá no es el primer país que prohíbe las grasas trans, ya que Estados Unidos lo hizo ya en 2015, mediante una ley que determinaba que este tipo de ácidos grasos no podían ser incluidos en los alimentos considerados GRAS (generally recognized as safe). En esta normativa, la FDA (Food and Drug Admnistration) estadounidense daba de plazo a la industria hasta junio de 2018 para retirar por completo cualquier producto con grasas trans.

Canadá es el último país que ha prohibido su venta y distribución
En Europa diversos países han establecido restricciones en la comercialización de este tipo de grasas, como Dinamarca, “que ya en 2003 limitó la cantidad, permitiendo un máximo de 2 g por cada 100 g de producto”, explica la dietista-nutricionista y licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Beatriz Robles. Más tarde, países como Austria, Hungría y Letonia han adoptado medidas similares, mientras que otros como Reino Unido, Bulgaria, Malta, Eslovaquia y Finlandia han establecido recomendaciones al respecto.

Robles señala, sin embargo, que en la Unión Europea sigue existiendo un vacío legal sobre las grasas trans, pese a que diversas organizaciones alertan de que su consumo es ya un problema de salud pública, y que su prohibición podría evitar buena parte de muertes por infarto en los países desarrollados.
En este sentido, el Ministerio de Salud canadiense señala que el ataque al corazón es una de las principales causas de muerte en este país (aproximadamente 50.000 casos en 2012) y que “diversos estudios señalan que el riesgo de infarto se incrementa sustancialmente con un consumo alto de grasas trans”. Para Robles, “en estos momentos las grasas trans son la patata caliente de la regulación alimentaria en Europa”, y pese a que en febrero de este año se produjo “una consulta pública para limitar la ingesta de grasas trans, de momento sigue sin existir una regulación al respecto”.

“No hay que confundir trans con transgénico”, explica la farmacéutica especialista en industria alimentaria Gemma del Caño. “Las grasas trans son grasas insaturadas a las que se introducen átomos de hidrógeno, para que pasen de una textura líquida a sólida a temperatura ambiente”. Con este proceso de hidrogenación, los beneficios de las grasas insaturadas, procedentes de vegetales, desaparecen, y aparecen riesgos para la salud como “el aumento de enfermedades cardiovasculares, sobrepeso, diabetes tipo II, o aumento del colesterol al que llamamos malo”, explica Del Caño.

Las grasas trans son “más manejables, porque son sólidas, de manera que su mantenimiento y conservación son sencillos. Además, son baratas y tienen una palatabilidad que no se consigue con otro tipo de grasas”, concluye la farmacéutica.

La dietista-nutricionista de La Gastronòmica, Clara Antúnez, lo explica de la siguiente manera. “Las grasas no son más que largas cadenas moleculares, y las insaturadas presentan unos enlaces flexibles, fácilmente adaptables, que, dicho de forma sencilla, no se pegan a las arterias”. Las saturadas, por su parte, “son sólidas y se adhieren a las paredes de las arterias”, mientras las grasas trans artificiales, hidrogenadas mediante métodos industriales, presentan “una rigidez máxima, son como un bloque en nuestras arterias, no son orgánicas, de manera que nuestro sistema no está preparado para entenderlas”.

Sin embargo, “son infalibles a la hora de lograr la estabilidad de cualquier producto industrial, además de muy baratas”. Robles, por su parte, añade una diferencia más: las grasas parcialmente hidrogenadas y las totalmente hidrogenadas. “Estas últimas son las más duras de todas, y tienen una consistencia como la cera que no suele interesar a la industria, pero no contienen ácidos grasos trans”.

Las que debemos evitar a toda costa son, pues, las parcialmente hidrogenadas, algo que “por desgracia, muchos consumidores desconocen”. Pese a que cuando hablamos de grasas trans nos solemos referir a las grasas hidrogenadas de forma artificial, presentes sobre todo en la bollería industrial y los alimentos ultraprocesados, no hay que olvidar que “encontramos grasas trans naturales, en menor medida, en algunos lácteos (incluso en la leche materna) y carnes, ya que en los rumiantes este proceso de transformación es intrínseco”, explica Del Caño.

Estas, sin embargo, según una revisión científica de la OMS en 2009, no entrañan peligros para la salud si se consumen de forma moderada, cosa que sí ocurre con las grasas trans artificiales. En este mismo documento, la OMS señala que “el consumo de grasas trans afecta negativamente a múltiples factores de riesgo cardiovascular y contribuye significativamente a aumentar el riesgo de enfermedades coronarias”, explica Robles.

Además, las grasas trans pueden empeorar la resistencia a la insulina, y la OMS recomienda que su consumo sea como máximo el 1% de la ingesta diaria de energía. Además de la bollería industrial, otros productos que contienen ácidos grasos trans son desde las galletas a las salsas industriales, las cremas untables y los procesados y precocinados, como las pizzas. Sin olvidar la margarina, que Antúnez recomienda sustituir siempre por mantequilla.

Para la nutricionista, el problema principal es que “hemos despriorizado el consumo de vegetales”. El consumidor medio, asegura, no asigna a las grasas trans el lugar que merecen en la pirámide nutricional, que es el de consumo esporádico, lo que para ella significa hacerlo como máximo una vez a la semana y siempre en cantidades muy moderadas. “Finalmente, acabamos consumiendo a diario, por un motivo u otro, productos poco saludables, muchos de ellos repletos de grasas trans”.

De hecho, en muchas ocasiones lo hacemos sin ser conscientes de ello, ya que más allá de la ausencia de legislación a nivel europeo, uno de los principales problemas con las grasas trans es que “no es obligatorio incluirlas en el etiquetado, de manera que el consumidor no tiene ni idea de lo que está comiendo”.

¿Cómo reconocerlas? “Cuando un producto tiene muchas grasas saturadas, puedes intuir que una parte de ellas son trans”, explica Antúnez. Robles va más allá. “El etiquetado de los productos presupone al consumidor unos conocimientos de nutrición que no tiene ni debería tener. Es fundamental tener presente que la información nutricional es la única herramienta que tenemos para hacer elecciones saludables, y ahora mismo no tenemos forma de saber si el producto que estamos comprando tiene o no grasas trans, ya que la mayor parte de la población no sabe que cuando un producto incluye grasas parcialmente hidrogenadas en su composición lo que tiene, en realidad, son grasas trans”.

En este sentido, países como Estados Unidos nos llevan mucha ventaja, ya que incluso una vez prohibidas las grasas trans artificiales, la legislación obliga a los productores a etiquetar si contienen grasas trans naturales, de manera que el consumidor disponga de toda la información posible para poder realizar elecciones saludables.

Cómo un humilde repollo puede ponérselo difícil al cáncer

Por EVA SAN MARTÍN / Tomado de: www.consumer.es

La cifra de afectados por cáncer, por desgracia, no para de aumentar. En España, en el año 2020, más de 246.000 personas serán diagnosticadas de cáncer, estima la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Contra algunos detonantes del proceso no podemos protegernos, como es el caso de las alteraciones genéticas, que son hereditarias. Pero en otros casos, sí podemos protegernos mejor contra esta enfermedad. En este caso abordamos cómo pueden ayudarnos determinados vegetales.

Olvídese de las pseudoterapias. Como recuerda el Instituto de Investigación sobre el Cáncer de Reino Unido, dos de cada cinco casos de cáncer podría evitarse siguiendo una vida saludable. Nada ni nadie puede garantizar el riesgo cero. Pero la col, el repollo y el brócoli han probado su eficacia en ponérselo difícil a la enfermedad.

Según un estudio reciente del Francis Crick Institute (Reino Unido), alimentos como las coles de Bruselas, el repollo, la kale (o col rizada), la coliflor o el nabo aportan una protección extra contra el cáncer de colon. Y es un hallazgo muy interesante, pues, de acuerdo con los datos publicados por la REDECAN (Red Española de Registros de Cáncer), el tipo de cáncer más frecuentemente diagnosticado en nuestro país es el de colon y recto.

Así es como la col le ayuda a protegerse contra el cáncer

Los alimentos crucíferos son vegetales del género Brassica, que incluye brócoli, col, coliflor, repollo, col rizada (kale) y col de Bruselas. Aunque los beneficios de las coles son conocidos, el motivo de sus bondades no lo ha sido tanto. Hasta ahora.

El equipo de científicos británico citado ha dado con la clave y afirma haber encontrado los componentes que estos vegetales producen cuando el estómago los digiere y que tienen la capacidad de dificultar el desarrollo de cáncer. En concreto, se han centrado en sus efectos beneficiosos para prevenir el cáncer de colon.

Resulta que, al igual que ocurre con la piel, la superficie del aparato digestivo está en constante renovación, un proceso que puede durar entre cuatro y cinco días. Pero esta regeneración también implica algunos peligros: durante este periodo es más fácil que un agente cancerígeno se adhiera y que con el tiempo provoque un cáncer de colon. Los científicos, que han publicado su trabajo en la revista Immunity, han demostrado que los compuestos naturales contenidos en los vegetales crucíferos son esenciales para proteger al aparato digestivo y ayudar así a prevenir así el cáncer.

No los cocine demasiado y mastique bien los vegetales

Uno de los compuestos más importantes de las coles que se lo ponen complicado al cáncer es un nutriente llamado indole-3-carbinol, que se libera de forma natural cuando se mastica un ramillete de coliflor o una hoja de kale cruda. Este compuesto, además, es más efectivo cuanto más crudo esté. "Si quiere obtener la máxima protección, asegúrese de que no cocinar demasiado estos vegetales", dice la doctora Gitta Stockinger, directora del estudio.

Pero aquí no acaba la tarea del indole-3-carbinol. Los ácidos del estómago también se encargan de modificar su composición química a medida que la col o el repollo siguen su viaje por el aparato digestivo. Pero resulta que es en el intestino donde este compuesto puede cambiar el funcionamiento de las células. Según señala la investigadora, es aquí donde el indole-3-carbinol puede ayudar a regenerar el revestimiento del aparato digestivo, así como de las células protectoras que previenen la inflamación del intestino. Así, puede contribuir a bloquear el daño o impacto de los agentes carcinógenos. Unas propiedades, que reconocen los expertos, se conservan mejor cuanto menos cocinado esté el vegetal.

El trabajo científico sugiere que no solo es el alto contenido en fibra de estos vegetales lo que puede servir para protegerse contra el cáncer de colon, sino que también lo pueden hacer los nutrientes de estas plantas. "Aunque comer no cura el cáncer -asegura la oncóloga Paula Jiménez-Fonseca- sí puede ayudar a prevenir su aparición con la práctica de un estilo de vida saludable". Y esto puede incluir comer más verduras, como coles, repollos y brócoli.

8 maneras de ponérselo difícil al cáncer

El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer coincide con las recomendación de consumir más verdura, entre ellas, las coles y los repollos, para prevenir la enfermedad. Y resume en su tercer informe de expertos (que acaba de publicar) cómo la alimentación y la actividad física pueden influir en los procesos biológicos que sustentan el desarrollo de cáncer.

No obstante, estos expertos recuerdan que hay que contemplar las recomendaciones "anticáncer" como un todo, que tiene utilidad cuando se siguen dentro de un estilo de vida saludable, donde todas las partes suman. Estos son sus consejos:
  • Verduras, frutas, legumbres y cereales integrales deben ser parte importante de su dieta.
  • Reduzca los alimentos procesados ricos en grasas, almidón o en azúcares.
  • Coma menos carne roja y procesados cárnicos (si se pueden eliminar, mejor).
  • Mantenga un peso saludable.
  • Lleve una vida físicamente activa: camine más y permanezca sentado menos tiempo.
  • Tome menos bebidas azucaradas: opte por el agua.
  • Limite el consumo de bebidas alcohólicas.
  • Si puede, practique la lactancia materna: es buena para ambos.